28 de noviembre de 2020, 12:10:35
Los Lunes de El Imparcial

RESEÑA


John Irving: Personas como yo


John Irving: Personas como yo. Traducción de Carlos Milla Soler. Tusquets. Barcelona, 2013. 468 páginas. 22,50 €. Libro electrónico: 15,99 €


La decimocuarta novela del escritor británico John Irving (1942, New Hampshire) se centra en las tribulaciones y andanzas de un joven que trata de comprender y asumir las consecuencias de su identidad sexual. Las memorias de Billy Dean, narradas con ese estilo decimonónico tan característico del autor, nos trasladan a la pequeña localidad estadounidense de First Sister, en el estado de Vermont, que era en los años 50 un universo cerrado y poblado de personajes condenados en muchos casos a representar el papel que los prejuicios y la moral les han asignado durante años.

La metáfora no es casual. El teatro forma parte de la formación y primeras memorias del protagonista. El pueblecito de First Sister cuenta con una larga tradición de afición teatral y cada año son varias las representaciones que se celebran, generalmente de obras de Shakespeare, en las que los mismos vecinos toman parte, incluida la familia de Bill. No es raro que los papeles de mujer sean adjudicados a hombres, generalmente al histriónico Harry Marshall, abuelo de Bill, lo que genera la manifiesta desaprobación de buena parte de los vecinos de la comunidad. El protagonista asiste así no solo a sus primeros contactos con la literatura, que le llevarán pronto a desear fervientemente ser escritor, sino también a descubrir el significado de lo que él llama transformismo y las reacciones adversas que esta idea despierta, aunque se produzca en el marco de la ficción teatral.

Es frecuente que John Irving introduzca en sus novelas la cuestión de la libertad de elección y la tolerancia hacia opciones de vida que suelen contemplarse con incomprensión y cierto desprecio. En sus novelas anteriores, como Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra –por cuya adaptación cinematográfica, Las normas de la casa de la sidra, fue galardonado con un Oscar en el año 2000– asistimos a la misma reivindicación de la libertad para decidir libremente y sin prejuicios, también sobre cuestiones tan controvertidas como el aborto y el derecho a la vida.

En Personas como yo el deseo y la atracción física son los ejes de la vida del protagonista. Conviven en el joven Billy un encaprichamiento adolescente, de tipo sensual e intelectual por la señorita Frost, la misteriosa bibliotecaria del pueblo, con la atracción física y erótica que le inspira Kittredge, el rudo capitán de lucha del colegio en cuya madre encuentra, asimismo, un irresistible potencial erótico. Bill vive su bisexualidad de manera natural, comparte espontáneamente con algunos miembros de su círculo más cercano sus dudas y anhelos y, sobre todo, busca constantemente tanto en la vida como en la literatura personas como él, sujetos cuyos deseos son considerados inconvenientes y, prácticamente, una afección que exige tratamiento.

El protagonista indaga en la naturaleza de sus apetitos y atracciones, pero es consciente de que simultáneamente debe representar un determinado papel en sociedad. Esconder lo que siente y fingir lo que no siente son tareas que, como buen actor, ha de acometer durante mucho tiempo en el escenario de First Sister. Los viajes por Europa, las experiencias con otras personas “como él” y el descubrimiento de sus raíces familiares a partir del encuentro con su padre biológico en Madrid completan la formación intelectual y sexual de un personaje que logra mantener al lector atento a la dinámica narración de sus memorias. Bisexualidad o transexualidad son opciones de compleja aceptación social que Irving acerca al lector en la que se ha catalogado ya como una de las novelas más psicológicas y sexuales del autor.

Por Lorena Valera Villalba
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