16 de noviembre de 2019, 0:15:15
Economía

crónica económica


Cocos soberanos para la crisis de deuda



Los países europeos, y en particular los de la eurozona se lanzaron a acumular deuda pública para contribuir, con ese mayor gasto, a la salida de la crisis financiera que ya se adivinaba. Ya conocemos cuál es el resultado de aquélla política keynesiana: una crisis aún más profunda, con el agravamiento de la deuda pública.

Un reciente informe de Bruegel se plantea que hay dos tipos de problemas: uno cómo reducir el peso de la deuda, y otro cómo hacer que, en una siguiente crisis, la incidencia sea menor.

El autor, Ashoka Mody, señala un aspecto importante, y que no se suele señalar: “La presunción que ha llevado a esta crisis es que el mercado toleraría altos pesos de la deuda en las economías avanzadas, como ha sido el caso de Japón. Pero esta presunción ha sido desmentida para las economías de la zona euro”.

Hay que rebajar esa deuda, está claro. Pero “para hacer una rebaja importante en los ratios de deuda, la austeridad tendrá que ser substancial, y sostenida. De este modo, y sin una perspectiva inmediata de un estímulo de la demanda externa, el crecimiento seguirá siendo persistentemente anémico, con daños para el potencial de crecimiento a largo plazo”. Malas noticias, aunque eso ya lo sabíamos.

Pero luego hay otros problemas que se derivan del diseño del endeudamiento, y que podrían evitarse o aminorarse con una opción distinta. Es el problema de la reestructuración de la deuda. Los Estados europeos la han evitado por razones técnicas, pero también por otros motivos: “El primero es el riesgo al contagio financiero”, pero hay más, como “la premisa de que las economías de la eurozona son institucionalmente fuertes y que, como tales, retomarían el crecimiento con rapidez” o que “los costes del retraso en la restructuración se desestimaron”, y luego fueron visibles en Grecia.

Además, en el momento en el que se atiende el problema de la deuda pública, hay que tener en cuenta que se pueden producir cambios muy bruscos en los tipos de interés. A este respecto, el autor hace su principal propuesta: “Para evitar esos bandazos, es necesario crear un mecanismo creíble de reestructuración de la deuda. El único moco de alcanzar esta credibilidad es por medio de contratos que incluyan una reducción automática del peso de la deuda una vez el ratio de la misma cruce un umbral. Por ejemplo, un contrato especificaría la extensión automática de las duraciones de las amortizaciones cuando el ratio deuda-PIB alcance un umbral acordado. Estos contratos asegurarían la reducción ordenada y a tiempo de la deuda, eliminando las decisiones ex post de reestructurarla, y los retrasos, inducidos por la política, en hacerlo. Esto, además, rebajaría el riesgo de un shock inicial que mute en una crisis de crecimiento, bancaria, y de deuda”.

Los llama “cocos soberanos”, que van “en línea con el requerimiento, cada vez mayor, de que los bancos tengan bonos convertibles en acciones cuando sus ratios de capital caigan por debajo de determinado umbral”.

Esta propuesta es interesante. Al fijar un límite máximo de deuda de alta calidad, por un lado se impone un límite real al endeudamiento, y por otro ese límite no es absoluto, sino que simplemente abre otra opción menos atractiva.
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