17 de septiembre de 2019, 20:54:33
Opinion


Esperanza para el futuro de Mali



Aunque inmerso en una grave crisis con varios frentes, la celebración de elecciones a la presidencia de Mali abre una vía de esperanza para sus habitantes y para que la inestabilidad, la miseria y la violencia dejen paso al desarrollo y a una democracia aceptable. Si bien no se deben echar las campanas al vuelo en unas zonas en las que el sistema democrático y sus valores no están más que en sus comienzos -el entusiasmo ante la primavera árabe se ha convertido en lamentos ante hechos terribles-, hay que destacar positivamente, en primer término, la manera en que se desenvolvieron los comicios, supervisados por más de seis mil observadores nacionales e internacionales. La Unión Europea (UE) los ha calificado de “creíbles y transparentes” y la alta representante del organismo, Catherine Ashton, ha destacado su gran importancia, señalando que buscan restaurar la constitucionalidad en el país africano.
Con el golpe de Estado del 22 de marzo de 2012 que llevó al poder a una Junta Militar, tras derrocar al Gobierno de Amadou Toumani Touré, en Mali se intensificó la violencia y el caos, en medio de una crisis de enorme calibre. Según datos de la ONU, miles y miles de personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares, a causa del conflicto bélico desatado, y el país se dividió en dos partes: una en manos de la Junta Militar, y otra dominada por los rebeldes tuaregs, cuyo progresivo avance fue el pretexto esgrimido por los militares para actuar. Y, por si fuera poco, los integristas islámicos aprovecharon la situación para afianzarse en Malí y tratar de imponer por la fuerza la sharía. En esas circunstancias, con el terrorismo yihadista haciéndose fuerte, la intervención de una coalición franco-maliense supuso un acierto, que hoy ha permitido que los malienses afronten su futuro en las urnas, tras unas negociaciones entre el Movimiento Nacional de Liberación de Azawad y el Gobierno de Transición de Mali.
Sin duda, al nuevo presidente electo, Ibrahim Boubacar Keita, tiene ante sí muchos y complicados retos. El primero y muy urgente reconciliar a un país debilitado por una profunda crisis política y militar. La comunidad internacional habrá de estar atenta para apoyar que los buenos presagios abiertos en las elecciones no se aborten.
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