24 de septiembre de 2019, 11:16:54
Opinion


La moción de censura del PSOE a Rajoy



La moción de censura es, sin duda, un legítimo instrumento del sistema democrático y su empleo un recurso que la oposición puede legítimamente poner en marcha. Pero, precisamente por su propia importancia y trascendencia, no debería utilizarse como una cantinela que grita un eterno “¡que viene el lobo!”. Desde prácticamente el mismo instante en que se destapó el caso Bárcenas, el PSOE ha venido proclamando a los cuatro vientos y de manera continua que no descarta presentar en el Parlamento una moción de censura contra Mariano Rajoy. Sin embargo, pese a que tiene todo el derecho a hacerlo, solo la anuncia y anuncia en lo que más parece un calculado ejercicio de amagar y no dar que una verdadera intención de llevarla a la práctica sin más dilaciones. Máximo cuando, según proclama también a los cuatro vientos, Rajoy y el PP han mentido y cada vez, en lugar de arrojar una mínima explicación creíble, se internan más y más en una maraña de falsedades y excusas.

Por tanto, ¿a qué espera?, ¿por qué no la presenta de una vez y solo marea la perdiz? Es obvio que, dada la actual composición del Parlamento, con la mayoría absoluta del PP, nunca podría obtener el éxito con ella. Pero quizá lo más decisivo es que no tiene tan fácil presentarla, pese a que de cara a la galería la exhiba poco menos que como la solución a todos los males. Sin embargo, este continuo amago más parece indicar los propios problemas de desunión y falta de liderazgo que aquejan al PSOE, con perennes runruneos de inminentes elecciones primarias. ¿Está todo el partido de acuerdo en que sea Alfredo Pérez Rubalcaba, a quien por lógica le correspondería, el que lleve al Congreso esa moción de censura con su debido programa de Gobierno y su propuesta de aspirante a la presidencia del Gobierno?

Así las cosas, más parece que el continuo anuncio de esa moción de censura que el PSOE dice tener encima de la mesa se inscribe en la estrategia de presión y desgaste al Ejecutivo, en la consigna de cobrarse la pieza del Presidente a cualquier precio. Con independencia de que, llegado el caso, Rajoy debe asumir sus responsabilidades políticas, es curioso que en el PSOE no se aprecia el mismo ardor en aclarar sus propios escándalos ni, sobre todo, en poner sobre el tapete un necesario cambio en la actual Ley de Financiación de los Partidos, la madre del cordero de toda la corrupción. Presente y futura -aunque dimita Rajoy-, si no se modifica.
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