12 de diciembre de 2019, 0:32:17
Economía

Crónica económica


La balanza comercial y la competitividad de precios


El Ministerio de Economía ha enviado una nota en la que dice, triunfalmente, que “las exportaciones españolas registran un récord en el primer semestre”. Bien, y las importaciones caen. ¿Cuál es el papel de los precios en este cambio?


Vamos primero con los datos. Las exportaciones durante el primer semestre del año alcanzaron los 118.722 millones de euros, lo que quiere decir que han crecido un 8 por ciento sobre las exportaciones en el mismo período de 2012. Pero los euros no son los mismos; es decir, los precios han crecido un 0,1 por ciento, por lo que en términos reales han crecido un 7,8 por ciento. “Esta cifra”, dice la nota, “supone un registro nunca antes alcanzado en la serie histórica -desde 1971- en un semestre en términos absolutos. Supera en casi 9.000 millones de euros al mejor dato equivalente, correspondiente al primer semestre de 2011, cuando sumaron 110.009 millones de euros”.

Pero no sólo suben las exportaciones, sino que caen las importaciones: un 3,2 por ciento hasta los 124.546 millones de euros. Pero como los precios de las importaciones han caído un 4,3 por ciento, el resultado en términos reales es que han subido un 1,2 por ciento. Así las cosas, el déficit comercial se ha reducido un 68,8 por ciento hasta los 5.824,4 millones de euros, y la tasa de cobertura (el valor de nuestras importaciones que se podría pagar con el valor de nuestras exportaciones), sube 9,8 puntos sobre la del primer semestre de 2012, y se sitúa en el 95,3 por ciento.

Este ajuste es un síntoma de otros ajustes necesarios, aunque dolorosos. España ha apostado, como otros países pertenecientes al euro, por la devaluación interna. Según recoge este informe, “si bien la competitividad en los costes ha mejorado gracias a la reducción en los costes laborales unitarios (CLU) desde 2008, la transmisión de estos a los precios está empezando a surtir efecto”.

En Alemania, la competitividad de costes no ha dejado de mejorar desde 1995, con la excepción del período entre 2002 y 2004. En España, por el contrario, no ha dejado de deteriorarse desde 2002 hasta bien entrado 2009, y sólo entonces ha empezado a mejorar.

La cuestión es la transmisión de estos recortes en los precios de los productos. El informe de Natixis se fija en la competitividad en los precios de la industria y, en particular de las manufacturas, pues “estos productos en cuestión son exportables, directamente, y por tanto están sujetas a una competencia internacional”. Para eso, el banco sigue el deflactor del valor añadido industrial, y el deflactor del valor añadido manufacturero. ¿Qué nos encontramos?

Los precios de los productos industriales, y los de los manufactureros, han seguido creciendo en España. Para un índice de 100 en 2001, los precios industriales se estabilizaron en torno a los 130 puntos de 2008 a 2010, y han vuelto a subir hasta casi 140. En Alemania, sin embargo, se mantienen ligeramente por encima de 110. La situación de los precios manufactureros es la misma.

¿Por qué se ha producido esto? La fórmula de la competitividad por los costes laborales viene de la relación entre lo que se paga por los sueldos y el valor añadido, y ello multiplicado por el precio del valor añadido. La relación entre los sueldos y el valor añadido ha caído. Pero “esto ha sido compensado por un incremento en el segundo componente, el precio del valor añadido, que se ha incrementado de forma continua desde 2009”.

Si medimos la competitividad por los costes laborales como la diferencia entre el sueldo per cápita y la productividad per cápita, este ajuste “se ha logrado principalmente reduciendo el empleo e incrementando el desempleo”, más que reducir los salarios o los precios. El informe señala que “en España, los salarios han seguido incrementándose, (un 5,3 por ciento entre el primer trimestre de 2010 y el cuarto de 2012) en casi todos los sectores (incluyendo la construcción), lo que refleja la rigidez de los salarios”.

Todo ello se acompaña de un incremento de los beneficios sin inversión, y por tanto sin lograr una mejora en los productos “que ayudasen en la competencia internacional”. A pesar de ello, como vemos en los datos de Economía, el desempeño en el sector exterior ha sido bueno en España.
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