16 de septiembre de 2019, 22:16:14
Opinion


CASTIELLA, GIBRALTAR, TRISTAN GAREL-JONES, MARGALLO

Luis María ANSON


Reproducimos a continuación el artículo publicado con este título en el diario El Mundo por Luis María Anson.

“Tristan Garel-Jones es uno de los políticos más inteligentes que he conocido a lo largo de mi dilatada vida profesional. Hombre serio, culto, profundo conocedor de España y su historia. En el Reino Unido lo ha sido todo: diputado, lord del Tesoro, tesorero de la Corte de Su Majestad, ministro de Asuntos Exteriores para Europa. Habla un español perfecto y se distingue por su claridad de ideas y su buena educación. Desde una independencia inalterable, ha propuesto con dos pares que se legalice la Fiesta de los Toros en Gran Bretaña para que asistan a ella los responsables de las sociedades protectoras de animales y se enteren de la verdad. Se declara admirador de Luis Miguel, de Pepe Luis, de Ordóñez, de Paco Camino, de Gregorio Sánchez.

Tuve la suerte hace muchos años de que Tristan Garel-Jones me enseñara el Parlamento británico. Durante un par de horas recorrimos la Cámara de los Comunes, la Cámara de los Lores y las diversas dependencias de un Parlamento que, a diferencia del español, se distingue por su austeridad. Tristan Garel-Jones me dejó las cosas claras. Montesquieu existe en Inglaterra. El Parlamento es independiente del Gobierno y tiene una autoridad indiscutida.

Para entender el problema de Gibraltar -me dijo en aquella ocasión el político británico- hay que partir de la base de que el Parlamento aprobó respetar la voluntad del pueblo gribraltareño. Si los gibraltareños deciden permanecer en su estatus actual, Gran Bretaña los respaldará sin fisuras.

El ministro Castiella tuvo conciencia clara de esa realidad y estableció una política consistente en hacer la vida lo más ingrata posible a los gibraltareños. Era y es el único camino. Si los gibraltareños disfrutan de todos los beneficios no se cuarteará nunca su voluntad de ser lo que son. Si España convierte el Peñón en un lugar inhóspito las cosas podrían cambiar. Castiella no llevó adelante todo lo que pensaba, pero sabía muy bien lo que se debía hacer y me lo explicó detenidamente en una larga conversación que mantuve con él. Era un hombre muy inteligente. Decidió cerrar la verja y proyectó cortar el suministro de agua española, de líneas telefónicas y de electricidad. Tenía pensado trasladar al entorno de Gibraltar las industrias menos salubres de España y absorber la mano de obra marroquí. Su propósito consistía en incomodar hasta el límite la vida de los gibraltareños. El ministro Moratinos cometió el desatino de hacer todo lo contrario. Convirtió al Gobierno del Peñón en interlocutor tripartito y benefició a los gibraltareños con toda clase de prebendas, cerrando los ojos ante el blanqueo de capitales, los delitos fiscales, el contrabando desaforado, los negocios on-line.

El actual ministro principal de Gibraltar, Fabián Picardo, que es un chuleta, se ha dedicado a matonear a España ofendiendo gravemente a nuestra nación mientras los gibraltareños se forran a ganar dinero y disfrutan de sus villas y posesiones en la Costa del Sol y de todas las trapisonderías inimaginables. Se ha hecho, en fin, lo contrario que se debía hacer. El Peñón debe ser una base militar de vida especialmente incómoda. Hoy es un auténtico paraíso. Solo la disciplina militar obligaría a vivir en una base caracterizada por su dureza. Los civiles terminarían por buscar otros lares. Entonces se podría negociar conforme a lo decidido por el Parlamento británico porque, como me explicó claramente Tristan Garel-Jones, nada que contradiga la decisión parlamentaria tendrá viabilidad. El ministro Margallo, que es un peso pesado de la política española, ha entendido muy bien la realidad gribraltareña y ha empezado a tomar las medidas adecuadas. Permanece impávido mientras sobre su cabeza se descargan los bloques de hormigón”.
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