27 de julio de 2021, 0:45:55
Opinión


El desasosiego de una nación

Víctor Morales Lezcano


A partir del martes 13 de agosto, las tensiones internas en Egipto han ido a más, hasta alcanzar el fin de semana de la Ira. Cuando se inició la semana siguiente, el gobierno descubrió del todo su rostro ¿vindicativo?, o como prefieren adjetivarlo millones de egipcios, ¿justiciero? La cúpula militar y policial decidió, en consecuencia, proceder al descabezamiento político de los Hermanos Musulmanes, llevando a cabo la detención de Mohamed Badía -segundo de a bordo en las filas de la cofradía religiosa que fundó en 1928 Hassan al-Banna-; y aunque esta cofradía ha encontrado de inmediato un líder de sustitución (Mahmoud Ezzat), se ha visto de modo diáfano que la rama “errática” del complejo militar y policial actualmente en el poder -luego del golpe del 3 de julio pasado- ha decidido acabar con la dimensión política de los Hermanos Musulmanes, cueste lo que cueste, y cuanto antes mejor. Es cierto que comandos islamistas incontrolados abatieron a dos docenas de policías egipcios destacados en un acuartelamiento del Sinaí, el martes 20 de agosto, dando pie al reforzamiento de la apertura de la causa procesal al ex presidente Morsi, a Mohamed Badía, y a una numerosa plana mayor de los Hermanos Musulmanes, previamente arrestada por inculpación de carácter político -o supuestos delitos de opinión-.
Va por mal camino el otro Egipto, el que con su voto elevó a Morsi a la presidencia del país. Los erradicadores tienen todo a su favor para conseguir sus propósitos en un clima de desasosiego generalizado. Estados Unidos ha decidido suspender la asignación de 1.23 billones de dólares a El Cairo, mientras que la Unión Europea ha optado por “comedir” sus transacciones comerciales con el régimen golpista. Por el contrario, los países del Golfo -con Arabia Saudí a la cabeza- se han comprometido a respaldar financieramente (¡con más de 12 billones de dólares!) a los responsables máximos de un Egipto que se tiñe -día a día- de color post-mubaraquista. Ítem más, el ex presidente Mubarak acaba de ser trasladado a un hospital de El Cairo bajo la figura judicial de arresto domiciliario. En la prisión de Tora permanece, empero, Mohamed Morsi, penando por los cargos que se le imputan de resultas de su ejercicio presidencial. ¿Está la suerte echada de una vez por todas?
Turquía, Catar, el mismo Irán, no cesan de solicitar al Consejo de Seguridad una comisión ad hoc para ventilar en Egipto las responsabilidades correspondientes a los dos meses de sangre, sudor y lágrimas en que está inmersa la nación. Todo Egipto: el país del Nilo, el fulcro histórico de la arabidad, el vulnerable y veleidoso Egipto.

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