13 de junio de 2021, 13:14:13
Opinión


Luz de Mallorca

Norberto Alcover


Más allá de las estupideces de la vida insocial de la isla, Mallorca nos regala en agosto el misterio de la luz, que lleva atrayendo a tantísimos pintores, sobre todo desde el siglo XIX. Y que produce entre los mismos mallorquines, ellos y ellas, multitud de artistas del cromatismo isleño. Pienso en Sureda, por ejemplo, o en mi buen amigo Garau, quienes nunca se dejaron llevar de experiencias contemporáneas llamadas al olvido más estrepitoso. El caso del maestro Barceló es una excepción magnífica por el difícil maridaje entre la deconstrucción de la realidad y su posterior composición absolutamente sabia y bella. Y tantos más venidos del afuera isleño: una auténtica maravilla de la luminosidad, desconocido en ambientes donde debería ser perfectamente conocido.

Pero ahora mismo, y en el Museo Coll Bardolett en el ya citado pueblo de Valldemossa, se exponen las llamadas Obras Blancas, de este artista catalán recogido tiempo y tiempo en el pueblecito mallorquín, conocido por su excelente Cartuja y el año de presencia recoleta de Federico Chopín y su extraña pareja y escritora, George Sand.

Coll Bardolet, por su parte, convierte la luz que le llega de los mismos objetos y paisajes, en algo más, en un punto de transcendencia estética que te hace levantar el vuelo de tanta simplicidad deslumbrante. La referencia al texto pictórico del claustro de la ya citada Cartuja, es inevitable y una de sus mejores telas, dignas de contemplarse minutos y minutos.

Luz en Mallorca. El misterio de lo luminoso. Algo más…
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