17 de noviembre de 2019, 11:12:49
Opinion


Ponce “lehendakari” ¡txapelazo!

Pedro J. Cáceres


Bilbao, el toro. Poniendo a cada uno en su sitio, aunque sea por unos días. Luego ya se sabe: “el sistema” y los tics y tópicos de la prensa y el “cuerpo” de notables de los que se autoproclaman aficionados; por supuesto de “reconocido prestigio”… entre los suyos, cuatro o poco más.

Ha salido el toro todas las tardes, menos una: en el cacareado mano a mano de Juli y Manzanares que pretendía ser el “blanqueo” de una trilogía de filfas que comenzó en Valencia y prosiguió en Huelva.

Y no es que la corrida de El Pilar no tuviera kilos, alzada, largura y su cuajo –aún sin remate- pero no era de Bilbao. “Cantaban” mucho sus caras (sus cabezas) y su juego, noblote y poco fondo, no era ni para el único combatiente en el duelo (El Juli) ni para la escenografía de un Manzanares que hace tiempo va por libre, en todo; algo pasota. En Huelva le hubieran cortado otras 5 orejas y en valencia 3 pero era Bilbao. Manzanares salió “p’al tinte” y a El Juli, sin necesidad, le siguieron cuestionando la PG del día anterior con argumento complementario, como para cargarse de razones de lo excesivo de la misma. No tenían tales razones.

El Juli con la gran corrida de Garcigrande estuvo en su línea, soberbio. De poder, ambición, orgullo torero, de imponer su ley con rotundidad, mando. Cierto que quizá faltara más un parar (toque autoritario) y templar más sutil, menos barroquismo en la composición etc. pero el espadazo como firma de esa contundencia de poder completaba una obra digna del premio.

Ocurrió que –con el intervalo del 3º de Garcigrande, uno de los toros de la feria en el que Talavante anduvo en su línea de apuntar a gran figura por sus condiciones pero sin disparar, con una tauromaquia de frescura hasta hace poco pero que necesita otros toques de innovación- en el 4º llegó Ponce.

El Juli y Ponce
Ponce de Bilbao. Dicen. Ponce de Madrid, Valencia, Barcelona, Sevilla…y del mundo mundial. 24 temporadas le contemplan. Con todos los encastes, todos los compañeros, todas las plazas, puertas grandes, indultos. ¡Hay quien de más!

El de Garcigrande fue bueno, un punto rajado, pero noble –no tonto– y bueno.

Y ante la tauromaquia moderna de necesidad de evidenciar el valor con arrimones y cierta tensión, la tauromaquia de imposición prusiana a cualquier toro, de regañina permanente sea el animal tigre o gatito, Ponce contrapuso la de siempre. Sobar y sobar, construir, ganar la voluntad del animal mediante el conocimiento de todo (altura, distancia, velocidad, terrenos, dosificación, pausas, torería en los espacios muertos), la sutilidad, la elegancia, la exquisitez; torería… de otros tiempos, no muy lejanos.

Por cierto, para todo ello hace falta valor, aunque en estos casos sea imperceptible para el gran público por eclipsarlo la torería total.

Una faena de videoteca. De las que se pueden ver, sin perder un ápice de su grandiosa magnitud, a lo largo del tiempo. Una emoción de sensibilidad torera que no se desgasta por el paso del tiempo, como tantas tan celebradas y cantadas que supusieron un momento puntual, sublime, vivido en directo, pero que luego te dejan dudas sobre lo que viviste tan apasionadamente.

La estocada, de lenta y entregada ejecución, cayó –al parecer– un dedo, de niño chico, a la izquierda del “paralelo Matías” (presidente de la plaza) por lo que la unánime petición de la 2ª oreja no fue atendida dejando secuelas: el cabreo del personal (todos de acuerdo, menos uno), la bronca al cuestionado presidente y la comparación, que además de odiosas son inoportunas, con la faena de Juli y su premio, 40’ antes.

La obra, solo o en compañía de otro, no se había consumado de forma tangible. Quedaba, 48 horas más tarde, la de Alcurrucén, para refrendar o devolver, tal que a El Juli con el mentado mano a mano tras su salida en hombros.

La de Alcurrucén, Bilbao, fue seria –por fuera y por dentro, hasta decir ¡basta! De exigencia al límite.

Ponce cuajó, con su tauromaquia alternativa –ya en desuso, profesionalmente; una belleza de “revival”– a los dos, según sus condiciones.
Pudo cortar tres orejas, pero los aceros, sin demorarse en exceso, salvo el descabello en uno, no fueron aliados.

Sin embargo, fue tarde, el miércoles, en que Ponce se había superado a sí mismo. Sin trofeos, había echado una tarde inolvidable –quizá de las mejores en Bilbao en su dilatada trayectoria, similar a la de la PG de 2008, y posiblemente la feria de su carrera ¡en Bilbao!
Salió de “El Bocho” postulado para Lehendakari ¡txapela! (boina o sombrerazo)

Tarde de toreros con valor y generosidad en la entrega. Por ese sendero andaba el joven Fortes. Su labor proyectaba triunfo. Pero el toro, toro, serio no perdona mala praxis técnica, menos frivolidades o despistes y sobrevino la escalofriante cogida al perderle absurdamente la cara al de Alcurrucén.

Ponce, Perera y Fandiño
Esa tarde del valenciano fue también la tarde de Perera, posiblemente la tarde de la feria.

Disposición, concentración, entrega y buen hacer. Con su valor a prueba de bombas pero sin amontonamientos. Fiel a sí mismo. Pero la gente estaba impactada por lo de Fortes…y lo de Ponce.

Perera estuvo importante en los tres toros. Los mató sin ventajas y con eficacia, menos al 6º, con pinchazo previo.

Era tarde de PG por su labor en el 4º y de reconocimiento por su actuación en conjunto, en los 3 toros. En esta ocasión no se cruzó el palco si no una plaza entre sobrecogida por la gravedad de un encierro de suma exigencia y la verdad desnuda del toreo que a veces atenaza las manos para sacar los pañuelos.

Perera y Fandiño
Restaba el mano a mano de dos de los toreros del año. Ocasión para asimilar lo hecho por Perera.

De por medio llegaba su oponente Fandiño en un cartel recompuesto por la cogida en Huesca de Morante.

Otro corridón, de Bilbao, fue el de Jandilla.

Fandiño estuvo tan de verdad como es él. Valor, sí; pero profundidad también con un 2º muy encastado, pidiendo papeles. Ni una duda, ni un titubeo. Los muslos como muleta. Y un estoconazo certero y letal, a morir o matar. Las dos orejas pedidas por unanimidad se quedaron en una. Nadie sabe por qué menos la presidencia. Solvente con un 5º a menos.

Fue tarde de agradable sorpresa con el buen hacer de Juan del Álamo, pausado y con descaro juvenil para hacer embestir por derecho al noble “jandilla” que hizo 3º y cortarle una oreja. En el 6º las ganas pudieron a la madurez para ver antes un pitón izquierdo de alguna posibilidad.

En tan gran corrida, Padilla no tuvo suerte con su lote, pero se fue de Bilbao como vino: un torero querido por su entrega, variedad y espectáculo aunque supiera era a costa de nada.

Y llegó el día. Algo mosqueada “la peña” por los últimos encierros de Fuente Ymbro a los que dio eco el propio ganadero buscando justificaciones de alimentación y demás.

No fue una buena corrida, todo lo contrario, pero si un digno espectáculo por la garra de Perera y Fandiño, aunque la pobre condición de los toros no permitiera ese mano a mano de rivalidad que todo el mundo espera. Apenas consintieron dos amagos en quites, al principio y al final.
Fandiño con lo menos potable anduvo con más seguridad que soltura. Importante en muchas fases. No devolvió nada. Menos con el orientado 4º, sobrero de Alcurrucén al que nunca le volvió la cara.

Perera tuvo el “mejor lote”. Pero fue, además, corrida desgraciada. Pues el 3º iba camino de lucir el honor del hierro cuando se lesionó. Perera estaba en Perera. El 5º fue gran toro y Perera lo dio todo, tanto que se pasó de faena (era de 2 orejas). Aún estocada deficiente, Perera paseó un trofeo de ley y como en el caso de Ponce ha rematado una feria, corta en “pelos” pero intensa, de figura y de compromiso con el vestido de torear.

Por delante (La Quinta y Escribano) y por detrás (Alberto Aguilar)
Corrida importante fue la de apertura con el hierro de La Quinta. En Santa Coloma pero de Bilbao.

El esfuerzo de Bolívar y el sitio de Pinar les valió una oreja meritoria.

Pero la oreja de fuerza la cobró Manuel Escribano. Espectáculo en los tres tercios. Serio pero locuaz de expresión. Valor acrisolado de corridas duras pero templado y haciendo el toreo.

La estocada, en una feria en la que generalmente se ha matado bien y ha habido estocadas de manual, la de Escribano puede ser la mejor, la de la feria.

Ayer debutaba el hierro de Adelaida Rodríguez y lo hizo sin mucho éxito. Incluso fue tarde, rara avis en Bilbao, de 3 sobreros.

Pero en la línea de un gran ciclo de toros, como ocurriera en la de Fuente Ymbro, quedaron retazos para destacar con el 2º, bueno por el izquierdo y por el derecho el 6º, amén de un toro con excelente condición proyectada que se quebró: el 4º. Y un sobrero de 676 kilos de El Puerto de San Lorenzo que se dejó.

Largo festejo que no aburrido pese a las devoluciones e intermitencias.

Se encargaron de ello la cuadrilla de Castaño, extraordinarios y un Alberto Aguilar crecido, sazonado, con la hierba en la boca. Lástima pinchar tanto en su primero, en el mastodóntico sobrero se sacó la espina con habilidad para cortar una oreja de las de plácet para repetir el año que viene.
Castaño sin suerte y David Mora sin opción en el 3º sí dio un recital de buen gusto y maneras con capote y muleta para estropearlo todo en un espadazo rinconero.

La primera del “palco”
De 10 fue la actuación de Hermoso de Mendoza en la de rejones de aperitivo el pasado sábado.

Un comienzo en frío del público y la declaración de intenciones de la presidencia a principio de ciclo no hicieron justicia a la labor del caballero en su primero. Oreja que supo a poco.

Intentó el personal recompensarle en el sexto, genial, igualmente, pero ahora fue el palco el que impidió, negando esa segunda oreja, que saliera por la PG en lo que había sido su mejor tarde en Bilbao que han sido muchas e históricas para el rejoneo. Hubo ocasión para redondear tarde con oreja en cada toro aun sin salir en hombros. Fue en el 3º, pero la petición mayoritaria no la asimiló el presidente.

Leonardo Hernández, con cuadra nueva por imponderables, aguantó el chaparrón y estuvo a un buen nivel como partenaire de otro mano a mano que nadie pedía.

Colofón
Victorino Martín no falló en el cierre, ni en presentación ni en comportamiento. Cortó una oreja Urdiales, un torero que se transforma y saca lo mejor de sí en Bilbao. Fue en el 2º, naturales de mucha clase. El 5º tuvo complicaciones y solventó con dignidad. Ferrera perdió un trofeo del 4º por asomar la espada y, también, por la lluvia y los paraguas que evitaron que asomasen unos cuantos pañuelos. El Cid no tuvo suerte con su lote en el cierre de una gran Aste Nagusia .
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