16 de septiembre de 2019, 10:42:36
Opinion


Decisión frente a Siria



La situación en Siria está entrando en una espiral cada vez más complicada. Tras dos años de sangrienta guerra civil, en los que Bachar el Assad decidió poco menos que exterminar a una parte de la población, y los rebeldes han ofrecido una resistencia numantina, se ha llegado a un punto tan insoportable como de enrevesado y muy difícil solución. Las sospechas de que el régimen de Damasco utilizaba armas químicas no son de ahora, pero ha sido en estos momentos, después de un ataque al suburbio de Ghuta, que la oposición denunció con ahínco, cuando parece que la comunidad internacional ha reaccionado, manifestando que todo apunta a que las denuncias de los opositores a Al Assad son ciertas. Así, el secretario norteamericano John Kerry ha señalado que todo indica que en ese ataque a Ghuta se emplearon armas químicas, prohibidas por la ONU y juzgadas como armas de destrucción masiva.

Según las últimas informaciones, Estados Unidos tiene todo preparado para una inminente intervención militar en Siria, en la que contaría con el apoyo de sus principales aliados europeos, así como de Turquía y de algunos países árabes. Especialmente, el primer ministro británico David Cameron y el presidente francés François Hollande se han mostrando taxativos en que no se puede seguir sin dar una respuesta contundente al régimen de Al Assad. Parece ser que las acciones militares durarán tres días y se lanzarán misiles contra instalaciones del ejército sirio con el propósito de disuadir de una vez por todas a Al Assad de que emplee armamento químico contra la población.

No obstante, la Administración norteamericana no ha tomado oficialmente la decisión y el Parlamento británico tiene previsto una próxima reunión extraordinaria sobre la cuestión. Mientras, la delegación de la ONU que está en Siria para investigar el uso de armas químicas -y que fue atacada por francotiradores- tiene pendiente otra visita a los lugares donde parece ser que la pasada semana se utilizó el mortífero armamento, y, ante los tambores de guerra, se han desplomado las bolsas en todo el mundo.

Sin duda, la comunidad internacional tiene ante sí una terrible encrucijada, pues de llevarse a cabo la acción militar no podría estar respaldada por la ONU, pues Rusia, aún después de los sucesos en Ghuta, se mantiene en sus trece y volvió a impedir en el Consejo de Seguridad de la ONU -donde tiene derecho de veto- una respuesta común, a la vez que advierte de nefastas consecuencias si se produce una acción armada. Y todo ello, sin olvidar los riesgos que implica una operación militar en una zona tan convulsa. Pero Al Assad ha llegado tan lejos, sin atender a razones, que está legitimada la firme reacción de la comunidad internacional, siendo indispensable que, como él mismo Obama pretende, cuente con los máximos apoyos. Parece casi imprescindible que, cuando menos, se habilite sin más demora una zona de exclusión aérea y, aunque con prudencia, no se soslaye la definitiva decisión de una posible acción militar limitada y selectiva.
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