20 de septiembre de 2019, 3:30:02
Opinion


Rubalcaba sigue a Rajoy en el striptease fiscal



Después de hacerse mucho de rogar, y, según parece, harto de que se lo reclamaran –incluso dentro de su propia formación-, Alfredo Pérez Rubalcaba ha hecho públicas sus Declaraciones de la Renta y Patrimonio desde 2003 hasta 2012. El PSOE ha lanzado a bombo y platillo la buena nueva y ha “colgado” los datos fiscales de su secretario general en la página web del partido. A la vez, se incluye un documento explicativo donde aclara que su patrimonio -que supera el millón de euros- proviene básicamente de la herencia de sus padres. Con este hecho, el señor Rubalcaba se ha sumado a la senda emprendida por Mariano Rajoy, quien, ya el pasado febrero, publicó en la web de La Moncloa sus Declaraciones, entre los mismos años que ahora Pérez Rubalcaba. Y al hacerlo, el PP también proclamó la noticia urbi et orbi con felicidad y alborozo.

Un alborozo que, lo mismo en un caso que en otro, está fuera de lugar, pues, en realidad, este striptease de los dineros del presidente del Gobierno y del líder de la oposición parece sobre todo un juego malabar de hábiles prestidigitadores que sacan de la chistera un bonito ramo de flores –un tanto pornográfico- con intención de deslumbrar al personal. Pero ese ramo de flores, vendido por unos y por otros como transparencia, nada tiene que ver con lo que realmente demandan los ciudadanos. No son los dineros y patrimonios privados de los políticos lo que interesa, sino la transparencia en el dinero público -el de todos los españoles-, que se maneja en instituciones, sindicatos y partidos. Eso es lo que interesa al conjunto de la ciudadanía, en lugar de los dineros privados de cada uno.

Subir a una web las Declaraciones de Renta no es ni mucho menos la panacea. Más bien, a todos nos sonrojan. Ni siquiera un cauterio para la gangrena de la corrupción que tiene su principal base en el actual sistema de financiación de los partidos, no precisamente transparente. Esta es la cuestión que hay que atajar sin demora. Los ramos de flores sacados de la chistera sobran. No deslumbran ni acallan.
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