19 de enero de 2020, 23:31:16
Opinion


Pues a Tokio va su padre

Joaquín Vila



Debe de haber pocas ciudades tan incómodas, atascadas y feas como Tokio. Primero, que es difícil averiguar con quién está uno hablando, pues todos sus ciudadanos parecen iguales. Como las calles, que también son todas igual de espantosas: rascacielos de cristal y atascos por doquier. Aunque los japoneses se ríen de todo, se inclinan ante todos, pero cuidadito que son más listos que el hambre.

Ya se ha demostrado en Buenos Aires. Parecían los invitados de piedra y, al final, se han llevado el gato al agua. Resulta difícil imaginar lo que ocurrirá en las calles de Tokio en 2020. Más que atascadas, estarán paradas, colapsadas, ahumadas. Me temo que los atletas van a llegar tarde a las competiciones salvo que vayan en helicóptero. ¡Qué horror de ciudad!

Pero eso sí. Tienen dinero, se mueven con una habilidad envidiable y saben manejar la diplomacia como nadie. Quizás por eso: porque se ríen constantemente. Que a veces dan ganas de darles una bofetada. ¿Porque, de qué se ríen? Y se inclinan reverencialmente ante el primero que ven. Pero cualquiera asoma la cabeza por allí esos días. No habrá hueco ni para una mosca.

Madrid ha pasado de la euforia a la depresión. Y tampoco es eso. De momento, nos libramos del follón de coches, autocares y musculosos en camiseta que llenarían las calles de nuestra ciudad dando saltitos. Luego, será un alivio verlo tranquilamente por la tele, en lugar de aguantar cortes de tráfico, caravanas, policías por todas las esquinas y mucha banderita y mucha memez.

Y en cuanto a lo de los ingresos, está por ver. Porque para chulos nosotros. Y si a Buenos Aires mandamos a centenares de personas gratis total, incluida a la bellísima Amaia Salamanca, que debe de jugar mucho al tenis con sus amiguetes, en Madrid hubiéramos invitado a medio mundo de la farándula, en los mejores hoteles y a forrarse de langosta. Gratis total, claro. Hasta al simpático Príncipe de Mónaco, que vendría con un Ejército para evitar un atentado de ETA.

No lloremos, que no es para tanto. Madrid seguirá siendo una ciudad infinitamente más bella y agradable que Tokio. Nos ahorramos al aluvión de atletas que se pasarían el día dando carreritas por las calles. Y en cuanto a los beneficios económicos, no deja de ser una incógnita. De momento, Madrid debería de gastarse millones de euros en las infraestructuras que están por construir, como remodelar La Peineta. Y luego, habría que hacer cuentas de lo gastado y lo ingresado. Y los españoles ya sabemos cómo tiramos de cartera, sobre todo cuando paga papá Estado. Pero a Tokio, ni acercarse. Menuda se va a armar. Lo dicho: ni en helicóptero.



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