26 de octubre de 2020, 0:00:58
Opinión


La que ha liado la jueza Alaya

María Cano


No falta mucho para que la RAE (Real Academia Española) admita el término “alaya” como sinónimo de polémica o follón. Cada vez que la jueza Mercedes Alaya levanta un papel o, simplemente, entra en los Juzgados con su figura estilizada y su ausencia de sonrisa, se lía. Hoy ha cometido la osadía (para algunos) de imputar a Manuel Chaves y a José Antonio Griñán, expresidentes de la Junta de Andalucía, así como a cinco exconsejeros en la causa de los ERE fraudulentos. ¡Qué valor!

Pero vamos a ver si nos centramos. Trece páginas tienen la culpa de tanto alboroto, las que componen el auto.

El asunto no es fácil. Tanto Griñán como Chaves son aforados y, por lo tanto, la jueza no puede imputarles. Así lo reconoce ella misma en la página 4, en la que explica que “parece evidente que al amparo del art. 71.2 y 3 de la Constitución, esta proveyente como Juez de Instrucción no puede realizar con respecto a los aforados un juicio formal de imputación o inculpación” pero "sí puede y debe hacer dos cosas: la primera, darles traslado de las actuaciones para que se personen si lo desean" y la segunda, "tras agotar las diligencias de investigación que en su caso pudieran determinar cierto grado de responsabilidad de los aforados, remitir testimonio de la causa al tribunal superior competente".

O dicho de otra manera. Sabe que no le compete pero tiene muy claro que están presuntamente implicados en el caso de los ERE fraudulentos. En concreto, por malversación de fondos y prevaricación, según especifica. Y como lo que quiere es que quede bien claro que para ella deberían ser imputados, lo hace sin hacerlo.

De hecho, mientras escribo estas líneas, la Fiscalía Anticorrupción estudia si el auto de Alaya se ajusta a la jurisprudencia del Tribunal Supremo con el fin de decidir si lo recurren o no. Porque lo que debería haber hecho la jueza, según opinan algunos, es remitir una exposición razonada contra los aforados para que la sala de causas especiales se haga cargo de su instrucción. Pero no lo ha hecho. ¿No se fía? ¿Pretende dejarles en evidencia? Como dice una buena amiga, esta mujer no da puntada sin hilo. Y si no, que se lo pregunten a los otros 116 imputados en la causa (algunos de ellos, pendientes de declarar desde hace más de dos años). A partir de hoy, ya suman 123. Aunque parece quienes se han dado tanta prisa en poner en entredicho la actuación de la jueza pueden no tener razón, ya que fuentes jurídicas consultadas por la que suscribe han confirmado a este periódico que Alaya puede terminar la instrucción del caso antes de dejar la causa en manos del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía o del Tribunal Supremo. Eso sí, informando primero a los aforados implicados en la misma, que es justo lo que acaba de hacer. Y recordemos que lo ha hecho poco después de que le meta prisa la Audiencia de Sevilla con este asunto. Así que a pesar del ruido y del "intoxica que algo queda", parece que pasada la tormenta inicial desatada en los medios todo cuadra...

Aunque la respuesta en las redes sociales no se ha hecho esperar y, apenas minutos después de que se supiera la noticia, rebosaban comentarios de todo tipo, algunos de ellos vergonzosos y hasta insultantes. ¿No se trata de enjuiciar a los malos? Me refiero a los que matan, a los que roban o a los que, por ejemplo, se enriquecen presuntamente a costa del dinero de los contribuyentes, de los parados, de los pensionistas... Pues a ello. Si la jueza que tantos quebraderos de cabeza está dando a media España tiene razón y ha hecho bien las cosas, se verá y si no, se le castigará como ha ocurrido con otros jueces. Dejemos que la Justicia siga haciendo su trabajo sin más retrasos, ni obstáculos y sin actuaciones estelares y, en algunos casos, melodramáticas. La sobreactuación ya no está de moda y los Oscar, por si alguno aún no se ha enterado, los dan al otro lado del océano y no a políticos, aunque más de uno se ha ganado ya vitrina entera.

Y luego ya, si quieren, a los postres debatimos con un relaxing café con leche sobre Alaya, sobre el Supremo o sobre la Ley de Enjuiciamiento. De momento, no hemos pasado del aperitivo, o sea, de la instrucción. Así que enfunden sus lenguas y sus plumas, guarden silencio y cuando tengamos un veredicto (de unos u otra)… entonces, sí. Desaten su dialéctica. Más análisis y, por favor, más prudencia.
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