6 de diciembre de 2019, 15:24:15
Opinion


¿Es la deuda, el fracaso de Rajoy?



Mariano Rajoy tiene un discurso político muy lato. Ha renunciado a expresar o siquiera asumir un discurso que se refiera a cómo debe ser una sociedad sana y próspera, solidaria y libre. Su apego a la continuidad de España está en grado de presunción. Y su visión sobre cuál debe ser el papel de España en el mundo no está menos desdibujada. Pero Mariano Rajoy ha hablado mucho, aunque prácticamente de una sola cosa: la economía y, en particular, el empleo por un lado, y el déficit público y, por extensión, la deuda, por otro.

Rajoy ha renunciado a ser un gran presidente, por cuanto ha dejado de lado cuestiones de gran importancia que, quiéralo él o no, están sobre la mesa. Como el camino soberanista orquestado por parte de la clase política catalana: ni siquiera ha desmontado la falacia del “derecho a decidir” –como predican los nacionalistas- en lugar de exponer el verdadero debate, cual es el sujeto de soberanía. Pero todavía podría ser un presidente exitoso si al menos cumple con los términos que él ha fijado para su presidencia. De nuevo, el empleo y el crecimiento de la deuda.

Por lo que se refiere al primero, no cabe duda de que el éxito no ha llegado. Pero hay que reconocerle al Gobierno que al menos ha llevado a término una reforma laboral que, aunque incompleta, parca y tímida, al menos ha mejorado significativamente la regulación anterior, y sus positivos efectos, escasos, comienzan a verse.

En referencia a la deuda, el resultado es desolador. En referencia a la diferencia entre lo que ingresa el Estado y lo que gasta, a pesar de la Ley de Estabilidad Presupuestaria, de las escasas medidas de ajuste de gasto y del aumento de los impuestos, el déficit se resiste a corregirse significativamente. Y la deuda, lo hemos sabido este viernes, crece de forma desbocada. La previsión del gobierno para todo el año era del 91,6 por ciento, y en los seis primeros ha superado ya el 92 por ciento.

Tanto el paro como el déficit público y la deuda tienen una evolución lenta en comparación con los tiempos del juego político, por lo que es difícil pensar que a finales de 2015, Mariano Rajoy vaya a poder presentarse con datos halagüeños. No, a no ser que cambie su parsimonioso estilo de reformas, lo que posible, pero improbable que haga.
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