12 de diciembre de 2019, 10:21:16
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análisis de la crisis en egipto


La caída de Mursi da nuevos bríos al discurso antidemócrata del yihadismo


Los grupos yihadistas de la península del Sinaí utilizan la destitución del presidente de Egipto, el islamista Mohamed Mursi, como un argumento para reforzar su rechazo a la democracia y denunciar que las nuevas autoridades combaten el islam.


Estas acusaciones, difundidas por grupos como Ansar Beit al Maqdis (Seguidores de la Casa de Jerusalén), han ido acompañadas de un aumento de sus ataques, que ya no se limitan al Sinaí, sino que la semana pasada golpearon el corazón de El Cairo, al intentar asesinar con un coche bomba al ministro de Interior, Mohamed Ibrahim.

La acción fue reivindicada en un comunicado por Ansar Beit al Maqdis, que explicó que de esa forma pretendía vengar la matanza de partidarios de Mursi durante las protestas que se produjeron tras el golpe del pasado 3 de julio.

El grupo, que tiene su base en el Sinaí junto una decena de facciones similares, agregó que su objetivo es imponer el islam a través de "la yihad y la convicción", y recalcó su rechazo a la democracia porque, a su juicio, es un tipo de politeísmo que se contradice con el monoteísmo del islam.

"La democracia es un ídolo hecho de dátiles. Si quienes lo crearon sienten hambre, se lo comen", señaló Ansar Beit al Maqdis, que agregó que ya había advertido en varias ocasiones a los musulmanes de que no sigan la vía democrática.

Pero ellos no han sido los únicos que han aprovechado la fallida experiencia democrática en Egipto para recordar que este sistema político no es compatible con los principios del islam más rigorista.

Con un vocabulario muy similar al empleado por Ansar Beit al Maqdis, el líder de Al Qaeda, el egipcio Ayman al Zawahiri, instó en un discurso difundido a principios de agosto a las corrientes islamistas en Egipto a emplear la violencia en lugar de participar en el proceso político.

El dirigente terrorista dijo, en su reacción al golpe de Estado en Egipto, que "los laicos crearon el ídolo de dátiles de la democracia y luego se lo comieron al derrocar a Mursi, y olvidaron así la democracia, las elecciones y todos los mitos que emplean para engañar a los ingenuos".

El origen de esa descripción proviene de que una gran parte de los árabes de La Meca, anteriores al surgimiento del islam en el siglo VII, eran paganos y, según la tradición, adoraban, entre otros, a ídolos creados con dátiles.

Los grupos islamistas radicales rechazan la democracia porque piensan que quien reina en la tierra es Alá (Dios) y no los pueblos, y piden así que se aplique la "sharía" (la ley divina), estipulada en el Corán, en lugar del derecho positivo.

En declaraciones a Efe, el expresidente del partido Construcción y Desarrollo -brazo político del grupo radical Gamaa Islamiya-, Nasr Abdesalam, calificó la actual represión contra políticos islamistas en Egipto como "muy peligrosa", ya que, a su juicio, alimenta la violencia.

La Gamaa Islamiya, responsable de numerosos atentados terroristas en la década de 1990 hasta que renunció a la violencia en 2003, se desvinculó del atentado del pasado jueves e insistió en que su opción por la vía pacifica es definitiva.

Abdesalam consideró que la visión antidemócrata de los movimientos yihadistas es "muy extremista", y señaló que su grupo ve en la democracia un mecanismo de gestión modificable para adecuarlo al islam, porque en esa religión no existe un modelo fijo de Gobierno.

La analista de asuntos militares Iman Ragab, del influyente Centro Al Ahram de Estudios Políticos y Estratégicos, también opina que la escalada de la violencia en el Sinaí es una reacción a la caída de Mursi.

Ragab señaló a Efe que "pese a la diferencia ideológica entre la Hermandad y los yihadistas, unen su actuación cuando ven un enemigo común", aunque descartó que existan lazos orgánicos entre esos movimientos.

Sin embargo, el analista en el mismo centro de estudios Mohamed Aiz al Arab discrepa de esa opinión y desvincula la destitución de Mursi del aumento de ataques terroristas.

Para Aiz al Arab, ese fenómeno tiene más que ver con la liberación, durante el mandato de Mursi, de presos yihadistas, con el descontrol en las fronteras, y con el ambiente global en la región, en referencia a la guerra siria, a la caída de Gadafi en Libia y a la situación en Gaza.

Añadió que son los islamistas quienes utilizan mal la democracia, porque, en su opinión, la aprovechan para llegar al poder, como lo hicieron los Hermanos Musulmanes, y luego intentan dominar el Estado y monopolizar la riqueza.

Mientras los yihadistas se aferran a la violencia y al rechazo a la democracia, refuerzan de esa forma el argumento que las actuales autoridades egipcias, tuteladas por el Ejército, utilizan para aplastarlos, alejando así una solución política al margen de la militar, como ya ocurrió con la Gamaa Islamiya.
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