23 de septiembre de 2021, 21:35:29
Los Lunes de El Imparcial

RESEÑA


Marta Sanz: Daniela Astor y la caja negra


Marta Sanz: Daniela Astor y la caja negra. Anagrama. Barcelona, 2013. 267 páginas. 16, 90 €. Libro electrónico: 12,34 €


“Tenemos doce años y nuestros sueños son una auténtica mierda” apunta con contundencia la narradora de Daniela Astor y la caja negra, última novela de la escritora madrileña Marta Sanz. ¿Cuáles son esos sueños para que le despierten esa rotunda descalificación?

Catalina Hernández Griñán es una adolescente flacucha, que saca muy buenas notas. Con su mejor amiga, Angélica Bigur, se encierra en su habitación, la “leonera”, para jugar a algo muy especial, donde su previsible existencia de jovencitas de clase media se suplanta por un mundo ilusorio y seductor, protagonizado por efímeras estrellas del star system español, con su puntito de cutre, de los años de la Transición. En ese cuarto, Catalina es Daniela Astor y Angélica se trasmuta en Gloria Adriano, dos glamurosas, cosmopolitas y adineradas actrices, que pasean sus encantos por películas, platós televisivos y revistas del papel couché. Como hacían figuras reales de la época –Amparo Muñoz, María José Cantudo, Susana Estrada, Bárbara Rey…- en ese carrusel de destape, fantaterror y vanidades, con apariencia de deslumbrante oro pero que más bien escondía simple chatarra.

Ha pasado mucho tiempo y Catalina, cercana a la cincuentena, recuerda y evoca ese momento: “A mis casi cincuenta años, no me puedo permitir un relato nebuloso de la niñez. Ésta es una historia sobre el adulto que todos llevamos dentro y también sobre la niña que se ha quedado dentro de mí”. Así, una parte de la novela la forma esa rememoración, en primera persona, a cargo de una Catalina ya adulta que vuelve sus ojos al pasado, y nos cuenta esos sueños, no precisamente enriquecedores, a la vez que conocemos también a su familia, sobre todo a su madre, Sonia Griñán, enfermera en un consultorio de odontología, que se verá abocada a tomar una drástica decisión que cambiará su vida. La otra parte, esa “caja negra”, la compone un “documental”, en el que se recogen noticias, anécdotas, entrevistas -la novela termina con una entrevista a Bárbara Rey en un programa del corazón-, relativas principalmente al ámbito del espectáculo durante la Transición y que se produjeron realmente, como ese célebre encuentro entre el alcalde de Madrid, Enrique Tierno Galván, y Susana Estrada, en el que la actriz enseña un seno, y que adquirió carácter simbólico.

La estructura en esas dos partes es tan oportuna como coherente, al entrelazarse lo personal y lo colectivo para ofrecernos una panorámica completa. Somos testigos privilegiados de la transición individual de Catalina hacia su condición de adulta y de la transición de un país que acaba de recobrar su libertad. Uno de los muchos aciertos de la novela es haber conseguido esa doble visión, junto a que Catalina sea un personaje único –como debe ser en toda creación literaria-, pero a la vez pueda resultar un paradigma de muchas otras adolescentes de la época, a las que se “vendía” un nocivo modelo de mujer so capa de una supuesta liberación.

Tras Black, black, black y Un buen detective no se casa jamás , títulos precedentes a su nueva propuesta, en los que da una inteligente vuelta de tuerca a la novela policiaca y concibe al singular detective Arturo Zarco, Marta Sanz cambia ahora de registro, enlazando más con una de sus anteriores novelas, La lección de anatomía. Aunque, como en todos los auténticos creadores, se mantiene fiel a una cosmovisión propia y a unas preocupaciones en las que sabe implicarnos, y al “registro” de la buena y exigente literatura.

Con Daniela y la caja negra, Marta Sanz vuelve a mostrarse como una de las voces más sólidas de nuestra actual narrativa, desde que saltó a la palestra literaria con El frío . Paralelamente, ha desarrollado una sugerente labor como poeta, ámbito en el cual ha publicado Perra mentirosa y Hardcore (aparecidos conjuntamente en Bartleby), y este jueves 26 presenta en Función Lenguaje. Centro de Literatura Aplicada de Madrid -donde imparte clases- su tercer poemario Vintage.

Por Carmen R. Santos


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