18 de agosto de 2019, 4:36:41
Opinion


Unos Presupuestos Generales del Estado que pasan por la mínima



El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, presentaba ayer en el Congreso unos Presupuestos Generales del Estado -PGE- que a buen seguro focalizarán una parte importante de la vida política en las próximas semanas. No es para menos. Más que ninguna otra vez, Bruselas va a fiscalizar esta vez las cuentas públicas españolas con lupa; algo, por lo demás, positivo en lo que a estar alerta se refiere.

Casualmente, también ayer se hacían públicos los resultados del informe que la troika había elaborado sobre el rescate a España. Dichos resultados son altamente esperanzadores, pues sitúan al país en la buena dirección, aunque advierten que no puede bajarse el pistón en las reformas: una advertencia muy necesaria para un gobierno que parece falto de aliento y determinación.

Esto último ha de tenerse muy presente. Más del 65 por ciento de los PGE se destinará íntegramente a pagar pensiones, subsidios de desempleo e intereses de la deuda -si bien en este aspecto la bajada de la prima de riesgo puede ser suponer un alivio a tener en cuenta-. El resto de partidas, pues, habrán de regirse por unos criterios de austeridad presupuestaria cuya rigidez no puede ser negociable. Tanto la lucha contra el déficit como el ritmo de reformas emprendido deben seguir siendo prioritarios, pero debe prepararse el terreno para una bajada de impuestos, reduciendo el gasto improductivo; cfrs: recortando burocracia y suprimiendo empresas públicas deficitarias. De ello depende en gran medida que estos PGE sean los del inicio de la recuperación o un nuevo paso atrás.
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