12 de diciembre de 2019, 18:06:30
Opinion


De los recortes en Educación

Martín-Miguel Rubio Esteban


Recortar el Presupuesto en Educación Nacional es aumentar automáticamente el déficit público, porque no se ha descubierto nada más suntuoso y derrochador que la barbarie. El estudio de la Historia de la Barbarie confirma esta verdad, y su ilimitada suntuosidad gestiona siempre la miseria. En “La Democracia en América” Alexis de Tocqueville relacionaba la distribución de la educación pública con la distribución de la riqueza nacional: así como un rico ocioso flota sobre las espaldas de muchos pobres trabajadores ( en cuanto que los bienes son siempre finitos ), la existencia de maquinaria formadora de “sabios” presupone el abandono de las masas a la ignorancia. “No es únicamente en las fortunas donde en general hay más igualdad en América que en Europa: la igualdad se extiende, hasta cierto punto, a las inteligencias mismas. No creo que exista país en el mundo donde, en proporción, se encuentren menos ignorantes ni menos sabios que en América”. Y es que así como la dictadura y la barbarie son muy compatibles con la existencia de grandes sabios, la Democracia y las sociedades civilizadas son imposibles en un pueblo de ignorantes.

Somos, los hombres, el ser de conocimiento reflexivo y formalmente generalizador o captador de realidad por conceptos – nos recuerda el gran metafísico Agustín Andreu -, un ser de ir preguntando, respondiendo y aplicando, todo un escolar “naturaliter”, que se ha ido desarrollando mucho por fuera y complicando su vida por dentro y por fuera, porque es un ser cuyo dentro lleva lo de fuera y cuyo fuera refleja en su ordenación y marcha el pensamiento humano. Eso es lo que esencialmente, es decir, en realidad de verdad, somos: seres metafísicamente creados por la educación, valores adquiridos. El hombre se educa o se maleduca. Su ser no puede andar en el limbo pedagógico. No invertir dinero en educación – público o privado: ésa ya es otra historia – impide el desenvolvimiento del interior del hombre, y lo animaliza en el peor sentido del término. Es casi mejor tener malos caminos con baches ( el exotismo español secular de Don Próspero Merimée ) que obturar el camino que accede a la educación y al espíritu libre y grande.

Otra cosa es los que confunden la Educación con la catequesis de distintas ideologías políticas o credos religiosos. Los que aprovechan la Administración Educativa para imponer sus siempre sectarias mundivisiones políticas. Contra ellos todos los recortes. La Educación Nacional no está para sustituir lo que se enseña en las sedes de los partidos políticos a sus juventudes. Y la religión de la Educación Nacional estará enfocada para entender la gran cultura mayoritaria ( y si es posible las minoritarias ) fundamentada en grandes creencias comunes. ¿Cómo entender, por ejemplo, el Romancero Gitano, de Lorca, sin conocer quién era Santa Olalla, Thamar, Amnón, San José, San Gabriel, San Rafael o San Miguel? Y ya no digo nada de nuestra Literatura del Siglo de Oro, impregnada por completo de cultura religiosa ( católica-erasmista y católica-tridentina ).

Me gustaría creer que los formados ciudadanos que usan las camisetas verdes sólo tengan el noble afán de fortalecer y engrandecer la escuela pública, única institución que puede garantizar una España con futuro, y no sea una cosa de competencia ideológica entre los que estuvieron y los que ahora están. Porque la escuela es un templo de la ciencia en donde se busca la verdad fehaciente, y no una fábrica que produce ciudadanos-militantes. Amemos con pasión la escuela pública en su sentido metafísico, y no como instrumento político. Porque como diría Antonio Gil de Zárate: “La escuela pública es para todos”.
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