26 de enero de 2022, 17:26:06
Opinión


La tragedia de Lampedusa



El naufragio de una embarcación a finales de la pasada semana en la isla de Lampedusa se saldó con la muerte de cientos de personas y la desaparición de otras tantas, poniendo así de relieve el enorme drama de la inmigración ilegal. Mucho se ha hablado sobre la actitud de las autoridades de la zona y de algunos pesqueros, acusados de cierta pasividad. En su defensa, la alcaldesa de la localidad italiana apelaba a la ley “Bossi-Fini” vigente desde 2002, y que tipifica como delito de complicidad con la inmigración ilegal a todo aquel que introduzca en suelo italiano a inmigrantes sin permiso de entrada; caso de los que asisten a las pateras naufragadas o en riesgo de hundimiento. Una ley –conviene remacharlo- de muy dudoso fundamento jurídico según el derecho internacional.

Más allá de la coercitividad de un determinado corpus legislativo, es un hecho que la amenaza de multas o expulsiones fulminantes no disuaden a los norteafricanos que se juegan la vida con el mar y las mafias en busca de un futuro mejor. Tampoco es un problema eminentemente local. Italia, España y Malta son quienes viven de manera más acuciante toda esta situación, pero sus consecuencias se extienden al resto de la Unión Europea. El problema, pues, compete a los 27, y no admite más dilación. Tragedias como la de Lampedusda no pueden volver a repetirse.
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