3 de abril de 2020, 19:20:44
Opinion


Los trapos sucios de los sindicatos

María Cano


No puedo evitar recordar a quien pueda interesar que entre 2007 y 2009 los sindicatos se llevaron, sólo en subvenciones del Estado, unos 500 millones de euros. Y eso que sólo un 12 por ciento de los trabajadores españoles se ha afiliado. A esta cantidad habría que sumar lo que recibieron a través de comunidades autónomas y ayuntamientos.

Pues no debe de parecerles suficiente a los mandamases de estos chiringuitos, por llamarles algo, cuando se han dedicado a engordar facturas y, con ellas, un bote en el que han amasado una considerable cifra. Y no sólo eso, es que además han financiado con fondos destinados a otros fines comilonas, autobuses y otros gastos que han sido camuflados bajo conceptos falsos en dichas facturas.

Para que nos quede claro: que lo de que se lucraron con los ERE no fue un hecho aislado, como prueban los documentos publicados este lunes por El Mundo.

Y pese a todo, tenemos que tragarnos el sapo de ver a Cándido Méndez con todo su cuajo este domingo afirmar que no ha habido irregularidades y que "las cuestiones que se pueden presentar como irregularidades estoy completamente convencido que se podrán acreditar que no son tales".

Pues a ver cómo acredita que la factura con el proveedor Asesores de Viajes S.L. cuyo concepto es “Presentación del libro El umbral y la búsqueda” sirvió para financiar el acto que se describe y no para pagar 23 autobuses y microbuses para asistir a una comida organizada y pagada por el sindicato en Jaén con motivo del Día de la Mujer Trabajadora a la que acudieron 1.600 mujeres.

Menos defender al trabajador y emplear hasta el último euro de sus fondos a los fines presuntamente prefijados para ello, estos individuos son expertos en paralizar las calles cada vez que les viene en gana, aunque suele coincidir con cierto partido político en el poder, a pesar del perjuicio económico y de imagen de cara al exterior que esto supone para el país. Cargados de banderitas, globos, pegatinas y panfletos (¿en eso se gastan el dinero?), recorren unas callen atiborradas de indignados a los que sin saberlo les birlan no sólo sus euros sino también su dignidad. Como Pujol Jr. con sus silbatos para pitar al Rey y al himno de España. Otro… En eso se gastan el dinero algunos mientras otros estiran y comparten un yogur o una pera y no huelen ni en sueños una mariscada de esas que se meten algunos entre pecho y espalda.

¿Qué más hace falta para que el sinfín de sinvergüenzas que nos roban en cada esquina, partido o sindicato deje de chupar la poca sangre que les queda a los trabajadores? Aunque tampoco hay que irse tan lejos, si tiene usted la suerte de estar en activo sólo tiene que mirar a su alrededor y echar la cuenta de los ‘apoltronados’ que viven del cuento en su oficina o comercio. Es una cuestión de estadística, están por todas partes. Y, al igual que los sindicatos, además suelen ser los que más ruido hacen… ¿Tendrán alma de sindicalistas?

La tengan o no sólo nos queda, llegados a este punto, una salida: reaccionar con contundencia y no permitir que los responsables de estos atropellos se vayan de rositas. Y cerrarles el grifo. Que se autofinancien. ¿Lo votamos?
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