26 de agosto de 2019, 2:17:02
Economía

El Gobierno estudia congelar de nuevo el suelo salarial


¿Son los 645 euros de salario mínimo una barrera de entrada al mercado de trabajo?


El Gobierno plantea congelar de nuevo el salario mínimo interprofesional, en los 645 euros, para 2014. Se trata de una referencia con larga raigambre en la economía española que, sin embargo chirría, en primer lugar por las diferencias que existen frente a otros países del entorno, y que sigue siendo motivo de enconadas discusiones entre los llamados agentes sociales. Países donde los salarios son de media más altos que en España carecen de un salario mínimo. En otros países del entorno, es sustancialmente más alto. Algunos economistas abogan por eliminarlo y otros, por bajarlo. Todo ello, en pleno debate por la devaluación interna a la que está sometida la economía española, es decir, al ajuste por la vía del salario y no por la vía de los despidos. Pero, ¿cómo influye en la creación de empleo el salario mínimo interprofesional? ¿Se crearía más empleo si se suprimiera, o se bajara, como abogan los empresarios? ¿O se trata de una variante que no influye en la contratación?


Ejemplos hay, fuera de las fronteras, para todos los gustos. Sorprende que países con un salario mínimo interprofesional de casi el triple que el español, como Francia, no tengan un problema tan grave de desempleo como el que existe en España, a pesar de que no se puede contratar a nadie por debajo de los 1.450 euros. Otros ejemplos de países con salarios mínimos altos, comparados con el español, son Reino Unido -1.189 euros- o Irlanda -1.477 euros-.

Lo que ha quedado patente esta semana es que el salario mínimo interprofesional español va a permanecer en el entorno de los 645 euros. Se trata de un nuevo ejemplo de las decisiones políticas que se están tomando, para adecuar la maltrecha economía resultante de la explosión de la burbuja inmobiliaria española a la realidad laboral de los españoles de a pie, en una devaluación interna que promete continuar.

La medida ya ha sido criticada por los sindicatos, que consideran que acentuaría las desigualdades entre la evolución de las rentas del trabajo y las rentas empresariales. Los empresarios, por su parte, ya pidieron la bajada del salario mínimo interprofesional, para crear empleo.

“Como todo en la vida, tiene ventajas e inconvenientes”, afirma el presidente del Consejo General de los Colegios de Economistas, Valentí Pich, a este diario. Considera que la economía tiene sus propias dinámicas, y que nos encontramos ante un mercado cada vez más exigente. E invita a tomar en cuenta las particularidades españolas. Nos encontramos ante un país, donde hay un paro “anquilosado” del 26%, el doble de la media europea, con un tejido empresarial compuesto de muy pocas multinacionales y muchas micropymes, muchas de ellas del sector servicios y asociadas a la productividad, en el que el salario neto y el coste que supone cada trabajador a la empresa difieren. Ante, esta realidad invita al realismo y no a las proclamas huecas: “Más vale trabajar poco que no trabajar”, afirma.

Conocida es la postura del liberalismo económico, que aboga por suprimir el salario mínimo interprofesional. También es la postura del Gobernador del Banco de España. Lo cierto es que no se usa en economías avanzadas como Alemania, Suecia, Noruega, Finlandia o Italia, cuyos salarios y renta per cápita son mayores que en España. El catedrático de Economía aplicada, Juan Iranzo, asegura a este diario, que, en este momento, es lógico que se congele el salario mínimo interprofesional, dentro de la lógica de una devaluación interna, y de ajuste por la vía de los salarios.

Sin embargo, Iranzo, sí aboga al menos teóricamente por suprimir este indicador, que supone, en su opinión “una barrera de entrada a los menos cualificados”. Es también la postura del economista Álvaro Lodares, partidario de eliminar este suelo salarial que, dice, “manda a un número muy importante de personas fuera del mercado laboral”. “Alemania no tiene y no le va precisamente mal”, sentencia.

Por su parte, Valentí Pich, se muestra contrario a suprimir el salario mínimo, por tratarse de “una figura muy consolidada”, que “puede evitar abusos”, aunque invita a ver el problema desde “una mentalidad abierta”, en un “momento de emergencia” de la economía.
“Es preferible trabajar dos horas al día a no trabajar”, razona. Lo asocial, dice, es tener una tasa de paro tan alta.

Así pues, tras tantos años, en los que han pasado gobierno de distinto signo político, y en los que los agentes sociales se han confrontado en diversas ocasiones, el salario mínimo interprofesional ha llegado a los 645 euros. No parece razonable suspirar por el suelo salarial de, por ejemplo, Luxemburgo, donde nadie cobra menos de 1.874 euros por ley. Y menos en plena devaluación interna. Habrá que mirar, más bien, a países como Portugal, donde este suelo es de 565 euros, o a Grecia, donde es de 683 euros.
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