19 de octubre de 2019, 22:12:47
Deportes

¿renovación en la selección española?


Quien quiera ir al Mundial de Brasil que juegue ahora o calle para siempre


La batalla por entrar en la lista de Vicente del Bosque para competir en Brasil 2014 con la selección española adquiere, a estas alturas, un ardor notable, sobre todo en la delantera. El renqueante estado físico de Torres y Villa abren el abanico de opciones ya que, en principio, solo Pedro tiene la plaza asegurada. La irrupción de Diego Costa, la pugna en segunda fila entre Negredo y Soldado y la vía accesoria que encabeza Michu configuran una lucha que cuenta este viernes con su primer envite.


Luis Aragonés emprendió la redefinición de la concepción de la selección española tras el fiasco en el Mundial de Alemania. Todavía con el escozor instalado en el alma tras sufrir la ardua derrota ante el último equipo galo que lideró Zindedine Zidane, “Zapatones” se propuso transformar el combinado nacional en un equipo. Para lograr el cambio, diseño el núcleo central de su vestuario como una pieza innegociable, y, a partir de ahí, las nuevas incorporaciones vendrían a suponer las últimas páginas de una obra casi terminada. Ya no habría lugar para la tradicional metamorfosis de España tras un par de derrotas. A partir de entonces, la selección nacional jugaría a un estilo de fútbol definido, identitario, que sobreviviría al paso del tiempo. El bloque establecido solo permitía la renovación a través de la búsqueda de un perfil de futbolista concreto, arrinconando la preponderancia del estado de forma coyuntural de futbolistas que no encajaban con la idea de juego coral. De este modo, las puertas de la selección quedaron cerradas para nombres como Guti, Raúl, José Antonio Reyes o Joaquín.

Vicente del Bosque recogió el testigo y apuntaló la renovación generacional afianzando la filosofía de la posesión del balón, construyendo su selección campeona del mundo usando como base la acumulación de jugadores notables que comparten vestuario en su club, el Barcelona, como ya hiciera la Alemania de Beckembauer con el Bayern o la Italia de Zoff con la Juventus. Pero, el seleccionador actual decidió aportar su sello aliñando el modelo con vías alternativas a la técnica y el gusto por la combinación fluida que poblaba el centro del campo y la delantera. De este modo llegaron a la histórica España de la presente década especialistas de rango diverso, como Jesús Navas o Fernando Llorente. Dos rara avis para desenredar los partidos toscos, en los que la brillantez española se diluye en horizontalidad ante zagas muy nutridas y ordenadas. Los cuartos de final del Sudáfrica 2010, el partido ante Croacia en la pasada Eurocopa y le revolución del sevillano en la final del Mundial ante Holanda son testimonio del acierto en el retoque que rompe la ortodoxia del tiki-taka.



El particular todos contra todos que representa la pugna de los puntas nacionales por lograr una plaza en la lista de convocados para Brasil 2014 nace, precisamente, de esa ventana accesoria que Del Bosque abrió. Sin embargo, en el libreto del seleccionador no siempre funciona la meritocracia -dentro del rigor del modelo-.

“Queremos traer a los que se merecen pero hay que mantener un grupo estable” dijo en ex entrenador del Real Madrid en enero. Ese condicionante de estabilidad es el que, por ejemplo, ha otorgado la titularidad a un anquilosado -por falta de competitividad- Iker Casillas en detrimento de la mejor versión de Víctor Valdés. Del Bosque es consciente de las jerarquías de este deporte y no contempla romperlas en pos de apuestas riesgosas. A los emblemas es mejor tenerlos en el campo que hirviendo en el banquillo. Su defensa del simbolismo de los mitos tapona el crecimiento en responsabilidad de los jóvenes valores, sobre todo, en la línea ofensiva. De este modo, el renqueante estado de forma de Fernando Torres y David Villa -dos iconos del irreverente ascenso a la gloria de la selección que completaron ya sus mejores etapas de rendimiento goleador- ha de complicarse en grado sumo para imaginar, al menos a uno de ellos, fuera del Mundial.


Sin embargo, esta postura de fiel reconocimiento a los nombres importantes ha cedido un espacio considerable al aire fresco y hambriento de los goleadores del presente y el medio plazo gracias, de manera principal, a un jugador: Diego Costa. La posibilidad de convocar al brasileño de 25 años -pichichi de la Liga BBVA con más tantos que Falcao a estas alturas de calendario- ha removido la seguridad en la que se manejaban todos los aspirantes que han vestido la roja hasta la fecha. Porque todo hacer presagiar que el único delantero con billete de avión y habitación de hotel para el Mundial asegurado es el revolucionario Pedro Rodríguez. Los demás se han despertado de su cómoda situación de favorito para encontrarse en un estadio cercano a la ansiedad. De hecho, ningún analista puede aventurar que Torres y Villa ocuparán las otras dos plazas en la lista definitiva, ni siquiera argumentando el rol de la jerarquía.

Queda mucho trabajo para los mencionados y una labor denodada para los eternos candidatos, Soldado y Negredo. Sus goles en la Liga BBVA no les concedieron un lugar fijo en las llamadas del seleccionador y redoblaron su apuesta por brillar en la Premier League, en dos equipos que, sobre el papel, se adaptan bien a la idea de estos rematadores: desatar una tormenta de centros al área para encontrar sus remates. Pero la adaptación al elevado ritmo de juego del football inglés está mermando sus opciones y, aunque su rendimiento no merce un suspenso, a siete meses de la convocatoria definitiva se encuentran en plena contrarreloj para convencer al seleccionador. Situación similar sufre Fernando Llorente, a quien su año en blanco por rebeldía para con su entrenador y su presidente ha dañado seriamente su reputación de desatascador labrada en Sudáfrica. La elección de la Juventus y el exigente calcio no se antoja como la mejor opción para sorprender al seleccionador con un registro arrollador de goles. De momento, no es titular y no se atisba la posibilidad de arrebatar el puesto a la garra de Tévez y la puntería de Quagliarella. La escasa vehemencia con la que el entrenador ha escogido a estos atacantes cuando había alguna baja de los primeros espadas y la búsqueda de soluciones, como crear y aplicar el falso nueve en la figura de Cesc Fábregas, emana un aroma a desconfianza hacia los delanteros mencionados.


La vía abierta por Diego Costa, por su parte, no solo aporta picante a esta batalla por la disputa del Mundial, sino que anuncia los primeros síntomas de la renovación de los nombres que defenderán a España en el medio-corto plazo, ante la mella que el inexorable paso del tiempo ejecuta sobre el rendimiento físico de Villa y Torres. El arranque de temporada y su despliegue en el ejercicio pasado convierte al delantero colchonero en una opción preferencial. Incluso, las trabas que Brasil trata de interponer para que la Fifa no acepte la posibilidad de permitirle jugar con la selección española añaden valor a su más que posible llamada nacional. Ninguno de los futuribles partícipes de Brasil 2014 disfruta de la exhuberancia física, eficacia rematadora y actitud guerrera de Costa. No resulta descabellado, si mantiene su ritmo anotador con coherencia a lo apuntado hasta la fecha, que desembarque en la selección española para ser titular. No hay aficionado que no se frote las manos imaginando a Diego mordiendo a cualquier pareja de centrales del mundo en pos de arrancar un remate, un pase, un rebote o un gol.

El simbolismo de esta guerra por pescar el talento, la potencia y el hambre de gloria de Diego Costa ha significado, de manera definida, la apertura del foco en lo relativo a los jugadores a considerar para esa regeneración a abordar más temprano que tarde. Del Bosque ha apostado al fin por Michu, un punta del corte del carioca que se ha granjeado un nombre destacado en Inglaterra a base de goles y calidad en la punta del alegre e irrespetuoso Swansea de Laudrup. A pesar de su gris escalada hacia el éxito, el seleccionador no había considerado su presencia en el vestuario español hasta ahora. La batalla por ocupar los dos lugares “vacantes” en la terna puntas del combinado nacional ha adquirido un cariz interesante. Nadie queda excluido de la lucha y, salvo Pedro, nadie parte con la seguridad deseada. Da la impresión que Villa, Torres, Llorente, Negredo, Soldado, Diego Costa y Michu son solo algunos de los nombres que sonarán toda vez que la competencia parece liberada de los condicionantes de la estabilidad pregonada por Del Bosque para el conjunto del equipo. La línea ofensiva ha quedado exenta y esta decisión parece que solo va a tener un beneficiado: el colectivo.
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