28 de septiembre de 2021, 10:09:34
Opinión


"Todos contra España"

José Manuel Cuenca Toribio


En días de crisis y decadencias tal título semeja invocar los manes quevedescos y trae al recuerdo las invectivas del portentoso escritor –quizá, convencionalismos y estereotipos aparte, el más grande de nuestra gran literatura- contra los enemigos de su bienamada patria.

Pero no hay tal. El sentimiento y afecto por uno de los países de mayor legado cultural entre todos los registrados por la historia son muchos, dentro y fuera de su hermoso y contrastado territorio. No por ello, sin embargo, se detecta en la actualidad un fenómeno insólito en su sociedad. Nunca hasta los tiempos presentes se reclutaron en todas y cada una de sus diversas regiones–comunidades o autonomías en el lenguaje constitucional- grupos de mayor o menor entidad detractores de su identidad y partidarios de su desaparición. Dentro de dichos sectores es bien sabido que los más importantes y nutridos pertenecen a Euzkadi y Catalunya. Los fueros de la actualidad - tan legítimos, desde luego- requieren que el cronista –catalanófilo de fe antigua e indestructible (y a prueba de tentaciones)- consagre hoy sus hebdomadarios renglones a aventar algunas memorias barcelonesas en relación con las jornadas historiográficas que en este otoño se dedicarán en la Ciudad Condal a tema tan alhacariento como reluctante: “España contra Catalunya”.

Justamente–casi día a día- ha 46 años que el articulista conociera al inspirador y organizador del mencionado ciclo, investido a la fecha de una alta función institucional en el organigrama superior del Gobern de la Genetralitat y por dichas calendas flamante Dr. en Historia a la husma de colocación. En la terraza de uno de los decimonónicos cafés emplazados en la Gran Vía de las Corts y muy cercano al edificio principal de la por entonces denominada Universidad Central de Cataluña –muy pronto se abrogaría denominación tan jacobina y tosca-, se adunó entre ambos una conversación espontánea y más sincera y larga de lo que cabría esperar de tan reciente contacto. Los ecos y secuelas de la “Capuchinada” aún no se habían extinguido y la entrada in media res de la cuestión universitaria se hizo inmediata. A tono con la filiación familiar –su padre era un muy prestigioso catedrático de instituto y especialista destacado en la Baja Edad Media del Principado y del resto de la Península (así como de las Illes…)-, la postura mantenida por el que también, tiempo adelante, habría de ser notorio estudioso de la época antecitada, fue moderada en punto al eterno pleito entre su solar natal y “Castilla”. Alentado quizá por el asentamiento de su colocutor respecto a algunas de sus afirmaciones, llegaría incluso a descalificar a ciertos de los protagonistas de la virulencia “anti-madrileña” que, encubierta o no por el rechazo a la dictadura, se propagaba a ojos vistas por claustros y aulas.

Años después, y tras no infrecuentes conversaciones ya más al desgaire en la Facultad de Filosofía y Letras o en los despachos y pasillos de La Vanguardia Española de D. Carlos Godó, sempiterno procurador franquista, el personaje en cuestión, sabedor de longue date de su estrecho discipulado con D. Jesús Pabón, estrechó lazos de camaradería burocrática con el cronista. Designado el historiador sevillano, a su requerimiento, presidente de sus oposiciones a la cátedra de Hª de Cataluña de una de las Universidades de Barcelona, sus muchos conocimientos en tan vasta materia le fueron, descolladamente, reconocidos, muy en primer término por el autor de Cambó, probablemente la biografía política de más alto gálibo de las letras hispanas. La exultación del lado del ya maduro medievalista fue grande y la expresión del agradecimiento a Pabón también. Avatares del destino hicieron que el articulista charlara posteriormente con su idolatrado maestro acerca del lance referido. Naturalmente, debido sobre todo a su ausencia, aquél no va a traer aquí el contenido de su entrevista. Hombre integérrimo, D. Jesús no modificó en privado el juicio que profesionalmente le merecía el hodierno promotor del seminario ya citado. Su opinión se extendió sobre otros aspectos de su biografía y talante, así como igualmente acerca de su papel en el futuro de la convivencia entre Cataluña y el resto de España que el quería apasionadamente enmarcar en un horizonte de permanente fecundidad y entendimiento.
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