31 de mayo de 2020, 2:41:04
Sociedad

PREMIO MADRID+D


El exoesqueleto biónico ‘low-cost’ español, en marcha pero afectado por los recortes

Laura Crespo

La pasada semana se concedió el premio Madrid+d a la mejor idea empresarial de base tecnológica al exoesqueleto biónico desarrollado por el Centro de Automática y Robótica. Este dispositivo ayuda a andar a personas con parálisis total y parcial en las piernas y se diferencia de otros productos de similares que ya están en el mercado en que va dirigido al sector infantil, hasta ahora desprovisto de cobertura en este aspecto, y en que el equipo investigador ha conseguido reducir al mínimo los costes y el margen comercial para ofrecerlo a un precio mucho más asequible. Aunque ya se planea la comercialización del primer prototipo, la investigación sobre un modelo más eficaz y avanzado se está viendo afectada por los recortes en el sector del I+D+i español.


Investigadores del Centro de Automática y Robótica, centro mixto del CSIC y de la Universidad Politécnica de Madrid, recogieron la pasada semana el premio Madrid+d a la Mejor idea empresarial de base tecnológica por el desarrollo de un exoesqueleto biónico que dota de movilidad a personas con parálisis en las piernas y cuya comercialización está dando sus primeros pasos pese al hostil clima económico.

Un exoesqueleto biónico es un dispositivo ortésico motorizado que se coloca en paralelo a las piernas del paciente, con articulaciones en la misma posición y el mismo eje que las de éste. Mediante un sistema de motores, el robot asiste el movimiento de las piernas en personas con parálisis o movilidad reducida asistido por un joystick en el primer caso o, en el segundo, por un amplificador del movimiento.

“Podemos decir que el usuario se viste con el exoesqueleto, como si fueran unos pantalones, pero en una estructura rígida abierta”, explica a este periódico la investigadora que ha liderado el proyecto, Elena García, quien aclara que el dispositivo “reproduce el movimiento natural de la marcha humana”, por lo que “controlando adecuadamente el movimiento de los motores podemos conseguir que la persona se ponga de pie y camine”.

Después de tres años de trabajo y un primer prototipo testado con éxito en una niña tetrapléjica de nueve años, la investigación se enfoca ahora a la aplicación real, a la transferencia hacia la sociedad mediante su comercialización, en un contexto trabado por la dificultad de financiación actual en general y la escasez de presupuesto para el I+D+i español en particular, que está lastrando el plan inicial de desarrollo y mejora de este modelo básico.

Precio competitivo y orientación pediátrica
Actualmente existen en el mercado tres exoesqueletos a disposición de las personas con movilidad reducida. Sin embargo, el dispositivo del equipo de García ha logrado el reconocimiento de la Dirección General de Universidades e Investigación de la Consejería de Educación a través del premio Madrid+d por la innovación que supone en dos aspectos fundamentales: dirigirse a niños y situarse en una franja de precios más asequible que los hasta ahora comercializados.

Tal y como destaca la investigadora principal, el exoesqueleto tiene una doble función. Por un lado, las más obvia, permite andar a personas con parálisis, dotándolas de una mayor autonomía y de importantes beneficios psicológicos. En segundo lugar, pero no menos importante, estos dispositivos son una herramienta de rehabilitación constante y, por tanto, más eficaz que acudir periódicamente a fisioterapia, para pacientes con enfermedades degenerativas que afecten a la movilidad. Según García, “la rehabilitación de las articulaciones y de los músculos, moviéndolos de forma activa, en algunos casos puede mejorar la esperanza de estas personas hasta en un 50 por ciento”.

Es este segundo enfoque del prototipo el que, “aconsejados por especialistas médicos”, ha definido finalmente el target del exoesqueleto: los niños. “Cuando una personas lleva cuarenta años postrado en una silla de ruedas, ha perdido ya todo el rango articular, tiene luxación de cadera y la columna es una ese. Por mucho que tengamos un dispositivo que lo pueda poner a andar, no va a poder estirar las piernas ni ponerse de pie”, lamenta García. En caso de enfermedades degenerativas “hay que aplicarlo cuanto antes, cuando la dolencia empieza a aparecer, que puede ser a los dos o tres años en muchos casos”, explica.

Además, los exoesqueletos que actualmente se comercializan sólo asisten a pacientes adultos, por lo que los casos de paraplejia o tetraplejia por lesión medular en niños no disponen de cobertura en el mercado.

Según los cálculos del equipo del CSIC y la UPM, este primer modelo de su exoesqueleto podría sacarse al mercado por debajo de los 40.000 euros, una tercera parte del precio de los actuales sistemas disponibles, que cuestan entorno a 130.000 euros.

“Estamos haciendo un gran esfuerzo, dejando el margen comercial al mínimo, tratando de cubrir costes y poco más”, asegura García, quien explica que esa es su “política”: poner “al servicio de la sociedad un producto resultante de un trabajo de investigación”.

No necesitamos esta empresa para vivir porque tenemos nuestro trabajo, lo que queremos es sacarlo a la calle para ponerlo al servicio de las personas que lo necesitan”, manifiesta.

Investigación privada
La empresa a la que se refiere García es Marsi Bionics, constituida hace apenas un mes como paso lógico para comercializar un producto, pero también como salvaguarda de una investigación que no dan por concluida y que, de depender exclusivamente de la convocatoria pública, quedaría condenada al bloqueo.

A pesar de que ya tienen un prototipo funcional, testado satisfactoriamente en una niña tetrapléjica de nueve años que sufrió un accidente con apenas uno y, por tanto, nunca había andado, este modelo tiene algunas limitaciones. El robot sólo es capaz de moverse hacia delante y hacia atrás, sentarse y levantarse y necesita la asistencia de un andador, una especie de marco que sujeta el exoesqueleto en el plano lateral y evita que se venza hacia los lados.

García explica que la investigación continúa para diseñar “un algoritmo capaz de controlar la estabilidad completa, hacia delante y hacia atrás y para cualquiera de los lados, de forma que podamos eliminar el andador”. Sin embargo, la que hubiera sido la progresión “natural” del proyecto se ha visto afectada por la delicada situación económica en la que se encuentra el sector del I+D español en general y del CSIC en particular.

El diseño del exoesqueleto arrancó en 2010 y en diciembre se terminan los tres años que estaban programados para el proyecto. “De momento no ha habido más convocatorias así que lo más probable es que tengamos un año en blanco”, lamenta la investigadora para aclarar que “esto supone, no una pausa, sino una ruptura por completo” al no contar con el dinero necesario para seguir contratando a los miembros del equipo.

En una situación normal, la convocatoria del Plan Nacional hubiera salido hace ahora un año y, tras terminar la primera fase del proyecto en diciembre, enlazarían con la siguiente en enero y la prolongarían durante otros tres años. Sin embargo, “hasta que no haya nuevas convocatorias para investigación, el segundo prototipo tendremos que desarrollarlo desde la empresa”, explica García, quien enfatiza en la importancia actual de los proyectos empresariales de este tipo que “no son sólo comercialización”, sino que “incluyen desde el principio una línea importante de investigación”. De torcerse la vía empresarial, dice, sería “un auténtico desastre porque todo lo que hemos conseguido se iría a la basura”.

Dos modelos
De momento, los cálculos del equipo cifran las necesidades de la empresa en la línea de salida en unos 400.000 euros, una cantidad que están buscando tanto en el capital público, a través de entidades dependientes del Ministerio de Industria que gestionan ayudas a emprendedores, como en el capital privado que ofrecen empresas de capital riesgo.

La investigadora del CSIC explica que se encuentran en un “proceso semilla, buscando un socio inversor para reunir el capital suficiente que permita poner en marcha el proyecto”. García argumenta que muchas familias con niños con parálisis “no tienen un nivel adquisitivo como para pagar por adelantado el coste total de la fabricación” del producto, por lo que es necesario ese esfuerzo inversor inicial.



Además, el propósito del equipo es empezar a comercializar el primer prototipo más básico puesto que la puesta a punto del modelo avanzado, con el doble motores y una funcionalidad más completa, subirá el precio del producto.

“Teniendo en cuenta el coste de la versión perfeccionada y que va a ser difícil conseguir desde el principio ayudas para subvencionar este tipo de dispositivos, creemos que es interesante el primer modelo, aunque no sea óptimo, pero puede ayudar mucho a los pacientes en casa”, señala García.

Además, la investigadora apuesta por un esfuerzo en dos direcciones: “mejorar, por un lado, las prestaciones a base de invertir en investigación, que es lo que sabemos hacer, y al mismo tiempo, tratar de reducir costes para que sea realmente un producto accesible”.
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