15 de noviembre de 2019, 21:38:42
Opinion


Retos y novedades en la Iberoamericana de Panamá

Marcos Marín Amezcua


Nuevamente Panamá es la sede de la Cumbre Iberoamericana. No solamente se trata de que sea el escenario idóneo para una feliz estancia ni menos aún, se trata una cumbre más. Panamá ha aprovechado estupendamente empatar el V Centenario del descubrimiento del Océano Pacífico organizando este encuentro que ha venido magnífico para empezar a sentar bases claras acerca de qué se quiere de ellos para un futuro cercano.

La Iberoamericana de Panamá puede ser un estupendo parteaguas en las relaciones iberoamericanas y, si es particularmente sensible a la dinámica prevaleciente y capaz de establecer una agenda común como que sí existen temas comunes, deberá apostar a concretar su integración decidida; mas si apuesta a concretar el proyecto de la bienalidad para celebrar estas asambleas, algo que tanto se clama para revitalizarlas, Iberoamérica deberá de acudir a ellas con algo concreto y fructífero.

Me sigo oponiendo a que se difieran a cada dos años, siguiendo el modelo de las reuniones de la Mancomunidad Británica, pues considero que merecería entonces que la región se comprometiera más a avalar acuerdos serios, concretos y la promoción de todo cuanto considere tendente a eliminar la desigualdad que aqueja a todos, absolutamente a toda la lista de países asistentes, ya que la oportunidad sería cada dos años y no hay garantías de que se impulsarán compromisos serios. Siempre que se persista en espaciar los encuentros. Insisto: ¿queremos ser y queremos sentirnos iberoamericanos o no? dense pues, pasos firmes y no solo discursos. Si la respuesta es un ‘sí’, entonces que se note en serio.

El encuentro en Panamá ha sido la primera reunión sin Hugo Chávez –pese a la acusada ausencia que huele a boicot, después de todo– de países gobernados por la izquierda. Semejante conducta, de ser verdadera, solo reflejaría su ceguera y no otra cosa, si bien seríamos injustos en tasar a todos los mandatarios ausentes por igual y olvidarnos de la inasistencia chilena, por citar un ejemplo, o de las razones de salud de los jefes de estado de Argentina y España.

Sin embargo, no veo la sombra chavista porque con su ausencia se desarticuló el liderazgo mesiánico que intentaba imponer (pues como no deseaba competidores, no dejó herederos [a menos que algún despistado se tome en serio al inmaduro de Maduro]). Nadie en la región ha mostrado pretensiones intervencionistas y eso los priva de seguir semejante andadura tan perniciosa para las relaciones regionales. Se acabaron los discursos incendiarios y los manotazos con patente de exclusiva.

Con todo, no me lo crea pero sí considero que se respira un aire de tranquilidad y de ánimo constructivo para atender asuntos verdaderamente importantes, antes que ocuparse de las fanfarronadas del finado caudillo venezolano que pudo ser otra cosa sin duda, pero que prefirió el caudillaje bobalicón tornándolo como lo que fue: un sujeto grotesco, intervencionista y dictatorial. La región en los meses transcurridos desde su deceso, ha dejado atrás esas bravuconadas que conducían a nada y sigue su marcha. Y en efecto, lo escribo desde México, un país con el que Chávez no pudo y mucho me congratula, que no es óbice para destacar que precisamente ahora sin ese liderazgo, los países afectos a él parecen preocupados por todo lo que jamás debieron descuidar en vez de rendirle patética pleitesía.

Se detecta también un cambio firme del discurso del jefe de gobierno español Mariano Rajoy acerca del papel que España ha de jugar en la región iberoamericana, con cierta bohonomía, con un talante más afable, apartado de una retórica europeizada, ensoberbecida, que le oímos a otros gobiernos del PP cuando eran años de bonanza; ahora más invitante, va reconocedor de las limitantes que prevalecen y agradecido con Iberoamérica por el apoyo brindado a su país –se comprende que de varias maneras– en el trance por el que ha atravesado.

No es fácil saber en qué terminará el tema de las cuotas de financiación –considere usted que España aporta el 60 % de la financiación de la Secretaría General Iberoamericana y es de esperar un justo reajuste– ni el intento sagaz de empalmar los escabrosos asuntos de Gibraltar y Malvinas; pero si todos los caminos conducen a Londres, no menos cierto es que el status de ambos temas es harto distinto, incluso en su origen, no obstante que involucren a la misma potencia. Y hay que celebrar la presencia de Paraguay tras el injusto boicot de sus vecinos que en plano ingerencista, desconocieron al gobierno paraguayo en 2012.

Ahora la cita a verificarse en Veracruz en 2014 plantea cerrar un ciclo iniciado en Guadalajara en 1991. Veracruz, como antes Cádiz o Panamá, empata el acontecimiento con otras importantes fechas. Así, en Veracruz se efectuará la conmemoración del centenario de la invasión perpetrada por los Estados Unidos al puerto que es puerta de México, acaecida en 1914 al amparo de la política del Gran Garrote –que existió justamente por la desunión de las repúblicas hispanoamericanas– y que un siglo después le responde como sede de esta importante reunión y como sede de los Juegos Centroamericanos y del Caribe que se realizarán en tan emblemático sitio. Veremos si Peña Nieto –cuya política exterior ha sido duramente criticada en el Senado mexicano como agachona y por carecer de rumbo claro y preciso, en la misma semana en que acudió a Panamá– es capaz de congregar a todos los jefes de estado y de gobierno iberoamericanos. El desafío es enorme si se quiere relanzar a esta institución diplomática, de manera que solo resta saber qué instrumentará para conseguirlo. Quedo expectante.
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es