8 de diciembre de 2019, 2:19:23
Economía

Crónica económica


Un nuevo intento de Greenspan de justificarse


El ex gobernador de la Reserva Federal ya intentó justificarse, tras su salida, y ahora vuelve a intentarlo, con peores argumentos, y de nuevo sin éxito. Un fracaso histórico, el suyo, y moral.


Lo que Alan Greenspan dijo en su momento es que China había inundado el mercado de bienes baratos, lo cual compensó la inflación orquestada por los bancos centrales, rebajando los precios de lo que, de otro modo sería una inflación desbocada. Ese episodio en el que China anegó de bienes baratos al mundo llevó al error de apreciación por parte de los bancos centrales, incluyendo él, que no vieron la medida de la inflación y, por tanto, del peligro.

Ese análisis era parcialmente honesto, porque reconocía parcialmente su responsabilidad. Pero Greenspan ha huido de parcialidades, pero eso no quiere decir que haya aceptado su responsabilidad por completo, sino todo lo contrario, que rechaza por completo su responsabilidad. Él no hizo nunca nada malo. Fueron los demás, todos los demás, los consumidores, los bancos, él jamás se equivocó, y lo que hay que explicarse es cómo ni él ni el resto de economistas fueron capaces de ver lo mal que se estaba comportando la gente.

Es difícil dar con una pieza tan falta de honradez intelectual como la que ha publicado ForeignAffairs, firmada por Alan Greenspan, y titulada Neversawitcoming, (Nunca lo vimos venir). Comienza por decir que “los métodos tradicionales de previsión de la evolución macroeconómica, los modelos econométricos que están enraizados en el trabajo de John Maynard Keynes, han fallado cuando más se los necesitaba”, ante la venida de una grave crisis. Y pone varios ejemplos, como los de la Fed, el FMI, JP Morgan o la revista socialdemócrata TheEconomist.

¿Por qué erraron? En este punto pone el foco en el comportamiento de la gente. Estamos locos. No actuamos como deberíamos. “Durante décadas, la mayoría de los economistas entre los que me encuentro, han concluido que los factores irracionales no podían encajar en ningún modelo de previsión”. Y entonces repasa varios comportamientos “irracionales”, a los que prefiere llamar, a la Keynes, “espíritus animales”. Sin ánimo de ser exhaustivos, son los siguientes, como diría aquél.

El primer “espíritu animal” es el “pensamiento rápido”, es decir, el no pensamiento, o pensamiento irreflexivo, movido por emociones. Dos: “La aversión al riesgo”. Resulta que “asumir riesgos es necesario, pero no es algo que la gran mayoría de la gente busque activamente”. Tres: “la preferencia temporal”, el hecho de que preferimos tener un bien hoy a tenerlo en el futuro. Cuatro: el “consumo conspícuo”: si el vecino se compra un coche, nosotros queremos el mismo. Si se viste de una manera, nosotros igual. No viene al caso de la crisis, pero Greenspan no iba a dejar de zaherirnos con lo que él recordase aún del saco de la ciencia económica. Cinco: la paradoja de George Jessel, a la que le otorga ese nombre por el actor. Se trata de que cuando suben los precios de las acciones, llega un punto en el que si uno quiere vender, se encuentra sin comprador. “Esto es, en esencia, lo que ocurrió en 2008”.

Pero sigamos, porque lo que dice entonces Greenspan va ahora por los bancos. Había mucha liquidez, pero sólo porque predominaba una bajísima aversión al riesgo. Cuando, no se sabe por qué, esa aversión aparece, lo que se esfuma es la liquidez. Y eso es, nos dice, lo que pasó. Más: Los bancos han gestionado los riesgos según sus criterios, un hecho muy desgraciado.

En resumen: así no hay quien prediga nada, ni quien planifique el mercado como Dios manda, pues a eso se dedica un gobernador de un banco central, que es un órgano de planificación centralizada propia del socialismo.

Lo que falta en esta historia más propia de Lovecraft que de un científico social, aunque sea uno que continúa siguiendo las guías de Keynes, es una referencia ¡a la institución que él presidía! Los bancos hacían sus apreciaciones de los riesgos, que es lo que han hecho siempre. El error generalizado tiene que ver con quien orquesta las oleadas de liquidez, que no es otro que el banco central; es decir, la Reserva Federal. Esto es, Alan Greenspan.
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