23 de septiembre de 2019, 1:39:00
Opinion


Fin de la recesión: prohibido ponerse eufórico

Javier Cámara


Esta maldita crisis que dura ya cinco años ha convertido al ciudadano de a pie, si no en experto economista salido de las mejores agencias bursátiles del mundo, en pobre contribuyente obligado a entender el enrevesado y abstracto entorno económico que nos machaca día a día con la prima de riesgo, la recesión, el diferencial con el bono alemán, IPCs, EPAs, deuda… Y la verdad es que lo hemos aprendido.

Es verdad que van apareciendo indicadores que señalan la salida del túnel. Cierto parece que, a no ser que haya una obcecación ideológica, las cifras y datos que desde la macroeconomía se nos presentan apuntan a que “la cosa” mejora. Se ve la luz, pero no podemos decir que es de día o que la salida de la crisis está próxima y que ya podemos pensar en tiempos mejores.

Es verdad que es mejor crecer que decrecer, que todos preferimos subir que bajar y que hay que alegrarse de que España salga de la recesión porque ha crecido el 0,1% entre julio y septiembre, de que el paro baje en 72.800 personas, aunque sea poco, de que Bill Gates invierta 113,5 millones de euros en FCC y de que la Bolsa suba y el Ibex coquetee con los 10.000 puntos, pero tenemos experiencia y la cruda realidad nos obliga a recordar que se puede volver a caer.

Y digo yo: ¿Servirán estos datos para cambiar de actitud? ¿Haremos bien si la cambiamos ya o hay que seguir con los recelos? ¿Pueden ser éstos unos falsos brotes verdes como los de la otrora ministra Salgado? ¿Cuánto tenemos que esperar todavía para decir que “la cosa” mejora de verdad? ¿Un año aún para que crezca el consumo?

Grandes empresas como FCC, Telefónica o el Santander no ocultan su optimismo, casi desbordante en algún caso, y airean que inversores extranjeros miran ya con ojitos golosos las posibilidades del mercado español. Es verdad. No mienten. La recuperación se respira a todo pulmón en algunas esferas, todavía selectas, porque tampoco se puede olvidar la cruz de la moneda: Panrico y Fagor, dos grandes de España, dos empresas de las de siempre, han solicitado el concurso de acreedores y se asoman al abismo de la desaparición.

Así pues, hasta que la gente no tenga dinero en el bolsillo, hasta que no se pueda ir al cine sin tener que aprovechar una superoferta, hasta que no duela la vuelta al cole, hasta que unas cervezas con los amigos no supongan un extra o remordimientos, no podemos hablar de que la economía española real, la de la gente normal, está saliendo de la crisis, que, de momento, nadie lo dice.
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