27 de febrero de 2020, 6:24:09
Opinion


II Congreso de UPyD

David Ortega Gutiérrez


El próximo fin de semana Unión, Progreso y Democracia celebrará en Madrid su segundo congreso. El primero fue ya hace casi cuatro años, el 20, 21 y 22 de noviembre de 2009. Poco a poco este joven partido se va consolidando dentro del panorama político español. Lo que empezó siendo un sueño de unas 40 personas procedentes principalmente del País Vasco, es hoy un proyecto maduro, con representación tanto en el Congreso de los Diputados -con Grupo Parlamentario propio- como en varios Parlamentos Autonómicos -Comunidad de Madrid, País Vasco y Principado de Asturias-, importantes ayuntamientos, como el de Madrid, incluso con representación en el Parlamento Europeo.
UPyD es la prueba palpable de que el esfuerzo y la perseverancia en la vida acaban dando sus frutos. Cada paso que se ha dado ha supuesto un reto exigente para el propio partido, abriéndose camino en un sistema de partidos políticos muy cerrado y consolidado, como es el español, especialmente debido a un sistema electoral que castiga cualquier intento de renovación frente a lo existente. Esa propia exigencia de la circunstancia adversa ha hecho fuerte al partido, ha dotado a sus afiliados y simpatizantes de una gran generosidad, de una preclara conciencia de que crear un partido político diferente a los partidos tradicionales, requiere de hacer las cosas de forma distinta. UPyD se mantiene gracias a la entrega desinteresada de muchos cientos de personas. Sin ellas simplemente UPyD no podría existir. Personas que dedican su tiempo libre y sus cualificados conocimientos a asesorar el partido, porque son conscientes de que España lo necesita. Abogados, médicos, ingenieros, arquitectos, profesores, militares, altos funcionarios y un largo etcétera de hombres y mujeres que están tirando del importante y complicado carro de la regeneración democrática, de la reforma de las Instituciones. Son españoles que saben que si nosotros no nos implicamos en cambiar el presente, nadie lo va a hacer.
Este espíritu de compromiso y responsabilidad es el que presidirá el próximo y relevante congreso de UPyD. En él se van aprobar diferentes ponencias en las que se fijarán las líneas maestras del futuro proyecto que UPyD ofrecerá al pueblo español para sacarle no de la crisis económica, que también, sino sobre todo de la crisis política e institucional que ningún otro partido afronta ni reconoce. También todos los afiliados del partido votarán al nuevo Consejo de Dirección y a su portavoz, un verdadero ejemplo de democracia interna que, hasta donde yo sé, no hace ningún otro partido.
No sólo UPyD, sino todos los españoles, nos jugamos bastante en ese congreso, pues pocos dudan que UPyD va a desempeñar un papel decisivo y determinante en futuras y próximas elecciones. Es el momento de la responsabilidad, de la prudencia, de la claridad de ideas, de la generosidad, de pensar en el interés general por encima de cualquier otra consideración, de tener sentido de Estado, algo esencial hoy para el futuro de España, de tender puentes en vez de profundizar en las dos tradicionales trincheras de las dos Españas, de tener ambición de país. Creo que en esos tres días UPyD puede demostrar nuevamente que continua avanzando por la senda no fácil y poco frecuente de la regeneración democrática, cultural y ética que 47 millones de españoles esperan y desean.
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