16 de junio de 2021, 10:59:58
Nacional

Las favorecedoras biografías políticas en España, lejanas a la tradición anglosajona


Las memorias de los políticos "ni son rentables ni son una desgracia económica"


Los tres últimos presidentes del Gobierno no han perdido ocasión de publicar memorias, como tampoco algunos de sus escuderos o contemporáneos en la política. La coincidencia en el tiempo de las presentaciones no significa sin embargo un repunte en el género, como demuestran las cifras y como explica un experto a EL IMPARCIAL, que añade que "ni son rentables ni son una desgracia económica" para las editoriales.


Pocos políticos que han volado alto se resisten a contar su versión de los hechos. Ni siquiera aquellos que al abandonar la función pública aseguraron que no lo harían. José Luis Rodríguez Zapatero ha tardado menos de dos años en pasar de La Moncloa a las librerías (El dilema. 600 días de vértigo). Dados los precedentes, resulta impensable que este título sea el último. José María Aznar ha escrito seis desde que dejó el poder (Ocho años de Gobierno, Retratos y perfiles, Cartas a un joven español, España puede salir de la crisis, Memorias I y El compromiso del poder) y cinco Felipe González (El Socialismo, El futuro no es lo que era -junto con Juan Luis Cebrián-, Memorias del futuro, Mi idea de Europa y En busca de respuestas).

Segundos espadas tampoco han huido del atractivo de publicar. En un corto espacio de tiempo se han sumado José Bono (Les voy a contar) o Alfonso Guerra (Una página difícil de arrancar) y de forma inminente lo harán Julio Anguita (Contra la ceguera) y Pedro Solbes (Recuerdos). José Blanco avanzó que está en ello y, según ha podido saber EL IMPARCIAL, un exministro de UCD "negocia" seguir este camino. Sin embargo, no puede hablarse de repunte de esta literatura. Antonio María Ávila Álvarez, director ejecutivo de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), habla a este periódico de algo "coyuntural", de una mera coincidencia en el tiempo de estos nombres.

Aunque el dato no concreta cuántas de ellas son memorias políticas, las biografías publicadas en 2012 fueron 1.740, según FGEE. Hasta el 31 de octubre del presente año se cuentan 1.480, de forma que se espera una cifra inferior o similar al cierre de 2013. Más allá de lo numérico, Ávila Álvarez sostiene que el género de las memorias no está "tan desarrollado como en países anglosajones" y que "faltan en nuestra tradición autores que cuenten con detalle los años vividos y los sitúen en la época y aporten documentación". Es decir, ejemplares menos destinados a la justificación de la gestión y más encaminados al legado de historiadores que, así las cosas, añade el experto, deben tomar "con precaución" cada línea de estos dirigentes.

No obstante, desmiente el bajo o nulo rédito económico de este producto, frente a especulaciones como las del caso Bono, que apuntan a un adelanto de 800.000 euros y a unas ventas, según Nielsen, inferiores a los 30.000 ejemplares. La opacidad de las editoriales en este sentido es absoluta, pero ninguna fuente desmiente que al resto de 'escritores' les haya ido igual o peor. Sólo fenómenos como el inesperado éxito de Nadie es más que nadie, de Miguel Ángel Revilla, con más de 200.000 libros vendidos, marcan la excepción. Pero la crisis es generalizada y sólo la temática erótica, culpa de Cincuenta sombras de Grey, vive un esplendoroso momento. No parece a día de hoy que ningún político vaya a adentrarse en el género.

"Tienen su público" las memorias, defiende pese a todo Ávila Álvarez. "Es bueno para las editoriales y ni es rentable ni es una desgracia económica. La venta es medianamente aceptable, no podemos pretender que sean bestseller". Expone el director ejecutivo de la FGEE que "la gente no está tan loca" en las editoriales como para lanzar al mercado algo ruinoso, por mucho que lleve la firma de alguien relevante. "Es un mundo de pequeñas rentabilidades este", concluye.

Nada apunta por tanto al fin del goteo de títulos de estas características y nada hace ver que algún momento en el pasado hayan dejado de publicarse. El único cambio residiría en que dejaran de ser portadas y contenidos favorecedores para lavar la imagen del interesado y regresar al primer plano mediático y, en algunos casos, político, para adentrarse en la senda anglosajona que explicaba el especialista.
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