27 de julio de 2021, 6:56:41
Opinión


Marine Le Pen, Geert Wilders y la extrema derecha europea

Ricardo Ruiz de la Serna


Geert Wilders es el líder del Partido de la Libertad y Marine Le Pen está al frente del Frente Nacional. Uno ha desplegado en los Países Bajos una furibunda actividad contra los inmigrantes y el Islam; la otra heredó de su padre la presidencia del partido más radical de Francia. Los dos presentaron en La Haya el grupo que desean formar después de las elecciones europeas de 2014. Le Pen y Wilders comparten el euroescepticismo, el discurso xenófobo y el populismo.

Wilders y Le Pen necesitan veinticinco eurodiputados para formar un grupo en el Parlamento Europeo. La francesa tiene tres eurodiputados y el holandés tiene cinco así que ya han invitado a otras agrupaciones de la ultraderecha europea. La Liga Norte italiana tiene nueve eurodiputados. El Vlaams Belang podría aportar dos. Además estarían los nueve eurodiputados británicos del Independent Party y el único eurodiputado del Partido del Pueblo Danés. Las cuentas no salen todavía pero podrían llegar a los veinticinco si cuentan con el apoyo de los italianos y los británicos. Por otra parte, todos ellos cuentan con mejorar sus resultados electorales en 2014.

La crisis económica y la errante política de la Unión europea en materias como la inmigración, los recortes sociales, la ampliación de sus fronteras hasta Turquía entre otras cosas han alimentado el crecimiento de la ultraderecha en Europa, que lleva años tratando de lavarse la cara. Así, Wilders y Le Pen han podido aproximarse –según el holandés- porque no ve antisemitismo ni racismo en el discurso de la francesa. A su vez, Marine Le Pen es consciente de que es necesario atemperar las formas del discurso radical de su padre –Jean Marine Le Pen- que protagonizó sonadas polémicas y algún escándalo durante su actividad política en Francia y en el Parlamento Europeo.

La ultraderecha está creciendo en toda Europa. En España, se ha articulado la plataforma La España en Marcha, que agrupa a diversas organizaciones extremistas. Entre sus miembros están los que asaltaron al Librería Blanquerna en Madrid. Los ultras españoles confían en obtener representación en el Parlamento Europeo y mantienen estrechos contactos con el Frente Nacional, el Partido de la Libertad y, sobre todo, con Amanecer Dorado. Los neonazis griegos han servido como ejemplo de lo que se puede conseguir con un discurso radical y violento unido a la acción directa y a la propaganda contra los extranjeros.

Sin embargo, la mayor fortaleza de la extrema derecha europea radica en la pasividad de los moderados y la tibieza de los demócratas, que niegan el problema o lo trivializan. No hay que engañarse con esto. La extrema derecha –como en general los extremismos- se sirven de las instituciones para socavarlas y utilizan la legitimidad democrática para acabar con la democracia, que no es solo una forma de organizar la toma de decisiones colectivas sino todo un sistema político que comprende derechos humanos que la extrema derecha pretende eliminar.

La estigmatización de los inmigrantes, la islamofobia, la gitanofobia, la culpabilización de todos los males nacionales a los colectivos más vulnerables son los arietes de los discursos más agresivos que se hayan escuchado en Europa desde la caída del Muro. Ahí está Amanecer Dorado.
Algunos piensan que las diferencias entre los partidos serán tan grandes que les impedirán trabajar juntos pero Wilders y Le Pen las han superado y si tomamos las restantes formaciones, no son tan diferentes. Algunos dicen ser amigos de Israel pero en realidad aborrecen todo lo que Israel representa: la democracia a toda costa, la libertad, los límites al poder, la lucha decidida contra la barbarie y el radicalismo. Otros dicen defender los derechos de los homosexuales pero los utilizan como pretexto para ocultar la intolerancia y aun el odio contra otros colectivos. Las ideologías de odio se adaptan en la superficie pero permanecen intactas en su estructura y sus fundamentos.

Debemos reaccionar antes de que sea tarde. Hay que desenmascarar a quienes quieren convertir Europa en una pesadilla de intolerancia.
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