10 de diciembre de 2019, 7:19:13
Cultura

EN LAS NAVES DEL MATADERO CON El malentendido


Cayetana Guillén Cuervo: “El ciudadano se siente con las alas rotas y las vidas a medias, la historia se repite”

Laura Crespo

Tras llenar durante tres meses el Teatro Valle-Inclán, la versión de El Malentendido (Albert Camus, 1944) de Eduardo Vasco vuelve a zarandear al público, esta vez en las Naves del Español en el Matadero de Madrid, a partir de este viernes. La actriz, periodista y presentadora Cayetana Guillén Cuervo charla con El Imparcial sobre la obra, un proyecto muy personal que arrancó junto a su padre, Fernando Guillén, fallecido días antes del estreno y que protagonizó la primera representación de El Malentendido en España en 1969, junto a su por entonces esposa y madre de sus tres hijos, Gemma Cuervo. Para la actriz, la cuestión del existencialismo humano que plantea la obra es tan válida en el contexto actual de nuestro país como lo fue en la Francia ocupada del 44 o la España de los últimos años de dictadura.


El Malentendido se estrenó en enero en el Teatro Valle-Inclán y ahora, casi un año después, vuelve a las Naves del Español, en Matadero. ¿Cómo afronta esta segunda temporada?
Con responsabilidad y con mucho respeto por esta sala, que es muy grande y maravillosa para trabajar. Tenía muchas ganas de venir porque es una de esas cosas insólitas que pasan. Vendimos todo desde el primer día en la Valle-Inclán y ha habido colaboración entre instituciones públicas para que se pudiera estrenar en Matadero. Nos hacía falta una sala parecida a la anterior en el sentido de que se puede desmontar todo el patio de butacas y hacer la puesta en escena que Eduardo Vasco, el director, propone: una cruz de madera por escenario y alrededor todo el público, que se mete en el espectáculo. No valía un teatro convencional.

Supongo que será especialmente satisfactorio prolongar esta función, un proyecto personal y muy especial….
Soy muy combativa, muy peleona y muy perseverante, y creo que al final eso da sus frutos. Comprar los derechos de esta obra me costó dos años persiguiendo a la heredera Albert de Camus, su hija, porque no quería vender los derechos en exclusiva. Pero lo acabé consiguiendo. Era una idea de mi padre y quería, por todos los medios, levantar el proyecto. Él estaba ilusionadísimo con que yo fuera capaz de levantarlo y hasta el último día me pasaba el texto desde el hospital, estando malito. Esto es algo que tengo muy asociado a él. Desde el primer día de función, el teatro ha estado siempre lleno y, a parte de que el montaje es una preciosidad y el texto es una maravilla, creo que ha habido cierto homenaje del público hacia mi padre, y también hacia mi madre.

Ellos, Fernando Guillén y Gemma Cuervo, protagonizaron la primera representación en España de El Malentendido, en 1969. ¿Hay diferencias entre los significados que adquiría la obra en aquel entonces y los que toma ahora?
El Malentendido se estrenó en 1944 en París, con María Casares. Albert Camus, profundamente enamorado, la escribió para ella en la Francia ocupada por el nazismo y ya tenía un significado muy concreto: ¿Qué pasa con los individuos buenos, aprisionados por el sistema y que, por las circunstancias sociales y políticas, no pueden cumplir sus sueños, desarrollar sus talentos ni alcanzar sus metas? De esto se hablaba en el 44, pero también de esto se habló en los setenta, cuando mis padres la interpretaron en plena dictadura. Y de esto se vuelve a hablar ahora por el momento que estamos viviendo. Es un tema que está de total actualidad, como un bucle que se va repitiendo. Parece que llega un momento en que podemos respirar y de repente, y a pesar de que ahora no existe una dictadura, la historia se repite: otra vez el ciudadano se siente con las alas rotas, con los sueños paralizados, con las vidas a medias. Por eso, sí, hay que volver a hablar de ciudadanos inocentes a los que el sistema aprieta y ahoga.

La obra aborda, por tanto, un asunto real, pero triste…
Muy triste, pero el espectador se siente identificado con el personaje de Marta. Ella llega a hacer cosas muy cuestionables, que no se justifican en absoluto, mata incluso, pero el público entiende cómo se siente. Está angustiada, aprisionada, necesita volar y cumplir sus deseos.

¿Y usted en qué se identifica con Marta? En uno de sus artículos dijo que compartía con su personaje “la rabia por tantas cosas”…
Es una rabia a nivel personal, por el momento que me ha tocado: perder a mi padre y verle en un desenlace tan difícil y tan cruel. Me provoca impotencia pensar por qué un hombre bueno tiene que tener una despedida tan dolorosa. Me refiero a esa rabia, pero también a la impotencia como ciudadana de ver todo lo que ocurre a nuestro alrededor y que, en realidad, no pase nada. Tengo cierta sensación de que el ciudadano no puede cometer ningún error porque tiene todos los castigos encima, pero quien tiene que velar por él comete todos los errores posibles y no pasa nada. Esto me genera cierta angustia y cierta rabia.



El Malentendido forma parte del conocido como ‘teatro del absurdo’ dentro de la obra de Camus. ¿Es este un género muy adecuado para hablar de la situación actual, muy absurda mirándolo por ese lado?
Es existencialismo puro, es tragedia y trata temas como la ausencia de Dios, la fatalidad, la importancia del destino y de encontrar las palabras juntas para comunicarse con el otro. El protagonista, Jan, que es el personaje que hacía mi padre, juega y miente y provoca con ello que su destino cambie. El propio autor le señalaba también como culpable, por engañar a su madre y a su hermana y forzar su destino. Creo que esto tiene mucho que ver con lo que estamos viviendo ahora, cuando se juega al máximo con el cinismo de las palabras. No nos transmiten un mensaje claro sino que todo es un poco confuso y un poco desconcertante para el ciudadano. En este sentido tiene mucho que ver la situación actual con lo que habla Camus.

La suelen calificar como ‘la cara de la cultura y la televisión pública’ en España. ¿Cómo siente estos sectores, en los que ha desarrollado toda su trayectoria profesional y que ahora sobreviven enfermos?
Cuesta mucho más sacar adelante cualquier cosa y tenemos que trabajar siete veces más para tener resultados inferiores a los que teníamos. En todos los oficios está la cosa muy dura, lo que pasa es que a nosotros es cierto que el famoso 21 por ciento de IVA nos ha dado un latigazo muy fuerte a la hora de preservar una serie de básicos. Es un sector que da trabajo a muchísima gente y en el que pagan impuestos muchos trabajadores, pero hay unas tasas de paro altísimas, los proyectos se quedan a medias y la gente está sacando las cosas adelante sin dinero. La verdad es que no sé cuánto más se puede aguantar así. Yo hago todo lo que puedo, estoy multiplicada por cinco e intento hacer mi trabajo lo mejor posible. Creo que el rigor, la disciplina y la responsabilidad siempre tienen que estar presentes en el trabajo, así es como he sido educada e intento no bajar la guardia nunca.

En televisión la cosa no está mucho mejor. Es obvio que hay menos dinero pero, ¿cómo cree que se está gestionando esta situación de escasez por la que atraviesa el ente público?
Yo creo que están haciendo lo que pueden y lo mejor que pueden. Ha habido unos recortes enormes y es muy complicado tener un cargo público y funcionar igual con muchísimo menos dinero que antes. Yo estoy dentro de la tele y veo que la gente hace lo que puede. Es un momento muy complicado en el que se pide mucho más a todo el mundo.



Y desde su perspectiva de periodista, ¿cómo ve el estado actual de la profesión en un contexto de precariedad económica y revolución tecnológica, sobre todo por el impacto de las redes sociales?
Creo que los huecos en la vida te los ganas a base de perseverancia y de trabajar duro. El espectador o el lector es muy inteligente y la gente que se merece tener un rincón lo va a tener a base de constancia y disciplina. No hay que ponerse nervioso, porque se trata de currar sin parar y tener mucho respeto hacia tu trabajo y el de los demás. Sin esfuerzo puedes ganar un día o dos, pero la cosa termina cayendo por su propio peso, no hay manera de sostener una vida sin trabajar duro.

Es un mensaje optimista: si trabajas, tendrás tu recompensa. ¿Seguro que es válido para los tiempos que corren?
Yo creo que sí, lo que pasa es que es cierto que ahora está más complicado y hay que trabajar más. Siempre he confiado en que la perseverancia, la constancia y la disciplina te dan buenos resultados, y ahora también lo creo.

Sin embargo, El Malentendido parece dejar poco hueco al optimismo. “Es una obra que te sacude”, dijo Julieta Serrano, y fuerza a pensar que no hay esperanza ni consuelo para el hombre.
Es una obra muy catárquica pero, como buena tragedia, te limpia. Te sientes identificado con el héroe, en este caso, con esta especie de heroína que es Marta. Ella suelta toda la rabia y el espectador va de su mano, más que nunca en el montaje de Vasco, ya que el público está casi dentro del escenario y es un poco juez y parte de la historia. Eso es lo que tienen las buenas obras de arte, que sales del teatro de una forma un poco distinta de cómo has entrado. Sales tocado, pero para bien, porque te sientes mucho menos solo históricamente, así que creo que al final es bueno. Te hace reflexionar, es un vuelo interior que te mejora.



El Malentendido, de Albert Camus

Un viajero llega a un hotel apartado que regentan su madre y su hermana, de las que ha estado separado durante muchos años. Su plan es observarlas y darles una sorpresa en el caso, más que probable, de que no le reconozcan dado el tiempo transcurrido. Les trae la felicidad. Pero estas mujeres llevan años dedicadas a asesinar a los clientes solitarios y ricos que se alojan en el hotel para robarles y acumular, así, el dinero suficiente que les permita escapar de su destino en un país sin futuro. Tras cometer el asesinato se desvela el enigma y se dan cuenta de que han asesinado al hijo/hermano que regresaba al hogar.

Dirección. Eduardo Vasco
Versión. Yolanda Pallín
Reparto. Cayetana Guillén Cuervo (Marta), Julieta Serrano (La Madre), Ernesto Arias (Jan), Lara Grube (María) y Juan Reguilón (El anciano criado).

Del 22 de noviembre al 15 de diciembre en la Sala 1 de las Naves del Español. Matadero de Madrid.
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