18 de noviembre de 2019, 10:00:43
Opinion


PODERES DICTATORIALES PARA EL CAUDILLO MADURO

Luis María ANSON


Ha pasado lo que estaba claro que iba a pasar. Nicolás Maduro ha hecho como Hitler, como Mussolini: tras vencer en unas elecciones, se ha otorgado a sí mismo plenos poderes y se ha convertido en un dictador. Chávez ya lo fue -el caudillo bufón, le llamaban- con la única salvedad que organizaba, como Franco, elecciones manipuladas y controladas para dar una apariencia que le permitiera transitar por el mundo internacional.

La ideología de Maduro es sustancialmente comunista o, para ser más exactos, castrista. Está dispuesto a arruinar a la nación, como hizo Fidel, a cambio de controlar permanentemente el país a través de unas milicias organizadas al mejor estilo cubano. La izquierdona europea, la del caviar y el domperignon, no ha abierto la boca ante la tropelía de Maduro. Permanece en silencio, como lo ha hecho durante cincuenta años ante la tiranía de Castro.

Mario Vargas Llosa, el intelectual que condenó a Pinochet, el que rechazó a Castro, el que se enfrentó con la dictadura cualquiera que fuera su signo ideológico, fue vejado en Caracas por Hugo Chávez. El atropello fue silenciado por los mismos que ahora callan cuando, a la vista de todos, su sucesor Nicolás Maduro asume cínicamente poderes dictatoriales.

Malas perspectivas, en fin, para Venezuela. La nación, inmensamente rica, camina hacia la miseria general y también hacia una dictadura que, a través de los métodos castristas, puede prolongarse indefinidamente.
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