14 de noviembre de 2019, 16:18:49
Opinion


Un nuevo CGPJ



Finalmente ha habido acuerdo y, tras dos meses en funciones, la composición del nuevo Consejo General del Poder Judicial -CGPJ- quedará sustanciada la próxima semana. Dicho acuerdo, del que los grupos mayoritarios parecen estar satisfechos, llega tarde y con una cierta sensación de “reparto de cromos”, por cuanto el perfil político de muchos de los nuevos miembros es ciertamente acusado. Y precisamente, lo último que necesita el CGPJ -por extensión, la justicia- es seguir cargando con la pesada losa que es su clara politización.

Hay en España excelentes servidores públicos dentro del ámbito judicial. Han de hacer frente diariamente a una patente carencia de recursos económicos y humanos, amen de una carga de trabajo muy por encima de sus posibilidades. Si a esto le añadimos el deplorable ejemplo de magistrados de Constitucional o Supremo haciendo gala de una innegable vis política -por no hablar de la ejecutoria de personajes como Baltasar Garzón-, es comprensible que la imagen de la justicia no sea precisamente buena.

Y ese es justo uno de los retos que el nuevo CGPJ debe afrontar. La negativa percepción que tiene la ciudadanía está ganada a pulso. El máximo órgano de gobierno de los jueces ha de velar, pues, no sólo por el correcto funcionamiento de la administración de justicia, sino por mutar la sensación que ahora se tiene de ella. Evitar, por ejemplo, actuaciones como la del presidente saliente, Gonzalo Moliner -miembro de Jueces para la Democracia-, reacio a apoyar de manera inequívoca a la juez Mercedes Alaya ante la inaguantable presión política que sufre por parte de la izquierda andaluza es algo que ha de tenerse muy en cuenta. Ojalá el nuevo presidente no incurra en este tipo de desafueros.
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