19 de enero de 2020, 9:52:32
Opinion


El microcosmos del poder en España

David Ortega Gutiérrez


Decía Lord Acton que el poder corrompe y que el poder absoluto corrompe absolutamente, por ello, lo más sensato es dividir el poder, trocearlo, para, en la medida de lo posible, tratar de controlarlo. Esta es la esencia del pensamiento liberal, controlar el poder, someterlo a límites para evitar abusos. Se puede confiar en la naturaleza humana, pero no en exceso, por eso hay que establecer garantías y controles al poder. De esta reflexión básica nacen los principios esenciales del Estado democrático liberal: la separación de poderes, el principio de legalidad y la defensa de los derechos humanos. Estos tres principios básicos de cualquier Estado democrático buscan lo mismo: limitar y controlar el poder.

Es verdad que el pensamiento liberal no desecha la importancia de la formación para tratar también de limitar y controlar el poder. Así, siguiendo a Platón principalmente, pero también a liberales de peso como John Locke, Stuart Mill, Ortega o Russell, es muy importante que quien detente el poder también sea una persona formada y preparada moralmente. Platón lo llamaba el filósofo-rey, esto es, unir saber (filósofo) con poder (rey). Dedicó su obra política principal, la República, a la formación del filosofo-rey y tratar de explicar lo importante que es unir la ética y la justicia con el poder. Pero siendo importante, la ética por sí sola no basta, pues el Estado moderno debe tener los resortes suficientes para no apostar todo el buen funcionamiento del Estado a que el gobernante sea o no lo suficientemente ético. Por ello son necesarios los dos elementos: la ética y los controles al poder.

España está inmersa en la actualidad en una profunda crisis política e institucional, para desesperación del pueblo español, que ve como su vida pública no funciona y su calidad de vida en lo cotidiano se resiente. Vivimos peor que hace ocho años. El pueblo español también tiene parte de responsabilidad pues en democracia todos somos responsables, tampoco olvidemos el esencial papel del poder judicial. Pero, ¿dónde reside hoy el auténtico poder en España?

Tengo pocas dudas que hay tres focos principales que ejercen el auténtico poder en España y que, en muy importante medida, no la única -insisto, el último responsable es el pueblo español-, son los responsables de cómo estamos. El microcosmos del poder hoy en España lo ejercen, por un lado y principalmente los políticos, en segundo lugar los grandes empresarios y, por último, los periodistas o medios de comunicación. Estos tres grupos viven encerrados en su microcosmos particular del que todos se retroalimentan y participan. En una verdadera democracia sus relaciones debieran de ser tensas y de control mutuo, pero en una democracia de baja calidad, como la nuestra -de ahí la imperiosa necesidad de su regeneración-, existen demasiadas conexiones e interdependencias entre estos tres focos esenciales del poder en España.

Que existan grandes empresas en España no me parece mal, pero sí su excesiva y sospechosa cercanía al poder político. No olvidemos que cerca del 40 % del dinero que se mueve en España lo hacen las Administraciones Públicas -en sus tres niveles: Estatal, autonómico y local- gobernadas y gestionadas por la clase política. Curiosamente las principales víctimas de la crisis están siendo las pequeñas y medianas empresas, pero las grandes fortunas de este país han crecido con la crisis un 13,2 % en este último año. La clase media española ha perdido cerca de un 20 % de poder adquisitivo en estos años de crisis, mientras mucho político protagonista de los varios cientos de casos de corrupción que sufrimos, está haciendo su agosto.

¿Y los medios de comunicación? Pues con la crisis económica que está cayendo, el 90 % están casi en la banca rota y para sobrevivir, ¿de quién necesitan? Pues de los grandes empresarios que tienen el dinero o de las subvenciones que a través de la publicidad institucional le dan los políticos. Por tanto, su independencia para poder ejercer su vital labor de control y denuncia de lo que sucede queda considerablemente mermada.

Si queremos salir de verdad de la crisis hay que recuperar el funcionamiento democrático de las instituciones, garantizar su independencia y su verdadero servicio dirigido únicamente al interés general, seleccionar personas humana y profesionalmente cualificadas para los principales puestos de nuestras instituciones, no hacer el juego a las grandes fortunas y empresarios de este país, que cada vez se reparten más la tarta del dinero público que gestionan las Administraciones y lograr una prensa de verdad independiente del poder político y económico-financiero. Si los españoles no logramos controlar ese microcosmos del poder en España, nunca saldremos de la crisis, y la clave está en recuperar el buen funcionamiento de nuestras instituciones para, desde ahí, ser independientes del poder de las grandes fortunas y empresarios y fomentar la existencia de una prensa realmente libre e independiente que ejerza su esencial labor de denuncia ante los españoles de lo que pasa en este país.
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