16 de octubre de 2019, 5:16:31
Opinion


La añoranza eterna

Enrique Barón


Anoche se celebró en el Hotel Plaza de Bruselas la Gala anual de la International Yehudi Menuhin Foundation que presido. El objetivo es conseguir fondos para desarrollar el programa Mus-E que lleva artistas a las escuelas y desarrolla eventos culturales para los niños, especialmente en barrios y zonas con problemas de integración o exclusión. En sus 20 años de existencia, más de un millón de críos de enseñanza primaria han afirmado, gracias a su acción, su autoestima y desarrollado su expresión corporal y espiritual gracias a este proyecto, reconocido y apoyado por la Comisión Europea. Las artes, tan marginadas en los programas de enseñanza, siguen siendo esenciales para formar personas creativas y responsables.

El Plaza es un elegante art deco Hotel lleno de historia, ya que fue tanto sede de la Kommandantur alemana como del Estado mayor aliado El espectáculo se hizo en el teatro anexo, decorado en estilo hispanocaliforniano de los años 30, con un pasillo de entrada lleno de escudos de España y de diversas regiones.

El número estrella de la noche fue la actuación de una gran cantante sefardita, Yasmin Levy. Presentada por los Embajadores de Turquía e Israel, cantó en ladino (judeoespañol) y en español moderno canciones de sus discos más recientes, "Libertad", canciones como "Olvídate de mí" y otras que su padre Isaac Levy, de origen turco, fue recogiendo entre las comunidades sefarditas del antiguo imperio otomano. Una bella mujer a la que el avanzado estado de dulce espera añadía encanto.

Una voz delicada y poderosa a la vez, con matices y registros que recordaban a Amalia Rodrigues, Rocío Jurado o Edith Piaf y en algún momento el lamento desgarrado de Aznavour, acompañada por un conjunto musical en el que se juntaban músicos e instrumentos de todo el mundo.

En la presentación, Yasmin Levy evocó el destino de los judíos sefarditas y su pasión por la lengua de sus ancestros que conservaron y enriquecieron. Recordó 1492 y los Reyes Católicos. Después del concierto, la saludé y le manifesté el impacto que me había causado su actuación. Más aun tras ver la noche anterior el capítulo conclusivo de la extraordinaria serie Isabel en TVE con la conquista de Granada, la expulsión de los judíos y el apoyo al viaje de Colón. Un momento decisivo de nuestra historia y un paso decisivo hacia la globalización. Acontecimientos que no solo tienen sentido para los españoles de hoy, que votamos (yo lo hice como diputado) el reconocimiento del derecho de los sefarditas a la concesión de la nacionalidad española. Tienen una dimensión universal.

Es de agradecer la añoranza eterna que mantiene viva una de las facetas más inesperadas de nuestra cultura en la obra de esta gran cantante.
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