7 de diciembre de 2019, 3:43:28
Economía

Crónica económica


La crisis económica se ceba en la natalidad


El número de nacimientos no deja de caer, y lo hace en la primera mitad del año al ritmo más pronunciado desde el inicio de la crisis. Esto puede provocar problemas en el futuro. Por José Carlos Rodríguez


El Instituto Nacional de Estadística ha publicado datos nuevos sobre la evolución de la población en el primer semestre del año. El dato más significativo y más dramático se refiere a la evolución de los nacimientos. En los primeros seis meses del año han nacido 210.778 personas. Es una caída del -6,2 por ciento sobre el mismo período de 2012. Fijémonos: En la primera mitad del año 2008 nacieron 255.062 personas. Cayó en 2009 (-4,4 por ciento), en 2010 (-4,1 por ciento), en 2011 (-1,4) y en 2012 (-2,5). Es 2013 el quinto año consecutivo de descensos, y aquél en el que es más pronunciado.

Los inmigrantes, que acudieron a la prosperidad española, parcialmente ficticia, abandonan ahora nuestro país. Aportaban el 20,2 por ciento de los nacimientos en 2008, y ahora esa suma alcanza el 18,3 por ciento. Cae la mortalidad, pues murieron 204.394 personas de enero a junio, un 6,1 por ciento menos que la primera mitad del pasado año. Sigue habiendo un crecimiento vegetativo, pero éste se reduce semestre a semestre sobre el mismo período del año anterior. Hasta junio de 2013 el crecimiento vegetativo de la población fue de 6.384 personas, un -10,7 por ciento por debajo del mismo período del año anterior. Es el noveno semestre en el que ese crecimiento vegetativo decrece sobre el mismo período del curso anterior. Cae asimismo la nupcialidad.

Es decir, que la natalidad cae al mayor ritmo desde que comenzó la crisis. Ayudan a este fenómeno, por un lado, la caída en la población inmigrante; familias que tienen un mayor número de hijos que la población autóctona. También el hecho de que un número apreciable de jóvenes españoles se va fuera. Cabe pensar que salen para progresar, y que los hijos que no tienen aquí eventualmente volverán; al menos lo harán muchos. Lo cual quiere decir que una parte pequeña de la caída de la natalidad es sólo aparente. Y, en tercer lugar, contribuye a este fenómeno las propias estrecheces económicas, que aconsejan a muchas familias esperar o abandonar los planes de tener un hijo más.

A largo plazo, lo que se observa es el progresivo envejecimiento de la población. Una pirámide de la población más alta, estrecha, y más cercana a una columna que a una pirámide. El ensanchamiento del baby boom, que en la actualidad muestra sus pronunciadas curvas en torno a los 35 años, en 2042 lo hará en torno a los 65 años. Entonces, los jubilados tendrán un poder económico y político mucho mayor. Será, por tanto, una sociedad más volcada hacia el consumo y los servicios públicos que emprendedora. Nos salva que cada vez más la economía lo es del conocimiento, y que la edad no implica en esto una pérdida necesariamente, sino en parte una acumulación.

Así como el envejecimiento de la población puede tener más efectos negativos que positivos, su crecimiento es beneficioso. En términos generales, podemos elegir entre ser muchos y ricos, o pocos y pobres. Por eso la riqueza se concentra en las ciudades. Pero ese crecimiento de la población no está asegurado si no se recupera la natalidad. Y eso sí que es un problema grave para el futuro.
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