18 de noviembre de 2019, 20:30:38
Opinion


La mano tendida

Germán Ubillos


Los grandes héroes ganan batallas después de muertos.

El espectáculo de Johannesburgo de ver reunidos a setenta líderes mundiales con ocasión del funeral por Nelson Mandela, solo cabe en las hazañas de pacifistas como Mahatma Gandhi o Martin Luther King , quizá en las leyendas de pacificadores o de santos.

Pero quizá la imagen más impactante haya sido la del apretón de manos entre Barack Obama y Raúl Castro. Aunque solo fuese un hecho puntual en sí jamás lo hubiésemos imaginado, y ese es precisamente el poder del líder fallecido que como el Cid Campeador sigue ganando batallas después de muerto.

Generalmente la paz se firma después de la guerra, de guerras sangrientas, solamente hay paces muy escasas a lo largo de la historia y es la paz milagrosa conseguida por seres milagrosos casi sobrenaturales, seres que merced a su preclara inteligencia, la bondad intrínseca de su corazón y una voluntad de hierro a prueba de los más enormes sacrificios son capaces de lograr algo tan difícil como hacernos creer que el hombre no es lobo para el hombre, sino también capaz de albergar en su espíritu algo que antes de aparecer ellos en escena se juzgaría imposible.

Y esto es lo que ha conseguido Mandela después de muerto. A todos los seres con un mínimo de sensibilidad en la tierra se nos ha encogido el corazón y se nos ha puesto la piel de gallina después de visto lo que hemos visto a través de la televisión y hoy mismo en las portadas de todos o casi todos los periódicos.

Es demasiado impactante ver a un sonriente Obama estrechar la mano de un algo sorprendido Raúl Castro, hermano de Fidel y presidente de la república Cubana.

Lo cierto es que Mandela se consideraba un amigo de Fidel Castro. Una vez salido de la cárcel fue Cuba uno de los primeros destinos a los que acudió “Madiba” para agradecer a los cubanos su lucha contra el “apartheid” en Angola donde el régimen cubano envió cerca de 350.000 soldados y en Angola fallecieron cerca de 2.000.

Mandela llegó a la Habana en 1991 y Fidel le homenajeó con las máximas distinciones. Pero cuando Mandela ganó las elecciones fue el propio Fidel Castro uno de los invitados de honor a su investidura como presidente. Por eso llegado Mandela al poder, Sudáfrica y Cuba restablecieron relaciones diplomáticas.

Barack Obama representa al mundo libre, Raúl Castro a un mundo que no tolera la disidencia, más aún que la reprime violentamente.
No obstante, a los ojos de un niño, con la inocencia en la mirada que estos tienen al mirar al mundo, al mirarnos a nosotros Barack y Raúl, los hombres, dándose las manos supone la realidad de un mundo en paz, el mundo, la vida en la que todos somos amigos, en la que todos somos buenos y es eso precisamente lo que ha querido durante toda su vida y ahora más allá de la muerte un titán, una figura histórica inolvidable como ha sido Nelson Mandela.



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