16 de diciembre de 2019, 9:45:18
Opinion


El rechazo de reformas en Hungría

Izabela Barlinska


Después de las décadas del sistema comunista cuando el Estado fue responsable del empleo, de la educación y del sistema de salud, a las sociedades poscomunistas les resulta difícil asumir algunos costes de estos servicios. Muchas de las reformas para modernizar el funcionamiento de los viejos sistemas incluyen, en grados diferentes, elementos de privatización y, en consecuencia, exigen cierta contribución de los ciudadanos. Nadie duda de la necesidad de las reformas estructurales, pero cuando los gobiernos de turno las proponen, se enfrentan al rechazo y la pérdida del poder.

Los recientes acontecimientos en Hungría confirman ese círculo vicioso. El mes pasado, el 80 por ciento de los húngaros han rechazado en un referéndum la propuesta de pagar parcialmente por visitas médicas, estancias hospitalarias y las tasas universitarias. Aunque no se trataba de grandes cantidades, en torno al 50 por ciento de la población acudió para votar contra de la reforma.

El gobierno de coalición liderado por el primer ministro socialista Ferenc Gyurcsany ha tenido que abandonar el proyecto y al mismo tiempo ha anunciado que no habrá nuevos fondos estatales para financiar el sistema de salud y de educación. Se pararon las reformas iniciadas hace un par de años por el partido conservador Fidesz, que le costaron un descenso de popularidad y la pérdida de las elecciones en 2006.

Hungría tiene uno de los niveles de impuestos más altos entre los países poscomunistas y tanta gente intenta esquivarlo que, según ciertos cálculos, la economía negra constituye hasta el 18 por ciento del PIB. Los altos impuestos y la falta de estabilidad económica no incitan las inversiones extranjeras, y como resultado Hungría tiene el crecimiento económico más bajo en la Unión Europea, el 1,3 por ciento, y un nivel de desempleo bastante alto, el 8,1 por ciento. Para salir del impasse económico, el país necesita duras reformas estructurales cuyos costes afectarán a los ciudadanos. ¿Sabrán los gobiernos ganarse el apoyo y la confianza de los ciudadanos para llevarlas a cabo?
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