26 de septiembre de 2021, 2:40:13
Cultura

estrena [i]pensé que iba a haber fiesta[/i]


Elena Anaya: “Es mentira que a la gente no le guste el cine; no va porque es muy caro”

Laura Crespo

La actriz Elena Anaya estrenó este viernes Pensé que iba a haber fiesta, una pequeña producción de autor firmada por la realizadora argentina Victoria Galardi y que supone su primera aparición en la gran pantalla tras el éxito y el Goya que le regalaron el trabajo de Pedro Almodóvar, La piel que habito.


La última vez que la vimos en un ambiente cinematográfico no podía estar más radiante: pulcro estilo greco-romano y Goya en mano, la actriz Elena Anaya recitaba sus agradecimientos tras recoger el mayor reconocimiento que una intérprete puede recibir en España por su impecable trabajo en La piel que habito, de Pedro Almodóvar. Eso fue en febrero de 2012. ¿Y después? “A veces estás un año y medio sin trabajar y luego vienen tres proyectos de golpe, como ahora”, explica la actriz en un encuentro con un reducido grupo de medios de comunicación, El Imparcial entre ellos.

A mediados de este 2014 se estrenará la cinta Todos están muertos, de Beatriz Sanchís, en la que Anaya comparte cartel con la joven promesa Macarena García. Además, hace dos semanas terminó de rodar la ópera prima del escocés Colin Kenndy, Swung, “la película más pequeña” que, dice, ha “hecho nunca” y por la que no oculta un profundo enamoramiento. La que llega ahora a las salas, Pensé que iba a haber fiesta, fue su primer rodaje tras ponerse a las órdenes del manchego, una cinta de autor firmada por la realizadora argentina Victoria Galardi y por la que sintió el “vértigo” que la aborda en cada proyecto.

“Cuando haces una película no importa todo lo que haya detrás, da igual si tiene más o menos presupuesto, si se rueda en cuatro días o en cuatro meses o si es un grandísimo director como Pedro Almodóvar o una chica más joven que hace su tercera película”, expone Anaya. “A veces me eligen los proyectos a mí más que yo a ellos”, dice y asegura no ponerse “exquisita” a la hora de seleccionar y fijarse sobre todo en el personaje que le toca.

En este caso, la palentina interpreta a Ana, una actriz española afincada en Argentina que comienza una relación con el ex marido de su mejor amiga –a la que da vida la multipremiada Valeria Bertuccelli-. “Me gusta cómo Victoria (Galardi) cuenta estas historias de personas aparentemente normales, que luego de normalidad no tiene nada”, confiesa Anaya. “Son personajes que parece que no dicen nada, que sólo muestran una parte de su ser y tú, como actor, tienes que buscarte la vida entre los silencios para contar todo lo demás”.


La actriz, en un fotograma de la película.


Tras Amorosa soledad y Cerro Bayo, la cineasta argentina se ha creado, a ojos de Anaya, un sello de identidad. “Cuenta cosas sencillas, simples, pero que esconden detrás algo muy salvaje, y el trabajo que consigue que hagan los actores es maravilloso”, opina, para resaltar la importancia de la relación intérprete-director, íntima e intensa, durante un rodaje: “Una película es un viaje que haces con tu director, y te tienes que fiar porque es de noche y sólo él lleva la luz”.

La prueba del público
Se nota que Anaya se entrega en cuerpo y alma durante la promoción de sus películas. Es parte de su trabajo y lo asume con una dulzura y una calma que no se encuentran todos los días. La última palabra la tiene, eso sí, el público en las salas a partir de este viernes. “No sé cómo va a llegar la película ni cuanta gente va a verla”, reconoce Anaya. Ella apuesta por la cinta, por “un tema tan común, tan ya baldeado y usado”, como “universal” y “creador de discordia”.

En cualquier caso, ofrecer un producto cinematográfico convencional en España es cada vez más sinónimo de riesgo. Las salas pierden espectadores como si fueran un colador y la rentabilidad de determinado tipo de producciones nace acompañada de interrogantes. ¿Qué ocurre? “Es mentira que a la gente no le guste el cine”, afirma Anaya justo después de recordar las colas “de dos vueltas a la manzana” en el cine de Callao (Madrid) durante la última Fiesta del Cine, “pero no puede ir porque es muy caro”, espeta.

Aunque reconoce otros problemas intrínsecos de la industria cinematográfica española, como “las dificultades de promoción” o “la avalancha de cine comercial” con la que lidiar ante distribuidoras y exhibidoras, Anaya cree que los precios de las entradas podrían bajarse “un poco” para “ayudar a la gente a ir al cine”.

La actriz rompe una lanza por la imparcialidad y también entona un ‘mea culpa’ como espectadora. “Hay que cambiar un poco nuestra manera de ir al cine. Yo misma nunca me he interesado por las tarjetas de socio, los abonos o los descuentos disponibles”. Durante su reflexión, compara experiencias sociales y lo tiene claro: “Tomarte una copa de garrafón en un bar te puede costar 15 euros y no dura hora y media; ir al cine cuesta la mitad y a lo mejor te cambia la vida”.

Aunque reconoce que el actual IVA de las entradas de cine le parece “abusivo”, prefiere no entrar a valorar de lleno las polémicas del Gobierno en su gestión de la industria cinematográfica, como las desafortunadas declaraciones de Montoro. “Es una vergüenza, pero dicen tantas cosas que yo creo que lo importante es centrarse en quien ama el cine y en quien hace su trabajo con respeto”, opina.


Elena Anaya, durante la promoción de Pensé que iba a haber fiesta.


Anaya se define como “una mujer indignada que no sale a la calle todos los días a gritar y a pegarse con gente”. La actriz asegura hacer su “propia batalla”.

“Creo que está clara mi opinión: que hay que bajar los precios y, por supuesto, que el cine es cultura y la cultura es la manera en que un país puede crecer y darse a conocer”, sentencia, “pero lo que no voy a hacer es pegar gritos o llamar sinvergüenza a este señor”. La actriz se decanta por otra estrategia a la hora de mostrar su indignación. “Sigo eligiendo mis proyectos y sigo cumpliendo mi misión, que es la de ayudar a gente a contar historias y contestar a vuestras preguntas siempre y cuando animen a la gente a ir al cine y no a insultarse unos a otros”. Y sella el asunto de una forma cristalina: “Que ellos lo hagan, me parece bien, pero mi manera de entender la vida es otra”.

Tampoco entiende la actriz que la última película de Pedro Almodóvar, Los amantes pasajeros, sólo haya conseguido una nominación a los Goya (en la categoría de mejor diseño de vestuario). Preguntada al respecto, Anaya adelanta su “respeto” a los votos de los académicos, pero los contrasta con el reconocimiento que la Academia Europea de Cine le ha dado al oscarizado cineasta. “¿Que la Academia del Cine Español no tiene de muy buen ver a Pedro? Ni lo sé ni me importa; lo que yo veo es el cariño que le tiene la gente, que no puedes pasear con él por la calle porque le paran para decirle que le quieren”, asegura y opina que “es raro que gane un Bafta, pero que no sea preseleccionado para ir a los Oscar”.

Anaya no oculta la admiración y el amor que siente por el realizador manchego, el responsable del trabajo que le dio ese Goya que, asegura, “va mudándose”. Casi dos años después, desvela esa especie de ‘cuestión fetiche’ de desde dónde mira un intérprete el codiciado busto tras llevárselo a casa. “Lo primero que hice con él fue llevármelo a un parque, donde invité a toda mi familia y amigos a chorizo de jabalí, todo tipo de cosas salvajes y mucho vino; ese fue el primer sitio donde puse el Goya y esa sí que fue una gran fiesta”.
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