20 de noviembre de 2019, 20:46:25
Opinion


¡Qué pesaditos y asesinos son los etarras!



Además de asesinos, los etarras son unos pesados y unos falsos. No hay semana, este mismo sábado, en no que emitan un comunicado, a través de Gara, claro, para anunciar a los cuatro vientos sus “buenas intenciones”: que si van a dejar las armas, que si abandonan la violencia…

Pero nunca dicen ni cuándo, ni cómo. Eso sí, aprovechan sus panfletos para pedir árnica. Pues lo que quieren es que todos sus presos sean excarcelados y colarse en las Instituciones para comer a dos carrillos, obtener información e intentar la independencia del País Vasco.

Por desgracia, sobre todo por la memez de Zapatero y, en parte también por Rajoy, ya han logrado buena parte de sus reivindicaciones: tienen diputados en Madrid y en Vitoria, gobiernan cientos de Ayuntamientos (hasta el de San Sebastián, que es el colmo), prosiguen con sus pretensiones secesionistas, por las buenas o por las malas (la kale borroka ha vuelto a renacer) o se acercan a Burgos para infiltrarse entre los manifestantes de Gamonal y destrozar todo lo que encuentran a mano. Hasta Madrid o Zaragoza llegaron para reventar escaparates, quemar contenedores y apedrear a los policías.

Son los mismos perros y, ni siquiera, se han cambiado los collares. Son la lacra de la democracia española y, por desgracia, lo serán por mucho tiempo. Y, además, están envalentonados. Tras la desgraciada derogación de la doctrina Parot, los asesinos más sanguinarios estaban entre rejas. Ahora, gozan de libertad para urdir todas sus felonías.

No se les puede creer. Y no deberíamos ni leer sus comunicados, pues todos dicen lo mismo: paz a cambio de libertad para seguir organizando sus salvajes acciones. Tendrá que pasar mucho tiempo para que el País Vasco tenga unos representantes independentistas con las manos limpias de sangre.

Porque reivindicar la independencia del País Vasco es legal por los cauces políticos adecuados, por la libertad de expresión, pero homenajear a etarras asesinos o provocar algaradas son delitos que deberían ser castigados con toda severidad. Falta mucho tiempo, sí. Y faltan decisiones políticas contundentes que les pongan en su sitio: en la cárcel, de donde nunca debieron salir.
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