12 de diciembre de 2019, 7:59:14
Opinion


¿Quién gana en Gamonal?



La paralización por parte del Ayuntamiento de Burgos de las obras de la discordia en el barrio de Gamonal no ha tenido el resultado deseable; esto es, el final de los altercados. Lejos de disolverse tras obtener lo que pedían, los organizadores exigen ahora que se ponga en libertad a los detenidos por las algaradas callejeras; algo que, como es lógico, no depende ya del gobierno local sino de los jueces. Una cosa es manifestarse públicamente por una causa concreta, y otra bien distinta arrojar piedras a la Policía y cometer todo tipo de actos vandálicos.

En el actual estado de cosas, podría inferirse que los vecinos han ganado la partida al conseguir la paralización de un proyecto supuestamente lesivo para sus intereses. Hay quien hace otra lectura, consistente en criticar al consistorio burgalés por haber cedido a la presión de actos violentos. Sea como fuere, todo este asunto debe servir para que se reduzca la distancia entre administración y ciudadanía por un lado. Por otro, tiene que quedar meridianamente claro que no todo vale con tal que conseguir un cierto propósito: la democracia tiene sus reglas y procedimientos zurcidos con legalidad y que poco tienen que ver con presiones y manifestaciones. El efecto contagio que los sucesos de Gamonal han tenido en diversos puntos de la geografía española ha derivado también en desmanes urbanos. Y eso es algo intolerable, sea donde sea. Las reivindicaciones cívicas pierden toda su razón de ser si quienes las secundan se dedican a romper escaparates, o a justificar a quienes lo hacen. O aún peor: pensar que esa –la violencia populista- es la forma de imponer decisiones.
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