9 de diciembre de 2019, 15:02:18
Opinion


ETA tiene un plan

Antonio Hualde


Escribía Boris Pasternak a propósito de las masacres de la Segunda Guerra Mundial que “ha de fijarse en la memoria el bombardeo. Aquellos días en cuenta se tendrán en que, como en Belén, el nuevo Herodes, dio rienda suelta a su maldad. Desaparecerán los testigos del pasado, mas el martirio de los niños mutilados jamás se olvidará”. Aquí, en España, hay quien pretende que se olvide. ETA ha asesinado a casi un millar de personas, ha herido de gravedad a muchas más y ha condenado al exilio fuera de Euskadi a familias enteras. Ese ha sido su plan desde que se crease. Y ahora tiene otro.

De momento, ya ha conseguido que sus asesinos más sanguinarios campen a sus anchas por las calles que hace no mucho tiñeron de sangre inocente. Ha contado para ello con los mismos progres que volvieron a activar su brazo político, permitiendo la entrada de Bildu, Sortu y Amaiur en las instituciones, y que ahora, desde Estrasburgo -con Luis López Guerra a la cabeza, el amigo de Zapatero- siguen haciéndoles de mamporreros. La liberación de esos asesinos ha supuesto un golpe muy duro para las víctimas y gentes de bien de toda España.

Así pues, urgía neutralizar su reacción de repulsa con otras contrarias. El nacionalismo en pleno, sobre todo el PNV, se echó a la calle para recibirlos del modo más festivo. Les acompañaron en manifestaciones en las que se pedía la libertad de los que aún cumplen condena, y se quejaban junto a ellos de que todavía se detuviese a terroristas en activo. Mientras, socialistas vascos y navarros se negaban a declarar personas non gratas a tipejos y tipejas cuyo único mérito ha sido asesinar impunemente, e incluso los ediles del PSE en el ayuntamiento de San Sebastián apoyaban una moción de la izquierda abertzale en la que se protestaba por las últimas detenciones.

ETA volvía a tener comiendo de su mano a los de siempre. Faltaban dos cosas: una, recuperar la calle; dos, la guinda del pastel. La primera está más que conseguida, por cuanto la kale borroka, felizmente neutralizada en tiempos de José María Aznar, vuelve a rebrotar con nuevos ímpetus -e idéntica impunidad que cuando gobernaba en PSOE-. La segunda, tristemente, también. El PP vasco ha despreciado vilmente a gentes como Jaime Mayor o Carlos Iturgáiz, y ha enseñado la puerta -trasera- de salida a verdaderos referentes como María San Gil o José Antonio Ortega Lara.

Un partido en el que no caben los buenos se hace coto de mediocres y fariseos y, claro, así les va. El de la barbita obsesionado con salir en la revista Zero y su jefa son el paradigma de la incapacidad y la traición a un electorado huérfano. Iñaki Oyarzábal y Arancha Quiroga están logrando echar por tierra el trabajo de sus antecesores, algunos de los cuales se dejaron la vida por el camino -si Gregorio Ordóñez o Miguel Angel Blanco levantasen la cabeza…-. Desde Interior, el ministro Jorge Fernández Díaz parece seguir la hoja de ruta marcada por Zapatero para incomodar lo menos posible a los terroristas. Sirva como muestra el caso del tal Bolinaga, uno de los secuestradores de José Antonio Ortega Lara que hoy vive a cuerpo de rey en su casita “gracias” a la alfombra roja tendida a sus pies por Interior.

Mientras, casi mil familias lloran a sus seres queridos con el amargor añadido de que a ETA el plan le está funcionando más que bien. Van ganando.
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