13 de noviembre de 2019, 16:04:26
Opinion


Juan Manuel Santos en España



La actual visita del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, a España está dejando numerosos titulares de prensa y una revisión de las expectativas mutuas que comienzan a remover viejos estereotipos. El sostenido crecimiento económico colombiano, la fortaleza de sus instituciones democráticas, pese a los violentos embates que ha debido soportar, y las razonables perspectivas de paz, han hecho modificar las injustas y simplistas etiquetas de narcotráfico que recaían sobre la imagen de sus ciudadanos. Ese justificado cambio de percepción se sustenta en cifras esperanzadoras. El crecimiento del PIB colombiano se mantiene en el 5 %, la inflación está bajo control, la brecha de la desigualdad social se cierra progresivamente y la clase media aumenta hasta rozar el 30 % de la población. Estos logros no se han conseguido mediante un intervencionismo estatal ni un proteccionismo nacionalista, que hoy causan devaluaciones y una inflación descontrolada en los países hispanoamericanos que han optado por esa vía. Colombia es un ejemplo de éxito en su apertura a una economía global, con tratados de libre comercio con Estados Unidos y con Europa, y su activa participación en la Alianza del Pacífico, línea de actuación que impulsa su acelerado desarrollo en los últimos años.

En este contexto se había convertido en un agravio que los ciudadanos colombianos tuvieran que obtener un visado especialmente restrictivo para entrar en España y viajar por la Unión Europea, un requisito cuya supresión se está tramitando y que permitirá volver a impulsar lazos culturales naturales que en los últimos tiempos encontraron excesivas trabas, fomentando la colaboración educativa y el desarrollo de proyectos de investigación, ciencia y tecnología. El crecimiento comercial colombiano exige un inmediato incremento de las infraestructuras del país, en palabras del propio Juan Manuel Santos, hoy en un estado de postración preocupante. El ferrocarril cayó en desuso, no hay grandes autopistas entre las principales ciudades, e incluso Bogotá carece de un transporte suburbano. Unas carencias que asfixian a una nación con grandes puertos tanto en el Atlántico como en el Pacífico, y que presuponen una enorme oportunidad de inversión para las multinacionales españolas especializadas en el sector. La visita de Santos está muy orientada a asegurar una colaboración tan ventajosa para Colombia como para España.

Sin duda, todas estas perspectivas demandan, para llegar a buen puerto, acabar con el conflicto bélico guerrillero. El presidente Juan Manuel Santos ha apostado en firme por una salida negociada y sin impunidad, temiendo solo una acción enloquecida de las FARC que dinamite el proceso de paz. Lo cierto es que las FARC ya han interiorizado su derrota, y continúen en la mesa de paz o rompan con ella, su ciclo histórico ha llegado a su fin. Gestionarlo con inteligencia es clave para que la prosperidad colombiana despegue definitivamente y se consolide en el tiempo, algo que claramente beneficiará por igual a socios históricos como España.
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