25 de mayo de 2020, 14:10:04
Los Lunes de El Imparcial

RESEÑA


Christian Jacq: Imhotep, el inventor de la eternidad


Christian Jacq: Imhotep, el inventor de la eternidad. Traducción de Juan Camargo. Planeta. Barcelona, 2013. 471 páginas. 20 €


Entre dos desiertos, el del Sáhara y el del Sinaí se encuentra un valle en el cual nació una de las primeras civilizaciones que hubo sobre la Tierra. El fértil valle del Nilo aglutinó en torno a sus llanuras una compleja sociedad que aún hoy nos sigue sorprendiendo. Su organización territorial y política, que inició su apogeo con la unión de las tierras del alto y bajo Nilo, las diferentes dinastías de faraones o el complejo entramado funcionarial nos dan una buena idea del poder y la importancia que llegaron a alcanzar. Su religión, con innumerables deidades, mitad hombre mitad animales, todo ello con una base cosmológica y una visión del más allá y de la importancia de los enterramientos que estuvo vigente durante más de 3000 años y que, sin duda, generó el símbolo por el que todos reconocemos el antiguo Egipto: las pirámides. Una de estas pirámides, en concreto la primera que fue construida, la de Saqqara, ilustra la portada de este libro cuyo protagonista principal es Imhotep. Empezó siendo un hacedor de vasijas pero debido a sus extraordinarias cualidades, e incluso poderes sobrenaturales, comenzó a escalar dentro de la sociedad en un periodo convulso como es la transición de un faraón a otro tras su fallecimiento. Hay que tener en cuenta que en Egipto no existía el procedimiento automático que cumpliese con la máxima de «a rey muerto, rey puesto».

Según los historiadores Imhotep fue el primero en tener el privilegio de que su nombre apareciese junto al del faraón. Es más, con el paso de los años se acabaría convirtiendo en una deidad de la mitología egipcia, Sin duda alguna un personaje interesante desde todos los puntos de vista, ya que el ascenso social en el pasado era mucho más complejo y dificultoso que en nuestro tiempo lo cual no deja de plantearnos pregunta de si realmente Imhotep tenía algún don sobrehumano que le llevó desde la base hasta la cúspide.

Recorreremos los desiertos, veremos cuál era el día a día de los habitantes del valle del Nilo que anualmente esperaban la crecida de su río para que con ella viniese el fértil limo que garantizaría las cosechas y la estabilidad hasta la siguiente crecida, viviremos las conspiraciones por el poder que normalmente imaginamos con cortesanos más occidentales, pero que en esta época de la Historia de hace más de cuatro mil años ya existían, una demostración más de que casi todo está ya inventado, porque buceando en el pasado de la humanidad nos damos cuenta de que la Historia se repite, lo que cambia son sus protagonistas y el entorno en el que se desarrollan los acontecimientos.

Si Christian Jacq eligió para su pentalogía al gran faraón Ramsés, en su última novela, este experto en el Antiguo Egipto, ha seleccionado como hilo conductor de su historia al inventor de las pirámides, al creador del símbolo por el cual todos reconocemos la época de mayor esplendor de Egipto, al inventor de esa construcción que hacía de conexión entre lo humano y lo divino, en resumen, el inventor de la eternidad.

Por Jorge Pato García
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