18 de octubre de 2019, 17:55:15
Cultura

SOROGOYEN, GARRIDO Y PEREIRA, NOMINADOS


[i]Stockholm[/i], 'locura colectiva' camino de la alfombra roja

Laura Crespo

Tras hacerse con cuatro galardones en el Festival de Cine de Málaga y alzarse como la mejor película dramática en los Premios Feroz, Stockholm avanza imparable hacia la alfombra roja de los Goya con tres nominaciones. Una vuelta a la historia del 'chico conoce chica', exponente de las necesidades, debilidades y fortalezas del cine contemporáneo, que ha sido autofinanciada (buena parte a través del crowdfunding o micromecenazgo), autoproducida y básicamente autopromocionada. Su responsable, Rodrigo Sorogoyen (nominado a la mejor dirección novel) y sus intérpretes, Aura Garrido y Javier Pereira (nominados a la mejor actriz y el mejor actor revelación, respectivamente), responden a las preguntas de El Imparcial.


Chico conoce chica (o chica conoce chico). Chico adopta el papel de insistente enamorado y chica el de dura de roer. Como todo el mundo espera (aunque duda en silencio) chico y chica acaban deshaciendo la cama. Hasta aquí bien como arranque del argumento de cualquier historia, ya sea comedia romántica, thriller psicológico o dramón en busca de lágrima. En este caso, chico es Él y chica es Ella. Chico es Javier Pereira y chica, Aura Garrido quienes, a las órdenes del cineasta Rodrigo Sorogoyen, se rompen a la mañana siguiente y, con ellos, todo lo demás: el guión, la iluminación, la música, la magia (o los trucos) y, definitivamente, la hasta entonces amabilidad de la película con el público.

Así son las entrañas de Stockholm, una de las apuestas más sólidas del cine de bajo presupuesto y fórmulas alternativas a los premios Goya 2014, que ya engordó su palmarés en el Festival de Cine de Málaga y los Premios Feroz. Con tres candidaturas (las de Rodrigo Sorogoyen a mejor director novel, Aura Garrido a mejor actriz y Javier Pereira a mejor actor revelación), la cinta se ha convertido en embajadora del ‘do it yourself’ en la noche más sobresaliente de la contusionada industria española del cine.

Javier Pereira y Rodrigo Sorogoyen estaban juntos cuando Clara Lago y Quim Gutiérrez, los encargados de anunciar a principios de enero los nominados a los premios de la Academia de Cine, les dieron la buena noticia desde la pantalla de sus ordenadores. Del mismo sofá en el que ahora charlan con este periódico, Pereira saltó antes de que los presentadores terminaran de pronunciar su nombre –“Menos mal que no había ningún Javier Pé…rez”, bromea el actor-. El mismo sofá en el que los protagonistas de su película se sientan, descubriéndose mutuamente tras un gyn tonic, que no es otro que el de la casa del propio Sorogoyen, frente a la madrileña puerta del Sol (anótese el ahorro en localizaciones el futuro cineasta de guerrilla).

Mientras, Aura Garrido se enteró de su segunda nominación a los premios Goya (después colarse en la categoría revelación en 2011 por Planes para mañana) mientras daba una clase de conducir. “Creo que fue un cuadro, no sé cómo no me choqué con alguien”, cuenta la actriz, que ya se llevó el galardón a la mejor interpretación femenina por Stockholm en el Festival de Cine de Málaga.



En realidad, la cita de la ciudad andaluza marcó el punto de inflexión para todos ellos. Allí acudían con una cinta terminada a base de esfuerzo (no sólo el director metió el rodaje en su casa; los actores capitalizaron su sueldo y levantaron la cinta sin un euro de ayuda pública) y poco más. Fue allí donde llegaron los primeros premios, los aplausos del público y la sorpresa de la crítica, el boca-a-boca y, por fin, la distribución.

Stockholm se estrenó el pasado mes de noviembre en 15 salas españolas con la distribuidora Festival Films, “una estrategia pequeñita” que, según Sorogoyen, “es la que había que llevar”. Para Garrido, “es el pez que se muerde la cola en el cine español”.

“Una película que empieza siendo pequeña, lo más probable es que consiga una distribución muy concreta y se quede pequeña”, analiza. Importe o no importe el tamaño, lo cierto es que Stockholm ha pegado el estirón.

Autoproducción
Con un guión que el director califica como “original” pero “para todos los públicos”, Sorogoyen asegura que llamaron a algunas puertas del recorrido convencional “por intentarlo”, pero sin demasiado empeño por, dice, prever la negativa. El cineasta ve “un miedo muy establecido en la gente que tiene el dinero” porque “perder pasta ahora no es lo mismo que perderla antes”.

Hay mucha cerrazón en las grandes productoras y, si no cumples unos parámetros de estrellas de cine y estructura estándar con subtramas y final feliz, ya tienes una peli extraña que no va a ver nadie”, lamenta el cineasta, e insta a “quitarse ese miedo” que “te paraliza y no te hace avanzar”.

Descartada la cobertura de las principales productoras, Stockholm echó a andar sin red. Con la implicación económica del cineasta, la capitalización del sueldo de los actores y una campaña de crowdfunding que descargó un 20 por ciento el presupuesto gracias a la aportación privada de 244 micro mecenas, se consiguieron los 65.000 euros con los que se ha hecho la película.

“Todo esto era una aventura, muy emocionante e interesante, por cierto, pero también una necesidad. A los que nos dedicamos a esto, que somos muchísimos, nos une la necesidad de contar historias, de trabajar en esto, y esta la opción que ahora tenemos”, explica Sorogoyen.

Estos "muchísimos" vienen a ser también sufridores del Síndrome de Estocolmo con su propia profesión, a la que adoran y juran fidelidad ciega e incondicional. ¿No es también una locura esto de la autoproducción? “Puede parecerlo, pero no debe ser tanta puesto que no somos los únicos. Hay miles de personas y de equipos que han hecho películas de esta forma y, según como están las cosas, parece que es la triste normalidad”, señala el nominado.



Subvención y “demagogia”
Tampoco Stockholm sumó euros a su cuenta gracias a los organismos públicos. Aunque sí pidieron “un par de ayudas”, el proyecto se parió finalmente sin subvenciones, ese camino paralelo a la industria española del cine y diana de sus más acérrimos detractores. Aún sin haberse beneficiado de ellas, los tres nominados defienden en su charla con El Imparcial las ayudas públicas al cine y achacan la polémica que han venido levantando los últimos años a un “problema de demagogia”.

“Creo que se ha tergiversado en qué consiste este asunto; todo el mundo piensa que el cine vive de las subvenciones cuando ahora mismo es totalmente lo contrario: el Gobierno se está llevando mucho más dinero del cine del que el cine recibe del Gobierno”, defiende Aura Garrido. La actriz ve “complejidad” en el problema, pero apuesta por una “cultura subvencionada” porque, en su opinión, “una industria cinematográfica sana no debe consistir sólo en las películas comerciales que reportan beneficios a las empresas privadas que las producen”.

Su compañero de reparto asegura que “todo en este país está subvencionado” e intuye motivos políticos tras la polémica: “Si no hubiera pasado en su momento lo del ‘No a la guerra’ de los actores, lo mismo nadie hubiera criticado las subvenciones” al sector cinematográfico, sugiere Pereira.



Lo masculino y lo femenino
Ni Garrido ni Pereira visten un nombre durante los 92 minutos de la película. Son, sin más, Ella y Él. Así los quiso (in)definir el director y guionista para hablar de las generalidades de “lo femenino y lo masculino”. El cineasta reconoce que jugar con estos dos términos “es muy arriesgado” y que “seguramente haya mucha gente que no esté de acuerdo”.

“No es que los hombres y las mujeres sean totalmente distintos, pero tienen sus diferencias”, señala Sorogoyen y asegura que, en base a su experiencia, a la mañana siguiente “son más chicas las que quieren quedarse y más los chicos que prefieren irse”. “Creo que he acertado", defiende.

Garrido, que representa esa parte “femenina” del binomio protagonista (o antagonista) de Stockholm, habla de los “roles educaciones y culturales impuestos” como el aspecto más sugerente de la historia. “Me parecía interesante hablar de esto desde mi punto de vista de mujer joven, de mi generación”, explica la actriz. “Estamos entre los roles que nos han impuesto y los roles nuevos que queremos crear y que no sabemos cuáles son; hemos pasado ya supuestamente la liberación sexual, pero tampoco sabemos exactamente a dónde vamos ni qué tipo de vida sexual queremos”, expone Garrido, quien define la situación actual al respecto como un “caos absoluto”.

Cine a 4,99
Sólo en el primer fin de semana, y con una estrategia de publicidad que apenas salió de las redes sociales, Stockholm consiguió una recaudación en taquilla de 15.456 euros, unos nada desdeñables 1.200 euros por copia.



A pesar de sumar casi todos los ingredientes de un tipo de cine contemporáneo que se abraza a Internet desde el minuto uno, no ha sido hasta ahora, casi tres meses después de su estreno en salas, cuando la cinta se ha empezado a distribuir a través de las plataformas de contenidos audiovisuales online. Como en el guión, el rodaje y la producción, tras la estrategia de distribución también subyace un proyecto muy personal. “Internet es una oportunidad, por supuesto, lo que pasa es que me da mucha pena lo que está pasando con las salas, que la gente no vaya al cine”, dice Sorogoyen.

Para animar a los espectadores, el equipo de Stockholm llegó a un acuerdo con algunas salas de cine para rebajar la entrada hasta 4,99 euros. ¿Demuestra esta acción que sí que hay margen para bajar el precio de las entradas, a menudo consideradas caras por los consumidores? “Nosotros no lo hicimos pensando en los beneficios, sino en que la gente vaya a los cines”, asegura el director, quien considera “una cuestión de cierta justicia” que Stockholm “sea más barata que otras cosas que se han hecho, como por ejemplo Gravity”. Sorogoyen lo ve como un camino para “competir precisamente con esas otras películas”, pero reconoce que “si hay cines que han dicho que sí, no es para hacer un favor sino porque ven negocio”.
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