17 de octubre de 2019, 12:07:54
Cultura

nominado a dos premios goya


Antonio de la Torre: “Puede hacer una película que guste más o menos, pero Almodóvar es Marca España”

Laura Crespo

El Imparcial charla con Antonio de la Torre, nominado al Goya al mejor actor y a la mejor interpretación masculina de reparto, a cuatro día de la gala de los premios del cine español.


La primera vez que pisó la fiesta de los nominados a los premios Goya se hizo una foto con el diploma que constataba que podía convertirse en el mejor actor de reparto de 2006 por su papel en Azuloscurocasinegro. “Para poder enseñárselo a mis nietos. ¿Cómo coño iba yo a saber entonces que volvería más veces?”. Antonio de la Torre terminó llevándose el galardón ese año y, aunque asegura que no se veía ganador frente a Juan Echanove, Leonardo Sbaraglia y Juan Diego Botto, sí se llevó “un papelito" con unas palabras, "por si acaso”. El actor malagueño no ha vuelto a subir a por uno de los codiciados cabezones del cine español, pero se pasea como Pedro por su casa por ese encuentro de los nominados que se celebra semanas antes de la gala. En esta ocasión, y ya es el segundo año consecutivo, no porta una, sino dos candidaturas: la de mejor actor por Caníbal y la de mejor actor de reparto por La gran familia española. “Se habrá traspapelado lo de la edición pasada”, bromea De la Torre en una charla con este periódico.

En realidad no es tan raro. Cuando uno no para de trabajar, en registros tan distintos y películas tan dispares, es razonable llamar la atención de quienes reparten los reconocimientos. Antonio de la Torre ha sido este año Carlos, un reputado sastre granadino en público que esconde en la intimidad un depredador, asesino y devorador de mujeres. También ha sido Adán, el inseguro, depresivo y atormentado hermano mayor de La gran familia de Daniel Sánchez Arévalo. En el primer caso, el particular Hanibal Lécter escrito y dirigido por Manuel Martín Cuenca se lleva el oxígeno de cada plano del metraje, y lo hace con elegancia, minuciosidad y respeto en una cinta con la incontestable firma del autor. En el segundo trabajo, De la Torre aporta su pico y su pala a la comedia coral que acude con más opciones a la gala de los Goya.

¿Se ve Antonio de la Torre ganador?
“Siempre hay una parte de ti que lo ve muy difícil, por sensaciones, por pálpitos o por derrotista. Pero también existe otro lado que, inevitablemente, te lleva a pensar que sí y, cuando te quedas solo, esa parte fantasea”.

Entre fantasía y fantasía, la realidad de los premios Feroz lo convirtió la pasada semana en el mejor actor para la crítica cinematográfica por su trabajo en Caníbal. Los críticos han hecho la ola al malagueño en la versión española de los Globos de Oro pero, aunque hoy parezca una suerte de blasfemia escribirlo si quiera, no siempre ha convencido su trabajo.

El peor momento de mi carrera hasta ahora lo pasé con las críticas de Gordos. Algunas de ellas me molían a palos. He aprendido la lección de que es imposible contentar a todo el mundo. Ni Bardem lo hace. No puedo negar que cuando leo una buena crítica me gusta, ¡somos humanos!, pero intento tomar distancia. Durante la ronda de entrevistas cuando presentamos Caníbal en San Sebastián, cinco periodistas seguidos empezaron preguntándome cómo llevaba ser el favorito a la Concha de Plata. En la primera, bromeas. A la quinta, te lo crees”.

Eso es lo malo, la exposición que conlleva en esencia el trabajo de los actores, y De la Torre, que es un hombre que no niega la contradicción en la que se lía a menudo, suelta: “Me encantaría ser muy reconocido por mi trabajo y al mismo tiempo ser un completo desconocido”. Entonces evoca para este diario una escena real, algo que ocurrió hace unos días y que no es descabellado que termine siendo recreado delante de una cámara: “El otro día iba con Manolo Martín Cuenca –director de Caníbal-. Era de noche, cuando las situaciones de peligro aumentan. Yo no he hecho mucha tele, pero la gente me va conociendo y ya se acercan a pedir una foto y cosas así. Llegamos andando a la Plaza Mayor y un grupo de gente, italianos creo que eran, me pidieron que les hiciera yo una foto a ellos. Según Manolo, se me veía feliz”.

El actor cree, de hecho, que “en este oficio no viene bien sentirte observado”. Nueva paradoja que De la Torre coloca detrás del batacazo en nominaciones a los Goya del último trabajo de Almodóvar, Los amantes pasajeros, en la que también participa.

“Me cuesta entenderlo porque creo que hay algunos trabajos notables de interpretación, por supuesto no el mío. Entiendo que Pedro Almodóvar ha hecho una película muy arriesgada. Quería hacer algo divertido, pasárselo bien y divertir a la gente. Supongo que no le habrá hecho mucha gracia haber obtenido sólo una nominación, pero él quería hacer esa película y la ha hecho. Almodóvar es una figura muy conocida, respetada mundialmente y con la que todos los actores de Hollywood quieren trabajar, pero esto también tiene un lado malo y es que se le mira con lupa. Con este panorama, entiendo que hacer una película así, puede ser algo que descuadre, pero somos humanos”.

¿Y qué hay de las teorías que ven un castigo de la Academia al manchego dadas las supuestas malas relaciones entre ambos?
“No creo que haya nada de eso. La Academia es mucha gente que vota cada uno desde su casa y tampoco nos enteramos de las no nominaciones, igual de la Almodóvar era justo la sexta y por sólo un voto de diferencia con la anterior. Todo esto me lleva más a la teoría del español”.

Conspiraciones académicas a parte, pedimos al actor que explique su hipótesis.
“Aunque es una generalización, creo que los españoles somos los que más despreciamos lo propio. Hay una falta de valoración tremenda de lo nuestro. Puede hacer una película que te guste más o te guste menos, pero Almodóvar es Marca España, es un tío que ha hecho por el cine español lo más grande desde Buñuel y que pone a nuestro país en el mapa. Nada más que por eso, habría que tenerle un respeto. El español tiene un problema de amor propio a todos los niveles. En cine, por ejemplo, tenemos más talento del que nos creemos. En Hollywood se hacen más de 600 películas al año y aquí, antes de la crisis, entre 100 y 120, que ahora serán muchas menos. En España, todos los años hay por lo menos diez películas que están de puta madre; a ver quién es capaz de decirme 60 películas buenas americanas cada año. La ‘españolada’, el exceso de guerra civil… es todo una ‘jartá’ de tópicos”.



Antonio de la Torre está cerca de saber si subirá o no a por el que sería el segundo Goya de su carrera. En este punto, se le pide que mire hacia atrás.

“Hay algo que te va como llevando, pero también ha sido muy duro y hubo un momento en el que pensé que ya no, que ya era imposible. A los 30 tuve una crisis muy gorda”.

Con 30 años, De la Torre volvía de Madrid a su Málaga natal después de haber probado suerte con desiguales resultados en la capital. Ya había trabajado antes en Canal Sur tras acabar sus estudios de periodismo y su vuelta a casa coincidió con la apertura de la segunda cadena de la televisión andaluza. Allí empezó como presentador deportivo en Sevilla. “Para mí fue una decisión muy dura que me dejaba cierta sensación de fracaso. Me gustaba el curro, era de lo que había estudiado y estaba bien pagado, pero no podía dejar de preguntarme cómo iba a hacer una carrera como actor si estaba trabajando allí. Aunque en Canal Sur lo consideraban como mi hobby y a mí me sentaba falta, el jefe me dejaba tiempo para hacer los bolos que iban saliendo y los compañeros me cambiaban los turnos que necesitara”.

Ahora, la autonómica lo siente como “su” Antonio y él, que se siente querido, se deja querer.

“Por eso la solidaridad es bonita, porque es hermoso cuando ayudas a alguien y después le va bien. Creo que esto es realmente lo que mueve el mundo y por eso me fascina el capitalismo, porque no sé cómo cojones consigue lo que consigue. Estoy seguro de que Raúl, el futbolista, cambiaría los muchos millones de euros que ha ganado en su carrera por haber sido campeón con España de algo”.

Y ahí es donde rompe. Como La gran familia española y su próximo trabajo en la gran pantalla, una película francesa sobre la historia de la FIFA, las contradicciones que le definen también juegan al fútbol.

“Lo del fútbol me lo tengo que hacer ver. Por un lado, soy súper fan, súper aficionado, pero por otra parte pienso en cómo funciona ese mundo y me dan ganas de no volver a ver un partido en mi vida. Hace tiempo leí un reportaje sobre el pelotazo financiero que hay en todos los equipos. En él, un concejal de Sevilla decía bajo anonimato que el problema que tenemos es que la gente es antes hincha que ciudadano y los presidentes de los clubes lo saben. La gente se queda satisfecha con que su equipo gane, aunque tenga problemas en su casa, y con esa gente manejas, ganas pasta y haces un poder tan grande que Hacienda no se atreve a tocar. Creo que es un acceso inadecuado a la cultura lo que crea personas simples y manipulables”.

Poder y manipulación son dos palabras que, juntas, crispan el discurso de Antonio de la Torre.
“Con la edad que tengo y habiendo estudiado y ejercido de periodista, tengo la convicción de que el poder manipula, especialmente a través de los medios de comunicación, que pertenecen a empresas cuyo fin es maximizar el beneficio. Y salvo el intento de Zapatero, que fue lo más potable que hemos tenido en la democracia, el uso que se hace de los medios públicos es el mismo. Creo que hay cosas de las que hay que hablar, como que una sanidad y una educación públicas tienen que ser intocables, que el Estado de Bienestar ha costado a los españoles muchas vidas y mucho esfuerzo como para ahora dejarlo caer o que una sociedad más inculta es una sociedad más manipulable”.



Sus palabras recuerdan a algunos de los discursos de los premiados en las últimas ediciones de los Goya. ¿Habrá también este año polémica?
“Yo me llamo Antonio de la Torre Martín, soy ciudadano español, tengo mis ideas, mis pensamientos sobre la vida, sobre el tipo de sociedad en la que quiero vivir o sobre el mundo en el que quiero que crezca mi hija, y creo que tengo derecho a reivindicarlo. ¿Qué me diferencia a mí de otras personas? Que yo, a veces, tengo la oportunidad de que alguien me ponga un micrófono y una cámara delante. Cada uno debe decir lo que le dé la gana. No es una cuestión política. Tú puedes elegir ese momento para dedicárselo a un ser querido o para poner encima de la mesa temas que crees relevantes para tomar conciencia y pensar qué hacemos entre todos. Está claro que cuando la gente se une, se puede. Ahí está la marea blanca en Madrid o el Gamonal en Burgos”.

A ellos, a los vecinos del Gamonal, dedicó De la Torre unas palabras tras recoger su galardón en los Feroz. ¿Y esta vez? ¿Llevará, por si acaso, un “papelito”?
“Esta vez no voy a llevar nada escrito pero, si sale, tengo algunas ideas en la cabeza”.

Desde luego.
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