23 de enero de 2020, 16:41:25
Cultura

DIRECTOR DE [i]Vivir es fácil con los ojos cerrados[/i], CON 7 NOMINACIONES


David Trueba: "Que el Estado sea fundamental de casi todas las industrias es muy peligroso"

Laura Crespo

El cineasta David Trueba se enfrenta este domingo a su sexta nominación a un premio Goya y Vivir es fácil con los ojos cerrados podría regalarle su primera estatuilla. Además de la de mejor director, la película opta a otras seis categorías: mejor guión, mejor música original, mejor vestuario, mejor actor y mejor actriz revelación y mejor película. Por Laura Crespo


“Cada día hay 8.000 millones de historias, cada persona tiene una historia que podría ser una película, de lo que depende es de que alguien lo vea”. De entre todas, David Trueba se fijó en la de Juan Carrión, un profesor de inglés de Cartagena, uno de los primeros en España que utilizó la música como método de enseñanza. El cineasta madrileño, como muchos españoles, sabía que en 1966 John Lennon se encontraba en Almería rodando la película de Richard Lester Así gané la guerra. Lo que no sabía es que Carrión hizo un viaje hasta la ciudad andaluza con la firme intención de reunirse con el Beatle y solventar algunas dudas sobre las letras de sus canciones, troncales en el temario del profesor murciano. Ese encuentro cambiaría para siempre el modelo discográfico de la histórica banda, que empezó a incluir en sus discos un libreto con las transcripciones de sus letras. Casi 40 años después, quizás cambie también la de Trueba, quien se enganchó de este relato y lo transformó en Vivir es fácil con los ojos cerrados, película que opta a siete premios Goya incluidos los de mejor director y mejor película.

“Para mí esta historia tenía algo muy cinematográfico, el espíritu de una persona que lucha, que pelea por lo que le gusta, por su oficio y por la trascendencia de lo que hace. Lo que me sorprendía es que casi nadie viera ahí una película. El propio Juan Carrión me confesó que cuando intentaba contarla, ni le prestaban atención”. Trueba reconoce en una charla con este diario que “ahí es donde entra la sensibilidad de propio director”.

“Cuando algo te atrae es porque tú tienes algo dentro. El episodio de Juan Carrión se fundió con otras historias mías, con mi propia manera de ver el mundo y eso fue lo que lo transformó en película”. Así que al final sí, ahí había una película, una que llega a los Goya con el precedente sembrado en los CEC, los premios del Círculo de Escritores Cinematográficos: mejor guión, mejor actriz revelación y, por supuesto, mejor película.



Probablemente fuera el amor incondicional por su profesión lo que conectara a un director de cine que ha desarrollado su carrera en los 2000 con un profesor de inglés de la España de los sesenta. Como Carrión, David Trueba tiene su particular episodio de “locura” hacia un ídolo, ese en el que su tenacidad le terminó llevando a la oficina del mismísimo Willy Wilder, “una de las personas a las que más admiraba”. En ambos casos, la anécdota –asumiendo que reunirse con Lennon o Wilder no sea más que eso- es sólo una parte del todo, un ramalazo pintoresco y cinematográfico de un estado, el de la “locura de identificación con tu oficio”.

“Sinceramente, creo que en el hecho de hacer una película o de escribir una novela hay algo de esa locura. Cuando te lanzas a ese proceso en el fondo lo que estás haciendo no es un razonamiento lógico. La lógica te diría que lo hagas porque ya hay demasiadas novelas y pelícuas, y demasiadas buenas. Pero lo haces porque crees que es tu obligación, tu pasión, tu sentido de la vida y de la verdad”.

¿Tiene esta locura peor diagnóstico en los tiempos que corren?
“Ahora es más fácil que nunca hacer una película porque antes la técnica cinematográfica era casi un secreto de alquimistas y ahora es mucho más sencillo. Lo que es más complicado es que esa película llegue a un número de población suficiente para que tenga relevancia, para que se recupere la inversión y para que realmente se pueda llamar comunicación, que es lo que nosotros hacemos y no un trabajo de autismo. En esa contradicción nos movemos”.

Con el deje didáctico que le atraviesa, Trueba escribió hace unos días que “una película española compite en bicicleta estática en una autopista de cinco carriles”. La imagen evocada necesita poco más. Pero, ¿a qué cree el cineasta que se debe este estatismo?
“Tiene que ver con la definición de un mercado libre. La verdadera libertad depende de que las condiciones del mercado sean iguales para todos. En Estados Unidos hay una gran intervención política sobre el mercado para seguir defendiendo que sea libre. Es una intervención orientada a la limitación de los monopolios y del abuso de posiciones dominantes y no basada en las ayudas, como aquí”.

El cineasta dibuja un esquema de los que, a su juicio, son los principales problemas del planteamiento español.
“Lo que sucede en España es que la mayoría de las salas de cine pertenecen a conglomerados de capital riesgo, muchos de ellos asociados con distribuidoras que tienen sus pactos. Además, a las televisiones se les permite producir películas cuando deberían ser sólo emisoras de esas películas para evitar que se sitúen en una posición dominante, en la que ellas decidan lo que se hace porque no tienen ninguna otra restricción. Es como si en el quiosco de prensa, el quiosquero exigiera ser dueño de los periódicos para ponerlos en venta. Para corregir esto, en lugar de trabajar en una política de mercado, de competencia comercial del cine como en cualquier otra industria, se va a política de intervención, casi de paternalismo”.

Los problemas del sector cinematográfico, dice Trueba, son en realidad “un problema básico de España que se ha descubierto con la crisis”.
“Mucha gente no tenía ni idea de hasta qué punto vivimos en una especie de tutela, donde el Estado es la pieza fundamental para la existencia de prácticamente todas las industrias. Eso es realmente triste y convierte al Estado en una maquinaria muy peligrosa. Cuando se habla de liberalismo económico, se debería hablar con todas sus consecuencias. Para que el liberalismo funcione hay que limitar esa dominación que provoca que la riqueza se concentre en unas pocas manos”.

El nominado por Vivir es fácil con los ojos cerrados aboga por pedir al Estado “una legislación y no una intervención”.
“Cuando el Estado pone unas reglas justas, todos las aceptamos y jugamos. Lo que ocurre es que cuando alguien protesta por una regla injusta, la respuesta es una oficina de ayuda particular o un subsidio para sostener algo que no se atreven a arreglar de otra manera”.

De justo e injusto se habló mucho cuando el Gobierno decidió subir el IVA de las entradas de cine hasta el 21 por ciento. Ahora, el Ejecutivo ha mostrado su intención de rebajar de nuevo el gravamen hasta en once puntos. Para Trueba la marcha atrás viene “provocada, no por la presión social, sino porque no salen las cuentas”.
“El daño que se ha hecho a la industria se ha traducido en despidos, disminución de la explotación y cierre de empresas. Al final, aunque se recaude más por impuestos, el total que saca el Estado es menor porque la producción es menor. Aritméticamente no cuadran los números. El Gobierno francés también tuvo la tentación de subir el IVA para los espectáculos, pero al final, no sólo no lo subió, sino que lo rebajó al 5 por ciento. Según los números, bajar la presión fiscal lleva a la creación de trabajo, al aumento de la venta de entradas y al mantenimiento de la industria. Sale más a cuenta recaudar por este camino indirecto que por el ‘ivazo’, que es como si una persona con pocos recursos decidiera amputarse un brazo y venderlo: ese mes seguramente ingresa dinero, pero le faltará el brazo el resto de su vida”.



Abrir los ojos
Trueba cree que, si algo bueno se puede sacar de la crisis, es que la gente está empezando a vivir con los ojos más abiertos, aunque no sea tan fácil, y a “leer la letra pequeña de la realidad”. Sin embargo, para el cineasta madrileño hay algo peor que cerrar los ojos: “llenarlos de demasiadas cosas”.

“Ahora mismo hay demasiado desafío, demasiada gente diciendo cómo deben ser las cosas, y cuando rascas en sus discursos, lo que encuentras en una vaciedad casi absoluta. Toda la gente está indignada y cree tener la receta, pero lo que yo veo es que hay muy poco conocimiento y que casi nadie aporta nada realmente reformista. Si ahora empezamos a mejorar es porque otros países estarán empeorando, pero no veo una solución a largo plazo sobre un conflicto que tiene ver con el mal reparto de la riqueza y de la justicia en el mundo”.

Pocas soluciones para los mismos problemas de siempre. El madrileño coloca la acción de su película en 1966, pero plantea situaciones e interrogantes que bien podrían salir de cualquier casa de esta ya segunda década del siglo XXI.
“Los problemas de la Humanidad son casi siempre los mismos y lo que interesa del pasado es cómo fuimos capaces los hombres, seres tan imperfectos, de resolverlos. Creo que debemos ser humildes y dejar de pensar que las personas actuales somos mejores que las anteriores, que somos más sofisticados porque tenemos más tecnología, más medios y más conocimiento. En el pasado, gente con mucha menos preparación e información que nosotros fue más sabia”.

De primeros Goya
Vivir es fácil con los ojos cerrados parte el domingo con siete opciones y la cosa va de primeros Goya: el que podría llevarse Natalia de Molina, obviamente, como mejor actriz revelación, y los que se le resisten a Trueba y Javier Cámara como mejor director y mejor actor, a los que optan por quinta y sexta vez respectivamente. Pero el cineasta se rinde a su creación:
“Todo depende de la película, todo lo que ganemos se lo deberemos a ella y hay que quitarlo de nuestra trayectoria o de nosotros como personas. Hay que colocarse en nuestra verdadera posición que es de inferioridad con respecto a la película, nosotros somos sus empleados y si la película gana ese reconocimiento, nosotros lo recibiremos, pero nada más”.

Si finalmente sube a recibir ese premio a su trabajo, Trueba seguirá por ese camino y su discurso se mantendrá en la esfera de lo cinematográfico.
“Creo que cada persona puede utilizar como le venga en gana el minuto de exposición que tiene al recoger un Goya, pero me parece que, en general, se gestiona de un modo patético. No creo que sea el lugar para ser Nelson Mandela. Se puede hacer un discurso social o político, pero creo que debería partir, al menos, de la película que has hecho o del premio que estás recogiendo, intentar relacionar una cosa con la otra. Para mí, el camino está por aquí, pero ahí entra la libertad de cada uno”.

En cuanto a su porra particular para el palmarés del domingo, de haber apostado, perdería. O eso dice él. “Siempre que la hago me equivoco porque lo que me gusta no suele coincidir con lo que le gusta a los demás. Hace mucho tiempo que me acostumbré a saber que mi criterio no es el mayoritario”.
En eso se equivoca un poco. Entre 8.000 millones de historias, escogió la de Juan Carrión y, de momento, la crítica y una buena parte del difícil público autóctono le han dado la razón: ahí había una película. Veamos qué pasa con los Académicos este domingo.
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