26 de enero de 2020, 5:01:03
Cultura

parte como favorita al goya a mejor actriz de reparto por [i]Las brujas de Zugarramurdi[/i]


Terele Pávez: "Yo ya he hecho mucho de fea, le entrego los poderes a Carmen Maura"

Laura Crespo

Tras hacerse con el galardón a la mejor actriz de reparto por su papel en Las brujas de Zugarramurdi en los premios Feroz y en los del Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC), la actriz Terele Pávez parte también como favorita para llevarse a casa el Goya en esa categoría. A pocas horas de la gran gala, El Imparcial ha charlado con ella.


Terele Pávez no anda, flota. El dulce, extremadamente dulce, momento por el que pasa la actriz le supura en cada movimiento. Y ella tampoco hace por ocultarlo. “He decidido que quiero llevar siempre a Álex en una mano y a Gerardo en la otra. Cada uno ha puesto en mi vida todo lo que tengo ahora”. De la mano de Gerardo Vera acaba de estrenar una nueva temporada del montaje El cojo de Inishmaan, que se ha mudado del Teatro Español al Infanta Isabel, llevándose consigo las colas en taquilla, los llenos absolutos y el público en pie tras cada función. Del otro lado, es Álex de la Iglesia quien coge la mano de Terele, quien la lleva cogiendo desde que en 1995 la quisiera para celebrar su día de la bestia, a pesar de su fama de “mujer difícil”. De su último trabajo con el cineasta madrileño, Las brujas de Zugarramurdi, la actriz ya ha recogido un Feroz y un Premio CEC, además del cariño de un equipo de rodaje que, reconoce, la ha desbordado. Y así, con el corazón a rebosar, acude Terele Pávez a la gala de los Goya, en la que parte como favorita para llevarse a casa el galardón a la mejor actriz de reparto.

Favoritos los ha habido que han salido con las manos vacías, aunque en este caso los premios Feroz y los del Círculo de Escritores Cinematográficos pueden interpretarse como una avanzadilla del primer Goya para Pávez. ¿Lo piensa la actriz bilbaína?
“Es inevitable pensarlo. Mis compañeras de profesión estarán igual pero al revés, pensando que como me han dado ya dos, este ya no me toca. Todos buscamos la manera de disfrutar de este día, pero no se sabe nada hasta que lo den. Lo que es cierto es que estoy más preparada para el no que para el sí. Es la quinta vez que voy como nominada y ya tengo la técnica: sonreír y aplaudir”.

Aún así, muchos ya la ven “jugando a las tres en raya” con la terna de galardones. “Aquí en el teatro me dicen que no se me ocurra venir sin el Goya. Veo sobre todo el cariño de la profesión, eso lo estoy viviendo ya y doy tantas gracias, y rezo, y prometo cosas que luego no cumplo”. Pávez mira al techo, o un poco más allá, y se desdice: “¡Sí las voy a cumplir!”, para resumir un discurso en el que ella misma se pierde entre agradecimientos, emociones y un torrente de ganas: “Lo estoy disfrutando mucho, de verdad”.

Dice Terele que una vez que aprendes a colocar las primeras sílabas, ‘Zugarra…’, el resto viene solo. ‘Zugarramurdi’. Desde esta localidad navarra acaba de recibir una llamada de “un grupo de brujas” con las que jugó a los aquelarres en una de esas escenas cinematográficas con sello ‘De la Iglesia’. “Me han dicho que están muy orgullosas de mí. Yo creo que algo han hecho, brujería buena o algo así”. Fueron casi 500 las extras que participaron en la locura final de Las brujas de Zugarramurdi, un rodaje que puso a Pávez a la altura de las estrellas del Rock, en una plataforma sobre cientos de fans enloquecidas, además de hacerla caminar por el techo, ser arrollada por un coche o comer rollizos niños pequeños. Pero nada más inquietante como la cláusula que, según sospecha la actriz, debieron de firmar los miembros del equipo bajo el rótulo ‘que Terele sea feliz’. “Algo debieron de aceptar en el contrato para que no me faltara una silla, una mano o un café; había cinco personas para mí, y siempre con una sonrisa. Se trabaja tanto en este cine que no entiendo cómo podían mantener ese espíritu, ni como me daban besos con esas pintas que llevaba. Me iba a casa emocionada cada día y ahí, con esa bruja que a mí misma me daba miedo, empezó una etapa increíble de mi vida”.

La deslenguada y pasada de rosca bruja Maritxu le puede valer a Terele el primer Goya de su carrera en la que es ya su quinta nominación. Son los papeles que para ella escribe De la Iglesia los que le han valido tanto esta como las dos anteriores (por La Comunidad en el año 2000 y por Balada triste de trompeta en 2010). ¿Tanto la conoce el cineasta que sabe lo que le viene como anillo al dedo? “Alex me conoce tanto que sabe a dónde podemos llegar, sabe que no le voy a poner peros y que es facilísimo jugar conmigo”.



Arrugas y Verrugas para una bruja desaliñada, áspera y brusca. Pávez se niega a poco, aunque ahora que mira a la vida con la mejor de sus sonrisas, reconoce que le apetece rímel, pintalabios y una luz bonita. Ella, que se reconoce "desde siempre" muy vaga para arreglarse, reconoce que ahora se lo ha propuesto. “Hace unos meses, Carmen Maura decía en San Sebastián que ya es mayorcita y que a partir de ahora ya no le importa salir fea. Pues yo estoy al revés, ahora que soy mayorcita quiero salir guapa. Yo ya he hecho mucho de fea, ¡le entrego los poderes a Carmen Maura!”.

Bromas aparte, no puede negarse que el tándem Pávez-Maura tiene tirón, y si ya funcionó en La Comunidad ha vuelto a hacer las delicias del público en Las Brujas de Zugarramurdi. Nada tiene que envidiar, eso sí, la pareja que forma con otra veterana, Marisa Paredes, encima de un escenario. El cojo de Inishmaan las ha convertido en hermanas dentro y fuera del texto. “Venimos felices a trabajar, salimos al escenario con una autenticidad de sentimientos brutal”, cuenta Terele, que se siente parte de “una compañía mágica”.

En el teatro, Irene Escolar, Ferran Vilajosana y Adam Jezierski. En la película, Macarena Gómez, Carolina Bang, Mario Casas y Hugo Silva. Además de encontrarse con veteranos titanes de la interpretación, Terele ha compartido sus últimos trabajos con jóvenes promesas que han conseguido encontrar los huecos precisos para resirar el poco oxígeno que llega al mundo de la cultura. Aún así, la actriz bilbaína es optimista.
“Pienso que esta es una profesión que no se va a acabar nunca, como no se va a acabar nunca la de hacer casas. Nos necesitamos todos: desde un señor que te ponga el techo de tu casa sin que se te caiga, hasta alguien que te cuente cosas o te interprete música en tu tiempo libre. Es imposible vivir sin una expresión que te llegue. ¿Los actores? Que empiecen. No es actor el que trabaja en esto sino el que, por los motivos íntimos que sean, dice ‘soy actor’. Tú empieza y no te pongas metas. Aprende todo lo que puedas, viaja, ama a las personas, interésate por lo que les pasa, cuéntale quién eres a los personajes que interpretes… Si haces todo esto, ya eres actor. Querer tener una casa grande, un coche y mucho dinero ya es otra cosa. De esto se puede vivir, y bien a veces, pero realmente la felicidad está en hacer lo que uno ama. Yo he vivido en pensiones, ya no sé en cuántas, y he tenido que hacer trampas para pagar la luz, pero he sido siempre feliz. Y sobre todo, no hay que pensar dónde quieres estar dentro de un año porque no sabes qué va a pasar. Cuando me han llamado para algunos trabajos, la primera que me he caído al suelo de la sorpresa he sido yo”.

Quizás una de esas sorpresas fue la de la primera colaboración con Alex de la Iglesia. Según se cuenta, los productores de El día de la bestia recomendaron al cineasta no llamar a Terele, por considerarla una “mujer difícil”, un calificativo que la acompañaría durante buena parte de su carrera. ¿A qué cree ella que se debe?
“Sinceramente, no lo sé. Igual por el físico, o porque he sido una persona con menos prejuicios y menos cuento que otras. Igual también con más defectos que otras. Mi comportamiento siempre ha sido un poco ajeno a todo esto: mis novios nunca han tenido que ver con este mundo, he conservado una parcela de mi vida muy independiente y he sido muy campechana y abierta con todo el mundo. He convertido en hermanas a otras actrices con las que he trabajado. Nunca me ha preocupado el mañana, ni el papel que me toque. Mi única obsesión era tener un papel, el que sea, para formar parte de esto, de las risas, de los camerinos, de los compañeros, que es lo que siempre he querido. No digo que sea bueno ni malo, sólo que soy así”.



De la profesión, desvela Terele que el truco está en que “no se te note la técnica”, y eso se hace dejándose el alma. “Además de técnica, hay que poner corazón; si no, ni lo transmites ni lo gozas, y ser actor se reduce a poner caras y estafar al otro. Cuando pones algo y sudas, cuando se te emocionan los ojos y el corazón se te pone de repente a cien, cuando sientes como el personaje, ahí es cuando verdaderamente haces tu trabajo”.

A los 74 años y tras una vida profesional de altibajos, la profesión le está reconociendo esa pasión. ¿Fruto del trabajo, de la suerte, del destino, del karma? “No lo sé. Supongo que si juegas mucho a la lotería, al final te toca, y yo llevo jugando a esto desde los once años. También pienso que a lo mejor Emma (Penella, hermana de Terele, también actriz, fallecida en 2007) está haciendo algo desde el cielo, removiendo algo por allí. Yo la hablo, se lo digo muchas veces”.

En cualquier caso, Terele Pávez no rehúsa de nada. “Me compensa mucho todo lo que he vivido, todo lo que sentido y todo lo que me ha hecho no tirar la toalla. Puede parecer que en algún momento me rendí, pero no; he tenido hijo al lado que nunca me ha dejado hacerlo. Él también es actor y se lo curra por su lado. Los dos somos de esto y siempre hemos pensado que si no es este año, será al que viene. Así es como funciona”.

De momento, el año que viene queda lejos y la vista está puesta en este domingo, en la gala de los Goya. Las apuestas la colocan como favorita para irse a casa con el cabezón. Si las predicciones se equivocan, sonreirá y aplaudirá. La técnica la tiene. El corazón, ya es otra cosa. Y “si no es este, será el año que viene”.
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