27 de septiembre de 2021, 10:06:55
Opinión


Los políticos, tan corruptos e infieles como tantos

Joaquín Vila


No hay mañana que no nos desayunemos con alguna nueva corruptela política o con cualquier mandatario pillado in fraganti con alguna amante. No son mejores ni peores que el resto. Pero el poder les facilita ambas balandronadas. Y las aprovechan como si fueran linces. Linces torpes, pues les terminan pillando.

Esta semana le ha tocado a Francisco Granados. Un hombre serio, trabajador, cuya responsabilidad política cumplió a la perfección. Nadie se esperaba que el que fuera mano derecha de Esperanza Aguirre tuviera unos milloncejos en Suiza. Lo que aún no sabemos es de dónde los sacó.
El mero hecho de depositar en el país helvético sus dineros ya es un síntoma de que quería eludir al Fisco. Pero la gran incógnita radica en saber cómo, con el sueldo de diputado autonómico, pudo acumular millón y medio de euros. Otro ángel caído.

Lo del presidente francés empieza a ser una costumbre entre los mandatarios. Desde Kennedy a Hollande, las mujeres se han convertido en su mejor distracción. En su pasión. Y qué mujeres. Tontos no son. El problema es cuando los pillan. Y pillan a muchos. Y a saber, a los que no descubren sus escarceos amorosos, que serán unos cuantos más, quizás muchos más. Ahora apuntan a Obama y a Beyoncé. Tampoco está mal la moza.

En España sabemos mucho de eso. Pero, de momento, se han respetado tales debilidades. Desde el vicepresidente que volaba en avión oficial a Roma para ver a su amante, al presidente que tenía compartido un pisito de soltero para sus enjuagues, muchos han sido los que se han dedicado a los placeres de la cama clandestina.

Ahora aparece la mujer del Príncipe de Mónaco tonteando y besándose en el Caribe, mientras su marido se helaba de frío en los Juegos de Invierno de Sochi. Habrá que ver qué pasa con ese extraño matrimonio. Desde luego, el Príncipe lo tiene crudo. Con esa cara y esa radiante simpatía no es de extrañar.

Aquí no se salva nadie. Unos trincan y otros se van con la primera (o el primero) que pillan. Son humanos. Y les gusta el dinero y la juerga como a tantos. Pero cuando eres un cargo público hay que camuflarse de Mortadelo y no mandar ni un mensaje, ni hacer una llamada por el móvil, que lo carga el diablo cojuelo y cabroncete. Y a ese no hay quien le engañe. Es el gran espía, el más sutil, el más camuflado de todos. Porque, si no tiras el móvil al río, te pillan. Seguro. Es el Gran Hermano, que todo lo sabe y todo lo cuenta. Que se lo pregunten a Urdangarín.
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