17 de septiembre de 2021, 5:39:01
Los Lunes de El Imparcial

RESEÑA


Juan Avilés: La daga y la dinamita. Los anarquistas y el nacimiento del terrorismo


Juan Avilés: La daga y la dinamita. Los anarquistas y el nacimiento del terrorismo. Tusquets. Barcelona, 2013. 424 páginas. 23 €


Lo llamaban “propaganda por el hecho”. Pero ¿qué clase de hecho?: en esencia, la violencia; en su concreción más habitual, el asesinato. A menudo en forma de magnicidios (atentados dirigidos contra las más altas autoridades). Otras veces ataques mucho menos selectivos, a veces indiscriminados. Ejemplo de los primeros son las muertes violentas de doce jefes de Estado acumuladas entre 1875 y 1914, entre ellos un zar de Rusia, siete presidentes de países americanos y otros dos, Cánovas y Canalejas, en nuestro propio país. Y también tuvimos aquí alguna muestra de acciones máximamente brutales, como el lanzamiento de dos bombas al patio de butacas del Liceo de Barcelona (noviembre de 1893) que dejó veintidós muertos en sus asientos. Los autores y simpatizantes de tales actos afirmaban luchar por la libertad aunque creían que ésta sólo podría arraigar una vez se lograra derruir la sociedad y el orden burgués. Eran “nihilistas” en el sentido de abominar de todos los valores e instituciones tradicionales y vigentes. En definitiva, invocaban la anarquía y la interpretaban como sinónimo de destrucción: una pesadilla para la mayoría de los ciudadanos corrientes pero un sueño para algunos fanáticos fascinados por la violencia.

La última publicación del profesor Juan Avilés, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), aborda las evoluciones más siniestras del movimiento anarquista, las que conectan dicha corriente, a algunos de sus inspiradores y de sus principales estructuras con la primera “oleada” de terrorismo moderno, iniciada en el último tercio del siglo XIX con secuelas que se prolongarían durante las primeras décadas del siguiente. Quien conozca la trayectoria del autor no se sorprenderá de la profusión de conocimientos y el elegante rigor analítico que vuelve a destilar esta última obra suya. La senda trazada es propia de una crónica general, pues en efecto procede cronológicamente y estudia el terrorismo anarquista en sus principales expresiones, con independencia de fronteras. Los incidentes que tuvieron lugar en España y especialmente en Barcelona, la más anarquista de nuestras ciudades en la época escogida, ocupan muchas páginas.

Pero no es menor el espacio dedicado a otros países determinantes para el desarrollo del terrorismo anarquista: Rusia, Suiza, Italia, Estados Unidos, en especial Chicago; Francia, sobre todo por los círculos anarquistas parisinos; y Reino Unido, cuya capital sirviera de sede al Congreso Socialista Revolucionario de 1881, último intento de reconstruir la Internacional Socialista de Trabajadores cuyo fracaso abrió una etapa de individualismo y violencia extremas dentro de las filas anarquistas. Además, la narración sigue las trayectorias de una variedad de personajes relevantes, como algunos de los ideólogos del anarquismo (Bakunin, Nechaev, Koprotkin), junto con la de los implicados en la sucesión de atentados minuciosamente examinados en varios capítulos. La abundancia y calidad de fuentes documentales primarias que sustentan el relato y sus análisis corroboran que no estamos ante un libro improvisado ni reiterativo, sino todo lo contrario.

Finalmente, además de cumplir el propósito de sintetizar los resultados de una investigación historiográfica de largo recorrido, el autor culmina con un epílogo donde las conclusiones de su estudio pasan a alimentar una reflexión genérica sobre el terrorismo, sus causas y consecuencias. Con ese esfuerzo Avilés trata de poner el problema en perspectiva: quizá uno de los mejores servicios que el conocimiento histórico puede hacer a la comprensión de fenómenos y problemas sociales y políticos recurrentes como el terrorismo. Las comparaciones ofrecidas entre la violencia anarquista de finales del siglo XIX y la de inspiración yihadista de principios del siglo XXI son particularmente interesantes e instructivas. Y lo mismo cabe decir de ciertas apreciaciones finales sobre la proclividad de responsables políticos y opiniones públicas a sobrevalorar las amenazas terroristas. Avilés sugiere con razón que esa tendencia y la consiguiente sobrerreacción al terrorismo lo explica en cierta medida e incluso lo alimenta. En apoyo de esta idea pueden aducirse las muchas páginas anteriores en las que se detallan los efectos contraproducentes derivados de la desmesurada respuesta que el Estado dio en su día en España a los crímenes anarquistas, leyes draconianas y torturas incluidas. Podría añadirse, no obstante, que la pusilanimidad y la ausencia de una reacción institucional y ciudadana contundente también pueden jugar a favor del terrorismo; y ahí está de nuevo nuestra historia reciente para atestiguarlo.

En suma, un libro sólido y asimismo sugerente.

Por Luis de la Corte Ibáñez
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